“Hemos pasado del
donjuanismo a algo así como el «doncelismo» (…) ¿Por qué creen ustedes que
desde la cultura y el arte hemos vuelto tan peligrosas, tan zorras, tan
demoniacas, tan egoístamente sexualizadas a una pobre niña estadounidense con
calcetines blancos, o a esa colegiala que cayó por el agujero de una
madriguera, o a una bebecita de caperuza roja que se perdió en el bosque? Si
ahora abrieran cualquiera de esos libros de la mal llamada literatura erótica,
darían con infinidad de muchachas que claman por ser libres. La ausencia de Lolitaen nuestra realidad no
impide la presencia de tantas niñas vejadas en nuestra literatura”
La sociedad civil que se resiste y cree en el mérito
que no exactamente es lo que se entendió interesada y puerilmente por meritocracia
en un ya lejano momento histórico, reconoce, evalúa y premia sus aciertos
gracias a la sobriedad del veredicto de un jurado calificado y confiable. Sobre
todo al tratarse de la academia o de la vida académica caracterizada por el
rigor y la entereza de sus aportes, un bien político por excelencia de
preservar o esforzarse por preservar la autonomía y la libertad de cátedra.
De nuevo incurre la Asociación de Profesores de la
Universidad Simón Bolívar (APUSB), en la feliz iniciativa de distinguir a aquellos
agremiados sobresalientes en el ejercicio pedagógico e investigativo cada vez
más heroico que reafirman una vocación de servicio tan encomiable y, todo esto,
a pesar de las consabidas condiciones socioeconómicas imperantes, la
imposibilidadpráctica para
reivindicarla y, en el caso concreto de la citada casa de estudios, la
actuación de las autoridades interventoras. Éstas, por cierto, no permitieron
que la entrega de los premios se hiciera en el complejo de los auditorios solicitado
con antelación, porque dicen desconocer a la directiva de una asociación que
celebró puntualmente sus elecciones,en
deuda la universidad con los comicios rectorales desde hace años; además, ese día, el del Profesor
Universitario, casualmente, el espacio fue ocupado por la sesión de una autodenominada
constituyente universitaria que movilizó al oficialismo de otras entidades
educativas a través de sendos y vistosos
autobuses de los que carecen la sede de Sartenejas y la del litoral central.
La más elevada distinción del gremio profesoral ha
sido por años, el Premio Simón Bolívar otorgado por un jurado que lo integran representantes
de la APUB e importantes referentes de otras universidades. Ha adquirido un
mayor e irrefutable valor simbólico, cuando ya no hay premio en metálico porque
la asociación no ha recibido la contribución mensual que hace cada profesor por
nómina, desde hace bastante tiempo, ni dispone de la Casa del Profesor que le
ha sido arrebatada por las autoridades.
En el presente año, los profesores Raúl Casanova-Ostos
(rector de la Universidad Nacional Experimental del Táchira), José Ángel
Ferreira (vicerrector administrativo de la Universidad de Carabobo), y Omar
Pérez Avendaño (presidente de la APUSB), decidieron concederle el premio Simón
Bolívar al profesor Giusseppe Giannetto en tributo a su larga y exitosa trayectoria
académica y profesional, quien – en un momento decisivo – defendió la
integridad de la Universidad Central de Venezuela como rector electo por la
comunidad, afrontando corajudamente una toma por la fuerza de los sectores
oficialistas al principiarla presente centuria, entre otros logros que propios
y extraños le reconocen. Por motivos ampliamente conocidos, dirigió un
magnífico mensaje a la audiencia al ser representado por la profesora Elizabeth
Marval, otrora vicerrectora administrativa de la universidad de Villanueva,
sentando una cátedra de extraordinario civismo.
Hacia mediados de octubre próximo pasado, comenzó a circular
un libro del profesor Giannetto que nos permite ponderar la trascendencia de
una postura como la que él asumió junto a un valioso equipo - iguales de
valientes - en circunstancias nada pasajeras, como el tiempo lo demostró. Y
también ayuda a esbozar el sentido, rumbo y destino que merece el aula superior
en Venezuela, suscitando el debate libre, honesto, franco y constructivo tan
indispensable para validar la academia y legitimar la vida académica.
Gráficas: Lectura de la profesora Elizabeth Marval, la primera; parte de la dirigencia estudiantil y profesoral al concluir el acto.
Breve
nota LB: Hubo confusión, hoy, entre mi acostumbrado artículo dominical y una
nota de prensa de uno o dos días atrás. El, ventila una opinión personal y, la una concisa, una reseña institucional.
En la predicación que Mateo
pone en boca de Juan destaca un doble elemento: por un lado, la continuidad;
por otro la diferencia.
El Bautista parece un
predicador cristiano, que se adelanta a proclamar el mismo mensaje que
anunciará Jesús:
· "convertíos porque
está cerca el reino de los cielos" (Mateo, como buen judío, no usará el
nombre de "Dios", que sustituirá por "los cielos") es la
proclamación con la que el Maestro de Nazaret iniciará su misión (4,17);
· la durísima recriminación
"raza de víboras", dirigida a la autoridad religiosa y a los teólogos
oficiales, aparecerá también en labios de Jesús, en 12,34 y en 23,33.
(Digamos, entre paréntesis,
que es probable que esta expresión no fuera usada por Jesús, sino que surgiera
en la aguda controversia de los fariseos y las primeras comunidades cristianas,
después del año 70).
Sin embargo, por más que es
notorio el interés del evangelista por acentuar la continuidad, no es menos
evidente la diferencia entre ambos mensajes. La imagen del hacha puesta a la
base de los árboles no encuentra parecido en el mensaje de Jesús. Y ciertamente
la imagen de Dios que se desprende en uno y otro caso es bien diferenteCon
Juan, nos parece estar escuchando aún el mensaje del Antiguo Testamento, cuando
pone el acento en la venganza de Dios contra el pueblo infiel; Jesús, por el
contrario, mostrará el rostro de Dios como fuente de confianza incondicional.
Si todos los evangelistas
recurren constantemente a textos del Antiguo Testamento para hacer ver que se
"cumplen" en Jesús, este interés es todavía mucho más acusado en
Mateo, manifiestamente empeñado en mostrar que en Jesús todo el camino de
Israel ha llegado a su plenitud. De hecho, para él, la comunidad de los
seguidores de Jesús constituirá el verdadero Israel.
Para este evangelio, Jesús
será el "nuevo Moisés" que, en el "nuevo monte", proclamará
la "nueva ley" (el Sermón de la montaña). Pues bien, todo eso va a
empezar, como antiguamente, en el desierto, donde Juan se presenta, vestido
como el gran Elías (Libro 2º de los Reyes 1,8) y alimentándose como un nómada,
para preparar el camino al Señor que viene.
En las palabras del
Bautista, por lo demás, parecen destacarse tres aspectos peculiares de Mateo:
§ el bautismo no es un rito
mágico para "escapar de la ira inminente";
§ lo fundamental es
"dar fruto" –será una insistencia a lo largo de todo su evangelio-,
que consiste en hacer la voluntad de Dios, lo que él espera de los humanos, la
"justicia mayor que la de los escribas y fariseos" (5,20);
§ en cualquier caso, el
bautismo de Juan –se advierte, entre líneas, la polémica que mantenían las
comunidades cristianas con los círculos bautistas- no obtiene el perdón; sólo
Jesús bautizará "con Espíritu Santo y fuego", es decir, comunicando
la misma vida y fuerza divina.
Desde nuestra perspectiva,
podemos valorar la radicalidad del mensaje de Juan, e incluso su lucidez, para
denunciar la falsa religiosidad de quienes ponían su seguridad y su motivo de
superioridad en el hecho de ser "hijos de Abraham".
Sin embargo, en su conjunto,
nos rechina, por el tono moralizante y amenazador. Aparte de que nos hemos
hecho desconfiados ante las "verdades" de pretendidos mesías y
valoramos más la búsqueda de la verdad en el diálogo compartido, hemos crecido
especialmente en sensibilidad ante las "formas" en que se nos
presenta cualquier mensaje.
Más aún. A pesar de que
nuestros comportamientos y actitudes se hallen demasiadas veces marcados por la
inconsciencia o la superficialidad, estamos aprendiendo que las
transformaciones eficaces no van a venir de la mano del moralismo o del
voluntarismo. Las personas no cambiamos porque nos lo impongan desde fuera ni
porque hagamos buenos propósitos. El cambio es hijo de la comprensión.
Si todo el mal que existe en
el mundo es consecuencia de la ignorancia, en el sentido más profundo del
término –"sólo existe un perpetrador de maldad en el planeta: la
inconsciencia humana" (Tolle)-el bien siempre viene de la mano de la
comprensión.
Permanecemos en la
ignorancia mientras nos percibimos como egos aislados y separados, que giran
forzosamente de una manera egocentrada. Tomar al yo como si fuera nuestra
verdadera identidad es la causa de todo el sufrimiento que nos infligimos a
nosotros mismos y a los demás.
La comprensión aparece
cuando logramos tomar distancia del yo. Pero eso requiere algo a lo que no
estamos acostumbrados: acallar la mente y venir al presente.
Ego es igual a pensamiento
no observado y a pasado/futuro. Por eso, mientras no silenciemos la mente, no
podremos salir de él ni podremos dejar de vivir de un modo egocéntrico.
Sin embargo, en los momentos
en que venimos al presente –si realmente estamos completamente
"volcados" en el aquí y ahora-, notaremos hasta qué punto se modifica
nuestro modo habitual de percibir.
Se habrá modificado,
incluso, la percepción de nuestra propia identidad. Cuando estás en el presente
sin pensamientos, tú no puedes encontrarte a ti mismo como "yo"; te
percibes en lo que eres, la Conciencia que está detrás de los pensamientos, la
Presencia que, sencillamente, es.
Justamente entonces –porque
has comprendido- se producirá la transformación. Dejarás de vivir para el ego,
girando en torno a él, y permitirás que la Vida fluya a través de ti, confiando
en su propia Sabiduría.
Este parece ser nuestro
aprendizaje. Porque cualquiera de nosotros es capaz de acallar los pensamientos
y estar en presente en una fracción de segundo. Nos cuesta mucho más, sin
embargo, permanecer en la presencia continuada, de la que no nos saquen ni
nuestros recuerdos incontrolados ni nuestras proyecciones imaginarias.
Aprender a vivir en presente
– silenciar la mente – tomar distancia del ego (o yo) – comprender quienes
somos... es un arte, al alcance de todo ser humano, pero que requiere
motivación y práctica. No porque sea difícil, sino porque estamos tan
identificados con el otro modo de funcionar, que nos incapacita justamente para
lo más simple: sólo estar, sólo ser.
Ese "estar" o
"ser" es también la comprensión que nos plenifica y nos transforma.
Porque no es un "estar" como nuestra mente podría imaginarlo, sino
que se trata nada menos que una plenitud de Presencia, en la que no falta nada.
Al "hacernos amigos" del momento presente, se nos regala la paz y se
nos desvela nuestra identidad más profunda.
Y esa identidad es Paz y
Gozo. Desde la No-dualidad, percibimos que lo Real es un Darse permanente en
infinidad de formas, Dios mismo viviéndose en cada una de ellas, en cada uno de
nosotros/as.
Por eso, quiero terminar
este comentario con un texto precioso de Javier Melloni, que me hace llegar una
amiga:
"Nuestra existencia es
el éxtasis de Dios, la joya infinita de Dios. ¿Qué me priva de gozar de lo
mismo que Dios goza y es para él joya?".
Os deseo de corazón la
experiencia inefable de ese Gozo permanente.
Por supuesto, no es fácil conseguir y mantener una
actitud serena en medio de las más persistentes dificultades y crispaciones. Y
de extenderse en consejos para lograr la hazaña, sobre todo, cuando no somos
terapeutas egresados en alguna especialidad de la psicología y psiquiatría, o
de las dudosas alternativas que ofrece la ya antiquísima “nueva era", con un coach para cada dolencia corporal,
mental, profesional, doméstica y hasta espiritual. Sin embargo, nos aventuramos
a recomendar un poco más de sosiego frente a los problemas personales y
personalísimos, individuales y colectivos, y, en definitiva, sociales y
societales respecto – en un caso – a la interacción entre las personas y los grupos
problematizados, y – el otro – a los que atañen a la sociedad entera como sistema.
En buena medida, los contratiempos y disgustos no dependen
exclusivamente de nuestra propia voluntad, disponiendo de escasos recursos para
afrontarlos a entera satisfacción. Aquello de arroparse hasta donde llegue la
cobija, adquiere características de una ley universal, pero sería una estupidez
no admitir nuestra cuota de responsabilidad y la falta de diligencia por resolver
un poco la situación.
Tengan carácter coyuntural o estructural los contratiempos
que se convierten en angustia doméstica, real o presuntamente irremediables, lo
importante es preservar la calma para meditarlos y la paciencia adecuada para
encararlos. Esta verdad de Perogrullo es tan obvia que pasa desapercibida y se
hace ausente, por lo que la tempestad de nervios aparece una y otra vez, los
remolinos de la angustia nos asedian constantemente y solemos tomar decisiones sin la quietud necesaria.
Hasta nuevo aviso, los tropiezos domésticos requieren
de nosotros una determinada disposición de asumirlos y de fajarnos, evitando el
colapso nervioso si los pensamos, inventariamos nuestras recursos y
posibilidades, implementando las tácticas que mejor respondan a la estrategia
elegida y sostenida para reevaluar otra vez los hechos. Salvando las distancias
de algo más que tiempo, modo y lugar, hay bastante familiaridad con el
desempeño de los decisores políticos que intentan improvisar lo menos posible
y, para ello, cuentan con una mínima virtud y voluntad que se convierte en experiencia:
momentos del fundamental sosiego que permite un eficaz autocontrol a la hora
de idear o asumir las respuestas que les demandan.
Perder la calma no constituye una opción válida en medio de los apremios y tensiones de casa, de la comunidad y de la sociedad a
la que no podemos renunciar, aunque lo queramos. Así las cosas, conviene
compartir con uno mismo o con los demás, una taza de café o de cualquier otra infusión
que obligue a esos instantes de cuerda paz interior para la vida que es
permanente lucha.