domingo, 9 de agosto de 2026

Caza de citas

 

“—Dijo que era un dios, o que llevaba a un dios en su interior.

—¿No una diosa?

—No quiso mojarse.

—Lo políticamente correcto está por todas partes, joder. Bueno, ¿y qué

dios es?

—Urrea no estaba seguro.

—Jesús —repuso Acrement.

—Pero apostaría a que no es ese”

John Connolly

(“Hijos de Eva”, Tusquets Editores, Barcelona, 2026: 371)

Ilustración: Claudio Tozzi.

Noticiero retrospectivo


 - Luis Esteban Rey. “Los militares y la futurología venezolana”. Summa, Caracas, 2° q. 02/1972.

- Aníbal Nazoa. “Puerta de Caracas: Queja subversiva” (Douglas Bravo). El Globo, Caracas, 18/06/92.

- Enzo del Búfalo. “América Latina en un mercado mundial hostil”. Economía Hoy, Caracas, 02/08/89. 

¡40 años e militancia cumplen Eduardo y Gustavo Machado”. Qué Pasa en Venezuela, Caracas, N° 68 del 18/06/65.

- Alfonso Rumazo González y la colección del pensamiento político venezolano del siglo XX editado por el Vongreso. El Universal, Caracas, 20/06/84.

- E. Baralt entrevista a Ernesto Mayz Vallenilla. El Diario de Caracas, 09/06/81.

Reproducción: Pedro José Lara Peña entrevistado por Imperio Rodríguez. El Globo, Caracas, 25/04/1997. Pieza procesada a través de la IA. 

¡Alerta!

LA MESA DE NEGOCIACIÓN NO EQUIVALE A UNA COALICIÓN DE GOBIERNO

Luis Barragán

Quizá el escepticismo y la cautela sean los términos que mejor expresen el clima del país político en la actualidad, mientras la desconfianza continúa corriendo por las veredas del país nacional. Tal circunstancia reclama una paciente y sostenida labor de orientación cívica que, desde luego, no puede ser encabezada por un gobierno carente de la autoridad moral indispensable para hacerlo: corresponde, más bien, a la oposición genuinamente democrática, a los partidos políticos, a las organizaciones de la sociedad civil y a los centros de pensamiento explicar, con ponderación, qué significa una transición política, cuáles son sus límites y cuáles sus propósitos.

No deja de sorprender la rapidez con la que comienza a consolidarse un imaginario según el cual la reciente instalación de una mesa de diálogo equivale a la conformación de una coalición de gobierno y, por consiguiente, cualquier asunto nacional e incluso local deba ventilarse y resolverse en esa instancia. De prosperar semejante percepción, terminará por deformar las expectativas ciudadanas sobre el difícil proceso en curso y por atribuirle responsabilidades que simplemente no le corresponden.

Toda negociación política parte de un objeto determinado y de una finalidad específica. Las legítimas aspiraciones al cambio democrático, pacífico y verificable, no pueden confundirse con la conformación de un equipo llamado a sustituir el funcionamiento ordinario del Estado ni a asumir atribuciones propias de los órganos del Poder Público. Semejante interpretación constituye un error conceptual y un evidente absurdo político.

La dirección del Estado continúa ejerciendo responsabilidades inherentes e intransferibles. La atención de las emergencias nacionales, la conducción de la administración pública, la ejecución del presupuesto, la seguridad ciudadana, la política exterior y la defensa de la soberanía territorial permanecen bajo esa responsabilidad, sin que una mesa de negociación pueda reemplazarla ni compartirla.

La transición democrática tampoco constituye una fórmula providencial capaz de resolver, simultáneamente, todas las vicisitudes nacionales. La negociación representa un instrumento extraordinario para hacer posible la recuperación institucional del país, pero no sustituye el ejercicio regular del poder ni exonera al gobierno de las obligaciones que constitucionalmente le incumben. Confundir ambos planos solo contribuye a incrementar la frustración ciudadana y a erosionar la credibilidad del propio proceso.

Conviene recordar, además, que la finalidad de la transición consiste en restablecer las capacidades institucionales del Estado, devolver la legitimidad al Poder Público y reabrir los cauces de la vida democrática. Todo aquello que exceda ese propósito deberá ser atendido por las autoridades legítimamente constituidas, una vez culminada la etapa inicial del proceso.

La mayor contribución que hoy pueden ofrecer los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y los sectores académicos consiste en desarrollar una paciente pedagogía de la transición. Resulta indispensable explicar que una mesa de negociación no representa una asociación permanente entre gobierno y oposición, ni una coalición destinada a compartir el ejercicio del poder. Constituye, antes bien, un mecanismo excepcional para acordar las condiciones que hagan posible la recuperación de la institucionalidad democrática. Solo desde esa comprensión será posible evitar falsas expectativas y preservar el verdadero sentido del proceso político en curso.

Fotografía: El Nacional (07/08/26).

09/08/2026:

https://lapatilla.com/2026/08/09/luis-barragan-la-mesa-de-negociacion-no-equivale-a-una-coalicion-de-gobierno/

Navegación de fondo

SALIR DE LA BARCA DEL EGO

(San Mateo, 14: 22-33)

Enrique Martínez Lozano

Este precioso relato resulta ser una hermosa metáfora de nuestra vida. Abandonada la lectura literalista que, además de no corresponder a la intención del redactor, lo empobrece y falsifica, hallamos en él una “descripción” de nuestro modo de funcionar cuando estamos instalados en el ego (en la lectura que nuestra mente hace de las circunstancias).

En la “barca” del ego, nos sentimos fácilmente sacudidos por todo tipo de olas, llenos de miedos y creyendo ver fantasmas alrededor.

Miedos y fantasmas, sin embargo, se disipan en cuanto salimos de las interpretaciones que nuestra mente hace de las cosas, y nos anclamos en el “Yo soy”, nuestra identidad última, aquella que compartimos con todos los seres.

En ella, aceptamos lo que acontece, la mente se silencia… y retorna la paz. Porque nuestra identidad más profunda se halla siempre a salvo. El “Yo soy” –la Consciencia de ser- no puede ser afectado negativamente por nada. Reconocerse en esa identidad y vivirse conectado a ella es el culmen de toda sabiduría.

En esto consiste toda la “destreza”, según lo expone Papaji: “Lo que sea que venga, déjalo venir; lo que quede, déjalo estar; lo que se va, déjalo ir. Quédate callado y adora al Ser”. En el reconocimiento de que el “Ser” no es una realidad que corriera paralela a nosotros, que se hallara “fuera” o nos resultara extraña. El Ser es otro nombre de nuestra verdadera identidad, que se expresa en la personalidad que tenemos. Por eso, el mismo Papaji concluye: “Durante todas las actividades de la vida recuerda siempre que tú eres el Ser”.

Al identificarnos con nuestra personalidad (o yo), desconectamos de nuestra identidad, nos encerramos en la “barca” del ego, y ahí todo se vuelve oscuridad, oleaje, confusión, miedo y sufrimiento.

A veces, aun estando en la “barca”, notamos el impulso de ir “más allá”, de trascender ese pequeño encierro y lanzarnos al mar abierto del “Yo soy”. Tal impulso no es sino expresión de nuestra misma identidad que, en forma de Anhelo, clama en nosotros, a pesar incluso de nuestra ignorancia.

Algo nos dice que la Vida es más que los hábitos a los que la hemos reducido y la rutina a la que nos hemos acostumbrado; y que nosotros no somos el ego que nuestra mente piensa, por más que habitualmente nos hayamos vivido desde él. Nos fiamos de aquella “voz” que viene de no sabemos dónde y salimos de la estrechez que nos aprisionaba.

Sin embargo, suele ser tan grande la inercia de generaciones y de toda nuestra propia vida, que basta sentir la “fuerza del viento”, para que el miedo se apodere de nuevo de nosotros y pensemos que nos estamos hundiendo.

“¡Qué poca fe!”, dice Jesús a Pedro. Qué poca certeza en lo que somos. La mano que agarra a Pedro no es otra que el “Yo soy”, identidad en la que Jesús se reconocía y que todos compartimos con él. Para no ser víctimas del miedo, necesitamos cultivar el contacto y la conexión con quienes realmente somos: esa es la única plataforma donde es posible la paz y la sabiduría.

Por eso, puede venirnos bien la enseñanza de Nisargadatta: “Rechace todos los pensamientos excepto uno: «Yo soy». La mente se rebelará en el comienzo pero, con práctica, paciencia y perseverancia, cederá y se mantendrá en calma. Una vez que usted esté en calma, las cosas comenzarán a suceder espontáneamente y de forma totalmente natural, sin ninguna interferencia de su parte.

No se preocupe por nada que usted quiera, piense o haga; solo permanezca establecido en el sentimiento-pensamiento «Yo soy«, enfocando «Yo soy» firmemente en la mente. En el momento que usted se desvíe, recuerde: todo lo que es perceptible y concebible es pasajero, y solo el «Yo soy» permanece. Después de todo, el único hecho del que usted está seguro es de que «usted es». El «Yo soy» es seguro, el «Yo soy esto» no lo es”.

Ilustraciones:  Rembrandt e Ivan Aivazovsky.

Rembrandt van Rijn.

Fuente:

https://www.feadulta.com/salir-de-la-barca-del-ego/

Padre S. Martín: 

¿La misa tradicional divide la Iglesia? | La invasión de Ceuta es un aviso:

https://www.youtube.com/watch?v=9dEE2vM6vyE

Papa León:

Cardenal Porras:

Padre J. Martín: 

Padre S. Martín:

Padre Guzmán:

jueves, 6 de agosto de 2026

Novedad transicional

LOS LÍMITES DEL MODELO DE TRANSICIÓN PACTADA APLICADO A VENEZUELA

Douglas C. Ramírez Vera

1. Introducción: La paradoja de la “transitología” en contextos no convencionales

El debate contemporáneo sobre los procesos de democratización suele recurrir al marco conceptual expuesto en reflexiones como «Transiciones pactadas, arquitectos grises» (https://tinyurl.com/22nembmd). Esta perspectiva sostiene que las salidas institucionales a regímenes autoritarios no son fruto de gestas épicas ni de insurrecciones espontáneas, sino del pragmatismo de élites políticas, económicas y castrenses que negocian costos, garantías y cuotas de poder.

Casos paradigmáticos como la Mesa Redonda en Polonia (entre Solidaridad y el Partido Comunista), el proceso CODESA en Sudáfrica (Mandela y De Klerk), el plebiscito de 1988 en Chile, o las aperturas graduales en Brasil y Portugal fundamentan esta tesis: la movilización popular gatilla la crisis, pero son los «arquitectos grises» quienes redactan el pacto de gobernabilidad.

Sin embargo, la extrapolación lineal de este modelo al caso venezolano tropieza con severas distorsiones analíticas. La transitología clásica presupone la existencia de un "desgaste acumulado" que impacta de forma transversal tanto a la sociedad civil como al bloque hegemonizado en el poder. Un análisis riguroso de la dinámica venezolana exige examinar las condiciones de entrada de este esquema, demostrando que la profunda asimetría en la distribución de los costos de la crisis altera de manera determinante la viabilidad de una negociación pactada.

2. Anatomía comparada: Chile 1982 vs. Venezuela contemporánea

El caso chileno se cita recurrentemente como el estándar de la transición negociada bajo tutela militar. En Chile, la dictadura de Augusto Pinochet terminó aceptando una hoja de ruta electoral que incluía mecanismos de protección institucional para el estamento militar (senadores designados, autonomía presupuestaria y blindaje legal). No obstante, el verdadero catalizador de dicha apertura fue la crisis económica de 1982. El colapso del modelo neoliberal de los Chicago Boys, el desempleo masivo y la quiebra del sistema financiero no solo castigaron a la ciudadanía, sino que fracturaron la cohesión de la élite empresarial que sostenía al régimen y erosionaron la estabilidad de los ingresos reales en los mandos militares intermedios.

En Venezuela, por el contrario, la hiperinflación, la severa contracción del PIB y la destrucción sistemática del salario real no han producido un efecto análogo sobre la cúpula gobernante. La diferencia estructural radica en los mecanismos de externalización del costo desplegados por el régimen:

  • · Militarización de la renta: Los altos mandos militares no dependen del presupuesto público ni del salario formal, sino del control directo sobre empresas estatales, la explotación minera, la administración portuaria, la importación de alimentos y los mercados paralelos.
  • ·       Desconexión del rendimiento macroeconómico: La élite gobernante capta renta en divisas o bienes de alto valor, aislando sus ingresos personales del impacto inflacionario que devasta al ciudadano asalariado.
  • ·       Cooptación y represión selectiva: La combinación de transferencias clientelares dirigidas a sectores vulnerables con una estructura de represión preventiva eleva el costo individual de la protesta a niveles catastróficos.

A la militarización interna de la renta se le suma una dimensión geopolítica insoslayable: la presencia e influencia de actores militares de escala internacional en el entorno estratégico nacional (desde operaciones de seguridad del Comando Sur en áreas costeras como La Guaira hasta alianzas de inteligencia exógenas). Mientras que en Chile la presión geopolítica estadounidense buscaba canalizar la salida mediante el plebiscito, en el caso venezolano el factor militar externo opera como una variable que altera los cálculos de disuasión, el control de infraestructuras críticas y los costos de oportunidad del núcleo duro del régimen.

3. Matriz comparativa de la dinámica de transición

 A continuación, se sintetizan las divergencias estructurales entre el modelo clásico de transición pactada y la realidad del conflicto venezolano:



4. Coincidencias teóricas y el rol inevitable del estamento castrense

A pesar de las marcadas diferencias en la distribución de costos, existe una coincidencia analítica insoslayable entre la teoría de las transiciones pactadas y la realidad venezolana: la inevitabilidad del factor militar en la ecuación de gobernabilidad. Tanto en el esquema clásico como en la eventual resolución del conflicto venezolano, cualquier ventana de oportunidad requerirá el diseño de incentivos institucionales y garantías de seguridad para el estamento castrense.

Pretender una restauración democrática que desconozca la capacidad de veto de las Fuerzas Armadas resulta inviable. La redacción de marcos de amnistía, la definición de áreas de preservación institucional y la reestructuración gradual del sistema de justicia constituyen requisitos técnicos indispensables. La coincidencia radica en la forma de la negociación; la divergencia, en el momento en que dicha negociación se vuelve realmente atractiva para quienes ostentan la fuerza.

5. Conclusión: El umbral real del cambio institucional

El examen honesto del modelo de transición pactada demuestra que el "sentido de oportunidad" de la clase política no debe medirse por la profundidad del sufrimiento social, sino por el nivel de afectación de los actores con capacidad de veto. El régimen venezolano no resiste las crisis; las redistribuye. Mientras el diseño institucional permita proteger al núcleo duro militar y político mediante la asignación de rentas exógenas, el umbral donde negociar resulta preferible a resistir continuará desplazándose.

El marco analítico de las transiciones pactadas mantiene su valor heurístico, pero su aplicación al caso venezolano exige abandonar las lecturas voluntaristas. La posibilidad de un acuerdo negociado no surgirá del colapso del bienestar ciudadano, sino del momento preciso en que las variables económicas internacionales, el agotamiento de los mecanismos de evasión rentística o las tensiones internas fracturen la capacidad de la cúpula para seguir externalizando el costo de la crisis.

Ilustración: Burt Lewis. 

05/08/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44751-los-limites-del-modelo-de-transicion-pactada-aplicado-a-venezuela

Asombrosa amenaza

  https://x.com/INDIURBANEJA/status/2089860034192617973