EVOCACIÓN DEL LIDERAZGO DE ANTICIPACIÓN
Reconozcamos una habilidad
frecuentemente inadvertida del régimen que conceptualmente lo es, a pesar de la
irritación que suscita el término en el oficialismo: además de reprimir y
excluir, desde principios del presente siglo promovió a determinadas
individualidades y grupos de oposición, algunos noveles u otros ajenos al
oficio, alcanzando una cierta selección artificial del liderazgo alternativo.
Así, logró efectivamente neutralizar a aquellos de probada experiencia, a los
que poco resistieron el nuevo orden de cosas, como muy pocos consiguieron
sobrevivir al rudo modelo que se impuso para el desempeño público. Sin embargo,
ahora, el agotamiento ha dado alcance a los tozudos elencos del poder, de obscuros
intereses ya expuestos a la intemperie, y la perspectiva histórica apunta a la
necesidad de fuerzas emergentes consecuentes con una tradición republicana,
capaces de concebir, idear y hacer la política de un modo diferente.
Por ello, es necesario mirar
aún más atrás para dar el salto más adelante todavía respecto a lo que podemos
llamar el liderazgo de anticipación, pues lo hubo en reiteradas ocasiones en la
centuria anterior: dirigentes políticos de pensamiento y acción —caras de una
misma faceta— capaces de percibir el agotamiento o la insuficiencia de un orden
cuando todavía no constituía una conciencia predominante, denunciarlo y
esforzarse por implementar un proyecto histórico concreto para superarlo,
llegasen o no a la dirección del Estado. Anticipaban, precisamente, porque no
se limitaban a responder a la crisis una vez instalada: la advertían,
procuraban darle sentido y se preparaban políticamente para el cambio que ella
anunciaba, aun cuando no tuviesen asegurado el acompañamiento social ni la
certeza de un desenlace inmediato.
La caída de la dictadura
perezjimenista devolvió al escenario público a los actores políticos que
hicieron posible una transición, evitando la regresión que constituye el riesgo
inherente a todo proceso de cambio que se respete. Nos referimos a un liderazgo
sistémico que produjo el relevo necesario, con una década y media de amargo
aprendizaje que no cabría hoy en una pantalla, por inteligente que fuese el
teléfono, incubado antes en liceos y universidades.
Solemos apreciar los sucesos
de 1958, por ejemplo, desde una cómoda perspectiva histórica, como si aquella
agitación tras agitación hubiera respondido a un libreto previo, libre de
cualquier acertijo y angustia. Ni siquiera llegó al mes el consabido derrumbe
dictatorial cuando volvieron al país para recorrerlo, salieron de la cárcel o
de la clandestinidad para hacerse de la calle, los dirigentes partidistas que
no tuvieron garantía alguna de su libertad, seguridad e integridad personal,
afrontando un largo 1958 que produjo —hasta nuevo aviso— dos serísimos intentos
de golpe de Estado, uno de ellos sangriento.
Aquella transición recaló en
una crisis definitivamente existencial con la insurrección armada que, lejos
del convencional desempeño como simples operadores, obligó a las —por entonces—
nuevas generaciones de todo signo a realizar un intenso trabajo de articulación
política con arraigo social, en defensa de una concepción de la persona, el
mundo y las cosas que aportó a la consciencia ciudadana. Los hubo rebeldes aun
tratándose curiosamente del mismo espacio
político e ideológico compartido con los más adultos, con clara vocación por el
debate escenificado igualmente en el propio terreno social, con peso propio:
líderes estudiantiles que multiplicaron a sus sucesores y, haciendo de la
trinchera un aula (y viceversa), elevaron la capacidad sistémica al servicio de
la libertad y de la democracia, así fuesen escasos los medios disponibles e
incierto el desenlace de todos sus sacrificios.
Útil metáfora, la dirección de orquesta muestra la dimensión sistémica del liderazgo más allá de suscitar grandes emociones, colocar el acento personal y ponderar los límites de la ejecución. Décadas atrás, el conductor de una firme batuta reconocía el talento de los ejecutantes, no era celoso de su protagonismo, sabía que no había cupo para sus adulantes y sospechaba de toda crítica y de la audiencia, complacientes.
Reproducciones procesadas por ChatGPT:
Vicente Emilio Sojo, el Orfeón Lamas y la Orquesta Sinfónica Venezuela:
https://lbarragan.blogspot.com/2020/05/la-batuta-historica.html
Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, llegando a la plaza aérea del Centro Simón Bolívar para un mítin unitario. El Universal, Caracas, 10/02/1958.
18/08/2026:
https://www.elnacional.com/columnas/2026/08/evocacion-del-liderazgo-de-anticipacion/


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