martes, 18 de agosto de 2026

De la orquestación cívica

EVOCACIÓN DEL LIDERAZGO DE ANTICIPACIÓN

Luis Barragán

Reconozcamos una habilidad frecuentemente inadvertida del régimen que conceptualmente lo es, a pesar de la irritación que suscita el término en el oficialismo: además de reprimir y excluir, desde principios del presente siglo promovió a determinadas individualidades y grupos de oposición, algunos noveles u otros ajenos al oficio, alcanzando una cierta selección artificial del liderazgo alternativo. Así, logró efectivamente neutralizar a aquellos de probada experiencia, a los que poco resistieron el nuevo orden de cosas, como muy pocos consiguieron sobrevivir al rudo modelo que se impuso para el desempeño público. Sin embargo, ahora, el agotamiento ha dado alcance a los tozudos elencos del poder, de obscuros intereses ya expuestos a la intemperie, y la perspectiva histórica apunta a la necesidad de fuerzas emergentes consecuentes con una tradición republicana, capaces de concebir, idear y hacer la política de un modo diferente.

Por ello, es necesario mirar aún más atrás para dar el salto más adelante todavía respecto a lo que podemos llamar el liderazgo de anticipación, pues lo hubo en reiteradas ocasiones en la centuria anterior: dirigentes políticos de pensamiento y acción —caras de una misma faceta— capaces de percibir el agotamiento o la insuficiencia de un orden cuando todavía no constituía una conciencia predominante, denunciarlo y esforzarse por implementar un proyecto histórico concreto para superarlo, llegasen o no a la dirección del Estado. Anticipaban, precisamente, porque no se limitaban a responder a la crisis una vez instalada: la advertían, procuraban darle sentido y se preparaban políticamente para el cambio que ella anunciaba, aun cuando no tuviesen asegurado el acompañamiento social ni la certeza de un desenlace inmediato.

La caída de la dictadura perezjimenista devolvió al escenario público a los actores políticos que hicieron posible una transición, evitando la regresión que constituye el riesgo inherente a todo proceso de cambio que se respete. Nos referimos a un liderazgo sistémico que produjo el relevo necesario, con una década y media de amargo aprendizaje que no cabría hoy en una pantalla, por inteligente que fuese el teléfono, incubado antes en liceos y universidades.

Solemos apreciar los sucesos de 1958, por ejemplo, desde una cómoda perspectiva histórica, como si aquella agitación tras agitación hubiera respondido a un libreto previo, libre de cualquier acertijo y angustia. Ni siquiera llegó al mes el consabido derrumbe dictatorial cuando volvieron al país para recorrerlo, salieron de la cárcel o de la clandestinidad para hacerse de la calle, los dirigentes partidistas que no tuvieron garantía alguna de su libertad, seguridad e integridad personal, afrontando un largo 1958 que produjo —hasta nuevo aviso— dos serísimos intentos de golpe de Estado, uno de ellos sangriento.

Aquella transición recaló en una crisis definitivamente existencial con la insurrección armada que, lejos del convencional desempeño como simples operadores, obligó a las —por entonces— nuevas generaciones de todo signo a realizar un intenso trabajo de articulación política con arraigo social, en defensa de una concepción de la persona, el mundo y las cosas que aportó a la consciencia ciudadana. Los hubo rebeldes aun tratándose  curiosamente del mismo espacio político e ideológico compartido con los más adultos, con clara vocación por el debate escenificado igualmente en el propio terreno social, con peso propio: líderes estudiantiles que multiplicaron a sus sucesores y, haciendo de la trinchera un aula (y viceversa), elevaron la capacidad sistémica al servicio de la libertad y de la democracia, así fuesen escasos los medios disponibles e incierto el desenlace de todos sus sacrificios.

Útil metáfora, la dirección de orquesta muestra la dimensión sistémica del liderazgo más allá de suscitar grandes emociones, colocar el acento personal y ponderar los límites de la ejecución. Décadas atrás, el conductor de una firme batuta reconocía el talento de los ejecutantes, no era celoso de su protagonismo, sabía que no había cupo para sus adulantes y sospechaba de toda crítica y de la audiencia, complacientes.

El liderazgo inconfundiblemente político, importa subrayarlo, consiguió la debida relación y correlación de espacios sociales, generacionales e ideológicos: anticipaba problemas, bregaba por respuestas, las defendía en cualquier terreno y rectificaba si era preciso. Le dio alcance un realismo capaz de generar confianza porque las convicciones eran demostradamente fuertes: una sabia orquestación política de la que las circunstancias actuales, si aspiran a un genuino e inequívoco cambio histórico, tienen todavía enormes lecciones que extraer.

Reproducciones procesadas por ChatGPT: 

Vicente Emilio Sojo, el Orfeón Lamas y la Orquesta Sinfónica Venezuela:

https://lbarragan.blogspot.com/2020/05/la-batuta-historica.html

Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, llegando a la plaza aérea del Centro Simón Bolívar para un mítin unitario. El Universal, Caracas, 10/02/1958.

18/08/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/08/evocacion-del-liderazgo-de-anticipacion/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

De la orquestación cívica

EVOCACIÓN DEL LIDERAZGO DE ANTICIPACIÓN Luis Barragán Reconozcamos una habilidad frecuentemente inadvertida del régimen que conceptualme...