DE UN FORZADO RELATO
Luis Barragán
La consabida mesa de negociaciones no había considerado formalmente el problema de los numerosos prisioneros políticos que tienen a muy activos familiares en reclamo de una inmediata y justísima liberación, por no hablar de aquellos excarcelados con medidas cautelares no menos injustas. En fecha 19 de los corrientes, Dinorah Figuera admitió que el asunto no se había considerado y, tres días después, el ministro del Interior negó que la decisiva instancia hubiese ventilado el asunto.
Corren ambas notas nada inocentemente y, a la hora de
aclararse la situación, queda la inicial impresión de una manifiesta negligencia
de la parte opositora y otra de una arrolladora sobriedad del gobierno. El asunto nos sirve de ejemplo en torno a las
confusiones que puede generar toda pretransición, por cierto, tan susceptible del éxito como del fracaso.
Respecto a la oposición, es de presumir un mínimo de
experiencia y de criterio que se tradujo en sendas curules parlamentarias en
2015, por lo que deducimos que el problema solo formalmente no lo abordó al
principio la mesa. Quizá porque no era necesario, sobreentendido el compromiso
de liberalización política que a paso de tortuga ya estaba en marcha, contraído
con la administración estadounidense para dar soporte al diálogo, aunque ahora,
faltante un número considerable de reclusos de consciencia por liberar, ya
Dinorah Figuera ha dicho de alzar la voz respecto a la apremiante cuestión.
El relato oficial y oficioso de costumbre, obviamente
forzado hasta exponerse a la más obvia contradicción, intenta una doble versión
comunicacional destinada fundamentalmente a sus partidarios: las
excarcelaciones se deben a la inmensa generosidad gubernamental que siempre sus
enemigos traicionan. Y todo dentro de la Constitución, nada fuera de ella, permanentemente
violentada por sus más abusivos y – no faltaba más – poderosos adversarios
internos tan heroicamente neutralizados.
En los prolegómenos de la deseada transición
democrática, es natural la incertidumbre, la confusión y el inmediato
estereotipo que obliga a una campaña cívica de divulgación sobre los procesos
de cambio histórico en las sociedades civil y política, y desde los sectores
realmente comprometidos de la oposición, frente a un gobierno que cuenta con
grandes recursos de distorsión y sobrada experiencia en la materia en lo que va
de siglo. Hay detalles, por mínimos que
fueren, capaces de tergiversar y acabar
con un proceso que pudiera terminar en un vulgar reacomodo para decepción del
país entero.
Referencias:
Reproducción: Lisa Aisato.
27/09/2026:

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