Los primeros días de septiembre del presente año,
atestiguamos el talado paulatino de un gran árbol ubicado a la entrada del
liceo Eduardo Crema (antes, de Aplicación), en la avenida Páez de El Paraíso de
la ciudad capital. Podía caer sobre el inmueble educativo con las consecuencias
del caso, además, ahora ocupado por refugiados del doble terremoto,
aparentemente muy organizados, con gran presencia policial y de organismos
públicos de apoyo; significativo, con cámaras de seguridad, una capa de pintura
para la edificación y sendos policías acostados
portátiles. Un hecho lamentable, se nos comentó que, al segundo o tercer día,
murió un talador quizá por un chispazo eléctrico que no tuvo trascendencia: lo
más probable, no era del oficio, no contaba con una confiable póliza de seguro,
dejó al desamparo a la prole.
Hay un proceso de desarboladura de Caracas que termina
integrándose a esa nueva normalidad ya vieja de la metrópoli siglo XXI
cambalache. Empero, la cuestión está en el derribamiento por urgencia de los
hermosos y centenarios árboles, después olvidados: puede preverse siempre el
crecimiento y la dirección del árbol con una poda oportuna y especializada, nos
imaginamos. Evidentemente, no ha ocurrido hacia arriba ni hacia bajo, porque la
otra tala, dejado los restos mortales en las aceras, se debe al levantamiento
excesivo del pavimento que un profesional del ramo sabe cómo tratar, precaver y
resolver garantizando la sombra y el oxígeno de un también disputado hogar que el
árbol adentro.
Fotografías: LB (CCS, 09/09/2026).
LB








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