RECUPERACIÓN DE LA POLÍTICA
Ovidio Pérez Morales
El totalitarismo es una
posición intelectual o una actitud personal que devalúa o silencia la realidad
de la libertad.
Porque es libre, el ser
humano puede rehacerse, levantarse después de malos pasos, cambiar,
convertirse. El cristiano afirma todo esto en la certeza de que la fuerza y el
amor de Dios están siempre cercanos.
Hay fatalismos de diversa
especie. Algunos son de corte fundamentalista religioso. Se daba un fatalismo
en la tragedia griega; e ideologías contemporáneas – con colores desde la
ultraizquierda hasta la más rígida derecha – han enarbolado ciertas inevitabilidades
con pretensiones de indiscutible cientificidad.
Una ligera mirada a la
marcha de la historia humana general muestra con facilidad generaciones,
florecimientos, decadencias y ocasos de imperios y culturas. Así como la
capacidad humana de romper fronteras y establecer nuevos horizontes. Porque
libertad es creatividad.
Lo anteriormente dicho sirve
de prefacio a una reflexión sobre el deterioro político nacional y las
posibilidades de recuperación.
En estos últimos tiempos se
han acumulado distintos términos para señalar una deflación en materia de
política. Ejemplos: cogollismos, partidocracia. Lo cual en modo alguno significa
un desconocimiento del valor (necesidad) de liderazgos y partidos. La crítica
va contra concentraciones excesivas de dirección y extensiones abusivas del
ámbito partidista.
El país requiere una
reformulación teórica y, sobre todo, práctica en estos campos. Una redefinición
de autoridad; y un redimensionamiento de las agrupaciones político-partidistas
en el marco de una concepción y un ejercicio adecuados del poder.
¿Qué valores han de orientar
los cambios? No pocos se podrían enumerar. Es indudable, sin embargo, que
participación y corresponsabilidad figuran en un primer plano. Así como
también: verdad, honradez y servicio.
Una de las tareas
fundamentales hoy, para la dirección oficial de la Iglesia (jerarquía) es el
promover una presencia dinámica, constructiva de los seglares (que constituyen
la extragrande mayoría o casi totalidad de los fieles cristianos) en la
política. Para reorientar ésta hacia su sentido más genuino. Cosa parecida debe
decirse con respecto a la economía y la cultura en general.
Porque existe un grave
deterioro es preciso sanear, elevar. Lo cual no se tendrá sin un recto
protagonismo desde dentro de estas realidades.
La crisis actual ha puesto
de relieve vicios y carencias. Pero también positividades emergentes y fecundos
replanteamientos que no dejarán de producir muy buenos frutos. Debemos saludar hechos
como los siguientes: multiplicación de ámbitos de encuentro no partidizados en
la sociedad civil, así como una actitud crítica creciente al interior de los partidos,
en la línea de una efectiva participación y un mayor respeto a la conciencia de
las personas.
No se dará una recuperación
del país sin una recuperación de la política. Revalorizando la acción política
como servicio al bien común; dignificando a los partidos como instrumentos de
beneficio colectivo; generando variadas formas de organización societaria, que
favorezcan el compartir de grupos, comunidades y sectores por encima y más allá
de alineamientos ideológico-partidistas.
Sin partidos no hay
democracia. Con partidos solamente, la democracia se debilita y se pervierte. La
crisis está urgiendo reformulaciones.
El Nacional, domingo 21 de
junio de 1992.

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