miércoles, 29 de julio de 2026

Una clara y coherente defensa de la justicia internacional

DE NUREMBERG A ROMA Y DE ABU GHRAIB A CARACAS

Héctor Faúndez

Hace siglo y medio, en medio de una guerra civil en los Estados Unidos, y a petición del presidente Lincoln, Francis Lieber elaboró un conjunto de reglas para la conducta del ejército de los Estados Unidos en campaña. Esa propuesta, mejor conocida como el Código Lieber, fue promulgada como una Orden General del Gobierno de los Estados Unidos y sirvió de inspiración a otros ejércitos. Según Lieber -y según Lincoln-, incluso en caso de guerra, los combatientes debían observar ciertas reglas, respetando a los no combatientes y a las instalaciones civiles. Además de consideraciones de humanidad, esas reglas constituían la obligación de comportarse decentemente, sin “retroceder a la barbarie”, y sin incurrir en lo que luego se caracterizaría como crímenes de guerra, o crímenes contra la humanidad.

A comienzos de 1863, con el Código Lieber, Estados Unidos asumió el compromiso de que sus ejércitos en campaña no traspasarían ciertas líneas rojas, incompatibles con los valores de una sociedad civilizada. Rápidamente, esas reglas pasaron a formar parte del derecho internacional general, debiendo observarse por los beligerantes en caso de conflictos armados. De acuerdo con el artículo 44 del citado código: “Toda violencia gratuita cometida contra personas en el país invadido, toda destrucción de propiedad no ordenada por el oficial autorizado, todo robo, todo saqueo o pillaje, incluso después de tomar un lugar por la fuerza, toda violación, herida, mutilación o asesinato de esos habitantes, está prohibida bajo pena de muerte, o cualquier otro castigo severo que se considere adecuado por la gravedad del delito”. El artículo 47 agrega que: “Los delitos castigados por todos los códigos penales, como el incendio provocado, asesinato, mutilación, agresiones, robo en carretera, hurto, allanamiento, fraude, falsificación y violación, si son cometidos por un soldado estadounidense en un país enemigo contra sus habitantes, no solo deben ser castigados como en casa, sino que, en todos los casos en que no se disponga la pena de muerte, se preferirá el castigo más severo”. Aferrándose a esos principios, durante la Segunda Guerra Mundial, el general Patton no vaciló en someter a consejo de guerra a sus propios soldados, cuando estos traspasaron esas líneas rojas.

En el curso de la Segunda Guerra Mundial, los gobernantes de Estados Unidos entendieron que debían contribuir a crear las condiciones para que nunca más se cometieran crímenes contra la humanidad o el holocausto de un pueblo. Fue con esa idea en mente que se creó el Tribunal Internacional de Nuremberg, para castigar a los mayores criminales de guerra nazis, fueran civiles o militares. Ese es el antecedente de la Corte Penal Internacional: la idea de que los crímenes más graves de trascendencia internacional no pueden quedar en la impunidad. F. D. Roosevelt, el principal impulsor del Tribunal de Nuremberg, al igual que Robert Jackson, que sirvió como su fiscal principal, y Rafael Lemkin —gracias a quien tenemos una Convención contra el genocidio—, no podían haber esperado menos que eso

En ausencia de un tribunal internacional permanente, la idea de que no podía haber impunidad por las heridas que sufrió la humanidad en su conjunto, inspiró a los gobernantes israelíes —asistidos por el Mossad— a perseguir por todo el mundo a criminales de guerra nazis, a cazarlos —como a Adolf Eichmann—, y a darles el castigo que merecían, aunque no siempre se hayan valido del recurso civilizado y pedagógico de un juicio que dejara constancia de sus atrocidades.

Con la guerra de Vietnam y —después del atentado a las Torres Gemelas de Nueva York— con la lucha contra el terrorismo y las imágenes de la cárcel de Abu Ghraib grabadas en nuestras retinas, Estados Unidos ya no estuvo tan interesado en perseguir y castigar a criminales de guerra. Apartándose de su tradición más noble, Estados Unidos no se hizo parte del Estatuto de Roma, que creó la Corte Penal Internacional. Aun así, en sus primeros años, mientras el Tribunal se ocupó de perseguir y castigar a quienes no tenían vínculos con el gobierno de Estados Unidos, este no interfirió con la actividad del Tribunal; pero las cosas cambiaron cuando se apuntó en contra de los actos cometidos por su principal aliado, Benjamín Netanyahu.

Ahora, Marco Rubio, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, ha iniciado una campaña para desmantelar, “ladrillo a ladrillo si es necesario”, la Corte Penal Internacional, por considerar que allí hay “lunáticos y desquiciados”. Antes, los “lunáticos y desquiciados” eran los criminales de guerra nazis, o los terroristas del 11 de septiembre; ahora son los jueces y fiscales que han continuado con la tarea iniciada por Robert Jackson.

Como quiera que sea, la función de la Corte Penal Internacional es juzgar y castigar a quienes hayan cometido un crimen de competencia de la Corte. El Tribunal no tiene competencia para juzgar a Estados, o a los gobiernos de los Estados, sino a personas de carne y hueso. La responsabilidad penal es individual, y no se extiende a las sociedades de que esos “lunáticos y desquiciados” sean nacionales. Por lo tanto, corresponde únicamente a los acusados explicar su conducta y asumir su defensa.

En lo fundamental, el Estatuto de Roma recoge las mismas reglas del Código Lieber, aunque elevadas a la categoría de crímenes internacionales. Los crímenes que fueron juzgados en Nuremberg son los mismos que recoge el Estatuto de Roma, aunque agregando el crimen de genocidio. A diferencia de las penas aplicadas por el Tribunal de Nuremberg, y a diferencia de las penas previstas en el Derecho penal de los Estados Unidos, la pena de muerte está descartada.

Lo que sorprende es que el actual gobierno de los Estados Unidos, cuyo país no es parte en el Estatuto de Roma, haya anunciado que va a desmontar la Corte Penal Internacional, que es vista como “una amenaza para la soberanía estadounidense”. Pero debe recordarse que la persecución de los crímenes más graves de trascendencia internacional —incluyendo el genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes de guerra, y el crimen de agresión—, es un compromiso que han asumido otros Estados. A menos que cuente con el asentimiento de otro Estado, la Corte sólo puede ejercer su jurisdicción respecto de crímenes cometidos en el territorio de un Estado parte en el Estatuto. Eso excluye a los Estados Unidos, que no es parte en el Estatuto de Roma.

Queda por saber cuál es el interés del actual gobierno de los Estados Unidos en impedir que otros Estados se comporten de acuerdo con valores superiores a los suyos. ¿En qué puede afectar a Estados Unidos que otros Estados persigan crímenes que conmueven la conciencia de la humanidad? ¿Qué autoridad tiene Estados Unidos para obligar a otros Estados a retroceder a la barbarie y permitir que, en medio de un conflicto armado, se pueda bombardear escuelas y hospitales? En una sociedad civilizada, aunque la guerra sea la autorización para matar en nombre de la patria, no es la autorización para matar a cualquiera, y en cualquier circunstancia. Sin duda, es posible que un acto legítimo de guerra pueda traducirse en la muerte de seres humanos inocentes; pero, ¿por qué intentar impedir que otros Estados, con valores que alguna vez compartió el gobierno de Estados Unidos (y que sin duda siguen compartiendo la inmensa mayoría de sus ciudadanos), puedan castigar, por ejemplo, la tortura, o el asesinato puro y simple, realizado con el pretexto de la guerra?

La Corte Penal Internacional tiene su sede en La Haya, muy lejos del territorio de los Estados Unidos. Su presupuesto es financiado por los Estados partes y, por lo tanto, no representa ningún costo para los Estados Unidos. En consecuencia, ¿cuál es el afán de desmantelar uno de los grandes logros de la sociedad internacional, que en nada interfiere con los Estados Unidos?

Es evidente que la Corte no ha estado a la altura de las expectativas que alguna vez generó. Desde todo punto de vista, sus procedimientos son muy lentos, y sus resultados han sido escasos y desalentadores. Por ejemplo, en el caso Venezuela I, activado por un patrón de actos generalizados y sistemáticos en contra de la población civil, caracterizado por la comisión de crímenes de lesa humanidad que están siendo investigados por la Fiscalía desde febrero de 2018, a pesar de abundante evidencia sobre sus responsables intelectuales y materiales, aún no hay un solo acusado. Eso, sin duda, tiene que generar mucha frustración en las víctimas de crímenes atroces, y en la mente de personas decentes que se hicieron ilusiones con lo que ese Tribunal significaba para un mundo más justo y menos violento. Pero eso no significa renunciar a combatir la impunidad de criminales “lunáticos y desquiciados”.

Sin embargo, justo cuando el gobierno de Estados Unidos ha iniciado su campaña para desmantelar la Corte Penal Internacional, Venezuela —convertida en Estado vasallo de los Estados Unidos, y en una medida que ha complacido a su señor— ha decidido denunciar el Estatuto de Roma. Por supuesto, eso no paraliza las investigaciones en curso, y no impedirá que la Corte pueda ejercer su competencia respecto de crímenes cometidos mientras Venezuela fue parte en el referido Estatuto. Como si la función del Estado venezolano fuera cometer crímenes internacionales, respecto de hechos que aún están siendo investigados, el canciller de Venezuela rechazó la legitimidad de la Corte para intervenir en lo que considera asuntos de “su jurisdicción interna”. Pero los crímenes internacionales son un asunto de legítima preocupación internacional, regido por el derecho internacional. Retirarse de la Corte Penal Internacional es un salvavidas para los criminales y lunáticos que cometen sus fechorías con el aval de los que mandan. Esa medida no ayuda a los ciudadanos decentes.

Después de la captura de Nicolás Maduro ocurrida hace más de seis meses, llama la atención que la decisión de denunciar el Estatuto de Roma —anunciada como “firme e irrevocable”—, haya sido tomada por un gobierno encargado, cuya única función es administrar el Estado mientras se convoca a elecciones presidenciales para sustituir al presidente depuesto. En las circunstancias actuales, un gobierno transitorio, como el de la señora Rodríguez, no tiene ninguna legitimidad para tomar una decisión de esa envergadura, y respecto de un tratado internacional que tiene rango constitucional. La justicia es el bálsamo que cura las heridas de la sociedad, por eso, sorprende que, en las horas más duras que vive Venezuela, donde hay miles de víctimas que siguen esperando justicia, se tome una medida como esa.

El Estatuto de Roma recoge principios que representan lo mejor que hay en el alma de cada uno de nosotros. Es la diferencia entre la civilización y la barbarie. Por eso, la creación de la Corte Penal Internacional fue un paso extraordinario en la dirección correcta. Otra cosa es que tenga limitaciones inherentes, y que todavía haya muchos detalles por afinar. No puede perderse de vista que la Corte es lo que los Estados partes quieren que sea; son ellos quienes le proporcionan los recursos que esta requiere para operar y son ellos quienes determinan cuál será su presupuesto. Son también los Estados quienes deciden cooperar o no cooperar con los procedimientos de la Corte. Asimismo, son los Estados partes quienes eligen a los jueces y al Fiscal; en esa elección, los colegios de abogados, las universidades, las academias, o las organizaciones de la sociedad civil, no desempeñan ningún papel. Y, desde el punto de vista estrictamente institucional, es lamentable que, en estos mismos días, el Fiscal, Karim Khan, haya acabado siendo destituido por una conducta inapropiada, que tendrá que ser sancionada por los tribunales penales y civiles. Pero nada de eso permite sugerir que la Corte sea innecesaria, o que los autores de crímenes internacionales deban gozar de impunidad.

Ilustración: Agim Sulaj.

29/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/de-nuremberg-a-roma-y-de-abu-ghraib-a-caracas/

martes, 28 de julio de 2026

Alegatos fundamentales

UNA CAUSA DE ESTADO

Luis Barragán

En medio de la prolongada crisis institucional del país y aún de las más imprevistas dificultades como la reciente tragedia sísmica, circula - pertinente y necesaria - una obra que también nos trae de vuelta a las otras realidades imposibles de postergar: “El territorio, la frontera y los mapas en el derecho internacional. El caso Guyana c. Venezuela” de Héctor Faúndez Ledesma (Academia de Ciencias Políticas y Sociales / Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 2026). Indudable, es un valioso testimonio de la constancia y de la responsabilidad ciudadanas asumidas sin ambages y tan requeridas en la hora actual.

Integrante de la Academia Nacional de Ciencias Políticas y Sociales que constituye igualmente una expresión del Estado, puede decirse que el autor manifiesta una capacidad civilizatoria, aquella que debe proporcionarle sentido y orientación, aunque esté contraproducentemente menoscabada por el poder político trastocado en despótico que terminó erosionando severamente el poder infraestructural. Vale decir, la corporación académica despliega asimismo funciones simbólicas, pedagógicas, investigativas y deliberantes convincentemente especializadas y plurales, que en esta centuria se han visto minimizadas presupuestariamente por el gobierno central que la teme al tiempo que la desprecia.

En otras épocas, las corporaciones académicas recibían mayor atención de los órganos del Poder Público, así contradijeran las directrices y políticas emanadas del Ejecutivo Nacional. Y, en el caso de la controversia con Guyana, aquellas celebraban sendas jornadas en las que los partidarios y adversarios del Acuerdo de Ginebra intentaban zanjar sus diferencias con una segura proyección en las aulas y en toda la opinión pública, desde los años sesenta del pasado siglo. Huelga comentar la situación actual, siendo muy justo el reconocimiento a la terca preocupación y ocupación de profesores como Faúndez Ledesma que no exageramos en calificarlos de hombres de Estado en medio de la desolación.

Su obra es sucesora legítima de las generaciones que le dieron sustento, profundidad y precisión a los alegatos del Estado venezolano frente al vecino oriental. A pesar de las vicisitudes, con voz autorizada, perfeccionando y actualizando esos alegatos, las generaciones posteriores persisten en sus planteamientos con el riesgo que supone cuestionar las posturas oficiales, oficialistas y oficiosas en la materia, todavía por un tiempo más.

El académico mira con acierto hacia la Corte Internacional de Justicia como el espacio estratégico para abordar en términos exclusivamente jurídicos el caso esequibano y, en consecuencia, su actitud es, en sí misma, arraigadamente republicana. El interés nacional se defiende mediante razones, pruebas y procedimientos eficaces, en lugar de las explosiones emocionales, las consignas de ocasión o las evasiones varias veces repetidas: la fortaleza de la posición venezolana depende de la consistencia de sus argumentos jurídicos y documentales.

El libro destaca por su extraordinario rigor jurídico, equilibrio argumentativo y valor didáctico, restándole espacio a las consideraciones de carácter geopolítico, estratégico y diplomático. Por ello, en una primera y rasante lectura, así no fuese objeto del estudio, asumimos que el litigio remite implícitamente a las capacidades para sustentar una política de Estado.

El mérito de la obra trasciende el examen jurídico del diferendo territorial, siendo – ante todo – la evidencia de un compromiso sostenido con los principios y valores republicanos, con una tradición académica que se niega a abdicar de sus responsabilidades, en horas tan aciagas. Debilitado el Estado en muchas de sus capacidades, la perseverancia es ejemplo y legado de una vocación civilizatoria todavía indispensable.

28/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/una-causa-de-estado/

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/una-causa-de-estado/

lunes, 27 de julio de 2026

Ocio

DE UN BREVE EJERCICIO GRÁFICO

Luis Barragán

Las ilustraciones de la prensa caraqueña de principios de los años noventa ejemplificaron el pleno ejercicio de la libertad de expresión que entonces existía, o, por lo menos, uno que nunca volveríamos a conocer con semejante profundidad y garantías. A diferencia de febrero de 1992, el segundo intento de golpe de Estado, en noviembre del mismo año, propició determinados niveles de (auto)censura con el propósito de atajar un oleaje conspirativo cuyas verdaderas dimensiones todavía desconocemos.

La etapa particularmente libérrima que siguió a las elecciones de 1988 fue fecunda en piezas de fina ironía y humor, al tiempo que permitió la aparición de periódicos tan bien concebidos como los caraqueños El Globo y Economía Hoy. En ambos hizo su aprendizaje quien suscribe, todavía aspirante a escribir con regularidad mientras alternaba los estudios universitarios con el desempeño tribunalicio y descubría el rigor del diarismo comercial.

Uno de los ilustradores más originales de aquella época fue Eneko las Heras, integrante de una familia estrechamente vinculada al periodismo y al mundo editorial, ahora establecido y desde hace muchos años en España. Por una de esas felices casualidades que sólo depara un archivo abnegadamente organizado, reapareció un extraordinario dibujo suyo publicado por Economía Hoy, el diario salmón, el 21 de junio de 1992.

La pieza nos sirvió para experimentar con la inteligencia artificial y, al mismo tiempo, reivindicar la inteligencia natural. Concebida en un país donde la telefonía celular apenas despuntaba, extraordinariamente costosa y reservada a muy pocos usuarios, la sátira aludía a una política de telecomunicaciones que prometía abrir aquel mercado todavía dominado por tecnologías hoy casi arqueológicas.

Eneko demostró entonces que un dibujo podía transmitir un mensaje completo sin necesidad de apoyarse en un solo texto, virtud que aún distingue a numerosos ilustradores contemporáneos. Sin embargo, lo verdaderamente notable reside en una triple creatividad: la asociación inesperada de objetos capaces de expresar por sí mismos una idea, la construcción de un lenguaje gráfico inmediatamente reconocible y la perfecta adecuación de ese lenguaje a un medio especializado en economía y finanzas.

Valga una breve y también necesaria digresión: tan especializado era Economía Hoy que sus propietarios terminaron abandonándolo para huir al extranjero después de beneficiarse del auxilio financiero que el Estado concedió a buena parte del sistema bancario venezolano. Valoramos mucho el gran medio que fue, pero – sin rencores – importa recordar aquellos polvos que trajeron estos lodos.

Acudimos a ChatGPT, en su versión gratuita, con el propósito de traducir aquella ilustración a una representación realista de sus motivos gráficos. La primera dificultad consistió en el prompt, cuyo resultado apenas reprodujo los rasgos estilísticos de Eneko sobre un fondo distinto; la segunda apareció cuando la inteligencia artificial debió identificar la antigua antena de telecomunicaciones y el arma prehistórica cuya denominación y representación varían según el uso del español.

El proceso fue revelador porque el arma apareció sucesivamente como un inmenso martillo hasta convertirse, finalmente, en el mazo cuya posición también costó obtener. Tales tropiezos corresponden, desde luego, tanto a las limitaciones de una versión gratuita como a la inexperiencia del usuario que pretende obtener de inmediato un resultado satisfactorio.

Completado el ensayo, quedaron varias lecciones. Muchos usuarios esperan que la inteligencia artificial produzca gratuitamente una imagen original sin aportar indicaciones suficientes, pero también resulta evidente que la intuición creadora de Eneko, concebida sin el auxilio tecnológico disponible hoy, conserva una capacidad de asociación que ninguna recreación automática consigue igualar; quizá por ello, en el apogeo de esta era digital, un simple ejercicio de interpretación de aquella ilustración diría tanto sobre nuestra inteligencia asociativa como el inevitable recuerdo del mazo convertido, décadas después, en emblema de una persistente cultura política del continuismo venezolano.

Ilustración inicial: @EnekoHumor.
Derivaciones: Parten de Eneko; luego, ChatGPT. 

27/07/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44711-de-un-breve-ejercicio-grafico 

domingo, 26 de julio de 2026

Oremos

 

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Caza de citas

“Me veo como una cazadora de instantes siempre al acecho, como un caminante que se siente impelido a descubrir lo que hay al otro lado de la loma o del recodo del camino y lo que descubre es otra loma u otra curva que hay que volver a salvar”

María Belmonte

(“El murmullo del agua. Fuentes, jardines y divinidades acuáticas”, Barcelona, 2024: 146)

Reproducción: Bo Bartlett.

Noticiero retrospectivo



- Alberto Müller Rojas. “Felicitaciones a Herminio (Fuenmayor)”. El Globo, Caracas, 05/10/1992.

- Jorge Maldonado Parilli. “Valores tachirenses: El Dr. Tulio Chiossone”. El Mundo, Caracas, 30/05/84.

- Tarcisio Jáñez. “La personalidad revolucionaria de Santo Tomás”. Resumen, Caracas,N° 45 del 16/09/74.

- Rómulo Betancourt asalta el cuartel San Carlos. Qué Pasa en Venezuela, N° 59 del 01/04/65.

- Burnham pide la unidad para enfrentar a Venezuela. El Diario de Caracas, 08/07/81.

Reproducción: Graduación en la Escuela Militar, tomada de la prensa de sin fecha precisa, procesada IA. 

Tamaño detalle

A PROPÓSITO DE LA SIMÓN BOLÍVAR DEL LITORAL CENTRAL

Luis Barragán

Afortunadamente se trata de una minoría, pues existen individualidades de muy trastocados valores, erigidos en implacables jueces morales, que incurren en los más vulgares y asombrosos dislates. Y, por curiosidad, nos acercamos a la sede del litoral de la Universidad Simón Bolívar para comprobar si, como algunos insinuaban, la destrucción obedecía más a los refugiados que al doble terremoto.

Nos hemos enterado que miembros de la comunidad de Sartenejas e igualmente de Vargas se oponen a la ocupación del núcleo litoralense por las familias sísmicamente afectadas, tratándolo de “invasores”, e importándoles poco que hayan perdido sus casas y enseres domésticos. Ocurrió que la edificación más grande y confiable del lugar pertenece a la citada casa de estudios y, ahí, disciplinadamente, han conseguido protección transitoria niños de todas las edades, personas muy adultas, como el resto de las víctimas del desastre natural, con atención médica, seguridad y alimentación. De hecho, bajamos a ayudar a una persona amiga que hizo entrega de una donación significativa de comestibles y productos de higiene personal, cerciorándonos de las condiciones en las que se encuentra el sitio.

Lo curioso es que la gente que no se pone en los zapatos de los más vulnerables, también se dicen de “oposición”, pero jamás les he leído o escuchado la más modesta denuncia contra el gobierno nacional o, en su defecto, el gobierno universitario. Ni pío dicen frente a las autoridades interventoras desde hace añales en la Universidad Simón Bolívar: estos “opositores” que aseguran que los refugiados les van a destruir el inmueble, tampoco dieron cuenta pública y expresa de la ruina de la tan emblemática escultura cromovegetal, del desastre de la piscina olímpica con caimán y todo, o de los niveles de contaminación del galpón de biología, por no mencionar del déficit de profesores de matemáticas en la universidad.

Indudable, hay una concepción de la vida, del mundo y de las cosas en aquellos que se creen de la élite académica que nunca se compadecerá con los cambios más urgidos del aula superior en Venezuela, cuyo nivel de retroceso todavía está por saberse a falta de confiables estadísticas oficiales. Porque la reconstrucción material del país exige, antes, una reconstrucción moral e institucional que empiece por reconocer al otro como ciudadano y no como un intruso.

La historia de los terremotos es también la historia del Estado que atiende o desatiende sus consecuencias, pero igualmente la de una sociedad que, en la desgracia ajena, pone al descubierto lo mejor y lo peor de sí misma. Atentos con esto que no es poca cosa, por cierto.

Fotografía: LB, reflejo de la ventana. Universidad Simón Bolívar sede del litoral (18/03/2018). LB,  Universidad Simón Bolívar sede del litoral (23/07/26).

26/07/2026:

https://lapatilla.com/2026/07/26/luis-barragan-a-proposito-de-la-simon-bolivar-del-litoral-central/

Fondo común

LO QUE NO ES EL REINO DE DIOS

(San Mateo, 13: 44-52)

Enrique Martínez Lozano

Jesús lo tiene claro: el «Reino de los cielos» es el tesoro por antonomasia, aquel que, al descubrirlo, llena de gozo desbordante y te capacita para desprenderte de todo lo demás.

El siguiente paso consiste en preguntarnos en qué consiste exactamente ese «Reino de los cielos».

Durante mucho tiempo, se pensó que se trataba del cielo posterior a la muerte, o de la fe que nos garantizaba la salvación, o incluso de la propia Iglesia. Sin embargo, estas lecturas nos resultan hoy insuficientes y, en último término, inadecuadas para comprender lo que Jesús quería transmitir.

El «Reino de Dios» no es el «cielo».

Uno de los motivos por el que se cayó en esa confusión se debió al hecho de que fuera el propio evangelio de Mateo –el más leído en toda la historia de la Iglesia- el que hablara de «Reino de los cielos». Sin embargo, es claro que tal denominación se debe únicamente al hecho de que, en el judaísmo, se evitaba pronunciar el nombre divino, sustituyéndolo por algún otro término equivalente: Señor, Altísimo, Gloria, Cielos… Pero parece claro que Jesús no hablaba de un reino que sería posible «post mortem», sino del «Reinado de Dios» en medio de nuestra vida, aquí y ahora.

Al identificarlo con el cielo, el proyecto de Jesús se espiritualizó y se pospuso, al tiempo que, en la práctica, fue adquiriendo un tono cada vez más doctrinal y más individualista, en una línea similar a como se entendía la «salvación del alma».

Pero a Jesús no le preocupaba el «más allá» de la muerte, sino el «más acá» de la vida de los humanos. Por eso, no habla del «tesoro» como de una realidad futura, sino como un acontecimiento presente, que solo necesita ser descubierto, acogido y vivido.

Para él, el «Reino de Dios» constituye el secreto último de lo real: por eso es fuente de gozo y, al mismo tiempo, de transformación personal en radicalidad. Se trata, en definitiva, de otro modo de ver y, en consecuencia, de otro modo de vivir.

El «Reino de Dios» no es equivalente a la fe.

A veces se ha identificado el Reino con una adhesión mental a determinadas creencias. El motivo es que, según se enseñaba, era precisamente la fe la que garantizaría nuestra salvación eterna. De ahí que se concluyera que se entraba en el Reino a través de la fe.

Sin embargo, el Reino no es objeto de fe, del mismo modo que un tesoro no es algo «creído», sino descubierto. Por eso, al reducirlo a un objeto de fe, el tesoro dejaba de ser tal, porque no se veía ni se experimentaba.

El «Reino de Dios» no es la Iglesia.

Durante siglos, en una eclesiología que no está del todo superada, se llegó a identificar, en la práctica, el Reino con la Iglesia, a veces incluso contraponiéndola con el «reino del mundo».

Esta confusión llevó a absolutizar la Iglesia –y el poder jerárquico dentro de ella- y a vivirla enfrentada al «mundo», que se consideraba pecador y adversario. Las consecuencias de tal postura se manifestaron pronto en forma de dualismo casi maniqueo, fundamentalismo, fanatismo y proselitismo.

Si tenemos en cuenta que Jesús ni siquiera fundó una iglesia, advertiremos fácilmente que tal «deslizamiento» –del Reino a la Iglesia- no solo carecía de cualquier fundamento, sino que fue origen de peligrosos malentendidos y de creencias sectarias.

El «Reino (reinado) de Dios» es una expresión que designa el proyecto de Jesús. Con él se apunta a un tipo de comunidad humana regida por la fraternidad, desde la consciencia de compartir el mismo origen y la misma fuente (Dios, «Abba»).

Y dado que «el Padre y yo somos uno», y nuestro fondo es el mismo y único fondo de todo lo real, el «Reino de Dios» es otro nombre más para referirnos a él, a ese fondo que constituye nuestra verdadera identidad.

Desde esta perspectiva –y me parece que así es como lo vivía y lo anunciaba Jesús-, no cabe ningún dualismo ni tampoco ningún exclusivismo. El Reino de Dios no esta separado de nada ni deja nada fuera, sino que es el fondo común que todos compartimos.

Y no se trata, según el propio Jesús, de creer en él, sino de verlo. Cuando «tocamos» ese fondo que nos constituye –y constituye todo lo real- hemos descubierto y palpado el tesoro, nos llenamos de alegría y «vendemos» (nos despojamos de) lo que tenemos para hacernos con él y vivirnos desde él.

Ilustración: Pippa Blackall. 

Fuente:

https://www.feadulta.com/lo-que-no-es-el-reino-de-dios/

Padre S. Martín: ¿Por qué odian a los sacerdotes?

https://www.youtube.com/watch?v=TiDASJsGqCI

Padre Guzmán:

https://www.youtube.com/watch?v=GjMR8Yff6rM

Papa León: 

https://www.youtube.com/watch?v=JzF1rfafO3Y

Cardenal Porras:

https://www.youtube.com/watch?v=Ed81QxTts7k

Monseñor Biord:

https://www.youtube.com/watch?v=bYl9XkrahuQ

Padre S. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=FNYZoE04mwE

Padre J. Martín: 

https://www.youtube.com/watch?v=b6tEiV38sfI

Monseñor Munilla:

https://www.youtube.com/watch?v=wvgG7H3Ke6I

martes, 21 de julio de 2026

El presupuesto de 2027 como acto inicial de la transición

LA ESTATIZACIÓN DEL ESTADO

Luis Barragán

Expresión nada redundante, la ironía expresa mejor la naturaleza que el problema ha adquirido entre nosotros. Frecuentemente apelamos a la consabida fórmula de la reconstrucción institucional del Estado, como si éste hubiese permanecido sustancialmente intacto con olvido del ya consumado proceso histórico de una degradación de la que también puede dar cuenta la Gaceta Oficial y sus eufemismos.

El gigantismo burocrático propinó una extraordinaria lesión al Estado de funciones y capacidades dramáticamente reducidas por la voracidad del poder político que terminó haciéndose despótico al confiscarlo un sector del gobierno de escasa rotación que todavía brega por su supervivencia frente al país, al partido oficialista y aquellos beneficiarios de dados siempre cargados. La desestatización del Estado, caricatura de la vieja profecía marxiana sobre su desaparición, comenzó con la duplicación de instancias, competencias y facultades de espalda a los controles ordinarios con la deliberada y ventajosa opacidad de las cifras demográficas, electorales, económicas, criminales, sanitarias y de cualquier otra índole.

El interesado y lesivo paralelismo se hizo  estado comunal y, contrariando los resultados del referéndum constitucional, se convirtió en un artificio legal del poder despótico, centralista y antimunicipalista, con el triple objetivo de transferir los problemas fundamentales del país a las localidades, controlar la complejidad de sus inmensos contingentes clientelares y perfeccionar los mecanismos de inteligencia y represión.  Otro ejemplo es la milicianización de la corporación castrense que, simultánea a la militarización de la sociedad, quedó afianzada por la doctrina de la guerra popular prolongada orientada contra el enemigo interno, disidente y opositor, desarmado y pacífico; acotemos, ninguna eficacia, prestancia ni profundidad demostró la doctrina el 3-E a pesar del compromiso contraído por las más altas jerarquías del patio y la estridencia de sus anteriores consignas.

Por consiguiente, una transición indispensable debe encaminarse a la plena y efectiva reconquista de las capacidades del Estado en Venezuela más allá de la simple reversión de medidas, procurando el equilibrio de los poderes político e infraestructural. Importa y mucho, recuperar fundamentalmente los planos de la casa común, vale decir, la Constitución de la República, en lugar de improvisar con fórmulas inmediatistas como la constituyente de todas las constituyentes, asociadas a lo que se ha dado en llamar la “ideología del nuevo comienzo”.

La reestatización del Estado obliga a la consistente edificación de un consenso programático tan capaz de soportar cualquier sismo, como lo demostró el Pacto de Puntofijo, que permita una superior e inédita capacidad para la penetración y el control territorial, una convincente administración de justicia,  la aplicación efectiva de las decisiones administrativas, una limpia recaudación de impuestos, la indispensable actualización de la infraestructura urbana y rural, la coordinación de la vida social, garantizando la seguridad, la educación y la salud. A nuestro juicio, a fin de reencontrar la senda definitiva del Estado constitucional, la mayor urgencia está en la reaparición de la unidad del tesoro, la legalidad y publicidad del gasto, el control realmente representativo del parlamento, la planificación y la responsabilidad fiscal, entre otros caros principios.

Por ello, como una poderosa señal de la transición que aún no ha iniciado con el vigor esperado, importa la conformación de sendas mesas de negociación que no sólo generen las condiciones necesarias para la celebración de los libérrimos comicios, sino también que permitan volver al régimen constitucional y legal del presupuesto público nacional. Significa sincerar y concertar políticamente, bajo la más amplia consulta, un proyecto de presupuesto para el ejercicio fiscal de 2027 y con toda la franqueza que reclama la inocultable y duradera crisis que soporta el país, concibiendo y reordenando las políticas públicas que necesitamos.

La idea requiere de liderazgo, vocación de servicio y  de porvenir, más allá de las redes digitales. Definitivamente, se trata de una responsabilidad histórica.

Ilustración: LB/IA.

Fotografía: LB CCS, 26&05&2026).

21/07/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/la-estatizacion-del-estado/

lunes, 20 de julio de 2026

Pedagogía de la crisis

DEL AULA DE EMERGENCIA

Luis Barragán

Concluye tan accidentadamente este año escolar y, por supuesto, las trágicas consecuencias del doble sismo acaparan la atención pública, quedando incomprensiblemente relegado el problema político. Y esto, muy a pesar de evidenciarse la inmensa debilidad o ausencia de un Estado que sea tal en Venezuela, como la necesidad de una profunda reflexión, discusión y transición democrática.

En medio de estas difíciles circunstancias, la dirección del Estado procura una mayor recaudación fiscal que le evite en lo posible comprometer los ciertos e inciertos ingresos extraordinarios provenientes del sector petrolero o de las multilaterales y, al mismo tiempo, preserva los medios y mecanismos de represión interna al mantener viva la noción de enemigo interno (disidente u opositor), procurando la población obtener un mínimo de seguridad personal inherente al mandato de supervivencia impuesto en el presente siglo. Sin embargo, inspirados en Charles Tilly, puede asegurarse la desarticulación histórica del Estado respecto a sus capacidades extractivas y coercitivas, e incluso respecto a la función protectora, lesionando gravemente su legitimidad.

La construcción del pretendido Estado Comunal terminó reforzando el poder central y agotando las referidas capacidades que los terremotos recientes hicieron patente. Son muchas las limitaciones para ampliar las tareas administrativas, fiscales y coercitivas, ralentizando en todo lo posible el desarrollo de los acontecimientos, y esto afecta su función integradora y de socialización cívica permitiéndose postergaciones que antes o muy antes eran imposibles.

Por ello, nuevamente, no habrá cifras oficiales precisas sobre el desempeño del aula civil en Venezuela, los niveles de desescolarización, etc., que puedan dar lugar a alguna inquietud, ni siquiera al debate en un ambiente generalizado de autocensura. El solo hecho de que no haya prácticamente muchachos que repitan el año, no es un indicador de la excelsa calidad de la enseñanza en Venezuela y tiene sus causas muy bien intuidas o consabidas en Venezuela.

Luego, hay un significativo deterioro de la misión educativa y civilizatoria del Estado que ha perdido su más básica articulación, que ya no forma o no le interesa formar ciudadanos libres y responsables, integrar territorial y socialmente al país, dándole soporte a lo que puede denominarse la vida estatal. Legitimidad es comprensión, consenso y aceptación, transmitiendo el aula valores, sentido de pertenencia e institucionalidad. Sin embargo, las vacaciones escolares, probablemente prolongadas por la emergencia, ofrecen un respiro para atender las necesidades más urgentes, aunque debemos reconocer que los terremotos han terminado por convertirse en una lección devastadora sobre la deslegitimación, la desintegración y la desinstitucionalización del Estado venezolano.

Por supuesto que urge dar inicio a un cambio histórico, pero – mientras llega- recojamos todo el sentido de solidaridad que hemos desplegado y también vamos a traducirlo en un vasto voluntariado educativo con el empuje de los partidos y de las organizaciones de la sociedad civil para transmitir a niños y a jóvenes los conocimientos más elementales que ha olvidado la escuela y el liceo, con la promoción de los más elevados valores republicanos. No vamos a reemplazar esas labores que son propias del Estado y de sus magníficos recursos, recordando que debemos conquistar democráticamente su dirección para que efectivamente cambie, pero sí contribuir a la superación de las actuales dificultades llevando los conocimientos fundamentales y la formación cívica a los niños y jóvenes: reconstruir escuelas será indispensable, pero reconstruir ciudadanía lo decisivo.

Los terremotos han sido un aula inesperada en la que el país ha aprendido, dolorosamente, las consecuencias de la fragilidad estatal. La lección más urgente no está solo en levantar edificios, sino todavía más en recobrar las capacidades estatales que permiten a una sociedad reconocerse como comunidad política y, por ello, la prioritaria atención hacia los más jóvenes entre los jóvenes.

Imágenes: Salón principal de clases del Liceo Caracas en 1917 (https://lbarragan.blogspot.com/2019/12/noticiero-retrospectivo_22.html). Versiones del salón destruido y del cinético. Planos para la reconstrucción de Venezuela a través de ChatGPT. 

20/07/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44680-del-aula-de-emergencia


domingo, 19 de julio de 2026

Caza de citas

No hay ni un solo perro en esta urbanización. Es sorprendente, son la clase de personas que suelen tenerlos, personas con dinero y tiempo, personas que tienen a personas que se lo hacen todo y que, por tanto, disponen de tiempo libre para ocuparse de un animal. Sin embargo, ningún perro se pasea por aquí. Por eso me sorprende oír un ladrido. No es un gañido débil, no, es un ladrido que sale de una garganta gruesa, sólida, y que resuena contra unos dientes de depredador, de cazador”

Sidonie Bonnec

(“El secreto de la niñera”, NdeNovela / Planeta, Barcelona, 2026: 217)

Reproducción: Alison Friend. 

Noticiero retrospectivo

 - Germán Borregales. “Un ministro con sensibilidad social”. Últimas Noticias, Caracas, 17/10/1982.

- Luis Felipe Ramón y Rivera. “El whisky pagador” (Publicidad y licores). El Nacional, Caracas, 08/11/79.

- J.E.C. “Aquí todos son doctores” (Opinan Gabaldón Márquez, Zapata, Felice Cardot, Spinoza Troconis). El Nacional, 12/01/78.

- Mateo Manaure. “¡Año nuevo: nuevos hombres!”. El Diario de Caracas, 04/01/83.

- “¿Los periodistas pueden opinar sobre las FF. AA. NN.?". El Nuevo Venezolano, Caracas, N° 91 del 03/07/81.

Reproducción: "Luis Alfaro Ucero: Una vida dedicada al servicio de la democracia venezolana". Representante a la A.N.C. por el estado Monagas. El País, Caracas,  08/07/1947.

Bajarse del pedestal egoico

LA CIZAÑA QUE NOS HUMANIZA

(San Mateo, 13: 24-43)

Enrique Martínez Lozano

La personalidad fanática tiende a ver la realidad escindida completamente en dos: todo es blanco o negro, verdadero o falso, bueno o malo, «trigo o cizaña»; para ella, no caben otras tonalidades. Por eso, se convierte en juez implacable que «salva» o «condena».

Sabemos que, tras esa apariencia de dureza e intransigencia, lo que se esconde es una inseguridad amenazadora, aunque con frecuencia inconsciente para el propio individuo. Precisamente, el fanatismo cumple la función de mantenerla a raya, aunque sea a un precio excesivamente alto, por el desgaste y el sufrimiento que conlleva.

La intolerancia, nos advertía el físico ruso Andrei Sájarov, no es sino «la angustia de no tener razón». Pero imposibilita el descanso y la paz, porque se asienta en una no aceptación de la realidad tal como es.

Algo similar ocurre en las actitudes fundamentalistas: al identificar sus creencias con la verdad, y al haber hecho de las mismas el sostén de su propia seguridad psicológica, no queda otro remedio que condenar tajantemente todo aquello que pueda poner en cuestión el «orden» que su propia mente ha establecido (y que, en el caso religioso, intentará justificar remitiéndose a una autoridad divina).

Y aquí se unen todos esos perfiles mentalmente autoritarios: aun sin pretenderlo, están cultivando la semilla del fanatismo que siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral.

Con un humor que no oculta la tragedia, el escritor israelí Amos Oz escribe lo siguiente: «La esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser.

El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos.

En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto» (A. OZ, Contra el fanatismo, Debolsillo, Barcelona 2005, pp.28-29).

La tragedia puede formularse de este modo: el trigo y la cizaña no se dan en campos diferentes, ni dividen a las personas en dos grupos: buenos y malos, como el fundamentalismo quiere hacer creer. Trigo y cizaña habitan juntos en cada corazón humano.

Más aún: en la medida en que venimos a conocer el funcionamiento de la sombra, nos percatamos de que es precisamente aquello que más nos crispa lo que –aunque reflejado en el vecino- tenemos en nosotros mismos. La «cizaña» que más detestamos en el prójimo es aquella que más escondida se halla en nuestro interior.

Por eso, la actitud sabia es la de «dejarlos crecer juntos». Tal actitud remite precisamente a lo que tenemos que hacer con la propia sombra: aceptarla, abrazarla, para poder reconocerla como propia –con lo que, al dejar de proyectarla en los demás, renunciaremos a juzgarlos-, sin reducirnos a ella.

El regalo que tal trabajo esconde para quien lo emprende es un crecimiento en integración y en humildad. Paradójicamente, la aceptación de la «cizaña» nos ha terminado humanizando, bajándonos del pedestal egoico –hecho de exigencia, perfeccionismo y ciertas ideas de «superioridad»- que sostenía el fanatismo, y acercándonos a nuestra verdad completa.

Ilustración: Aljo Pingol.

17/07/2014:

https://www.feadulta.com/aceptar-la-azana-nos-humaniza/

Padre S. Martín: Lefebvrianos IMPUGNAN el DECRETO DE EXCOMUNIÓN, mientras CARD. Burke pide parar la SINODALIDAD.

https://www.youtube.com/watch?v=h9ly-arl6uw

Padre Guzmán (publicado: 17/07/26).


Papa León XIV: https://www.youtube.com/watch?v=FS0XuEV18Q4

Una clara y coherente defensa de la justicia internacional

DE NUREMBERG A ROMA Y DE ABU GHRAIB A CARACAS Héctor Faúndez Hace siglo y medio, en medio de una guerra civil en los Estados Unidos, y a...