martes, 1 de marzo de 2022

Inspección ocular: la ciudad


Avenida Principal de Las Fuentes (El Paraíso, Caracas). A un costado del Estadio Nacional, como se le llamaba décadas atrás al “Brígido Iriarte”, remodelado por el gobierno de Luis Herrera.  Viejo edificio vecino a una casa de colores contrastantes.  Poderosos reflectores entre los modestos apartamentos.  Alguien recordará los viejos bullicios al culminar un partido de fútbol y libar en la esquina cercana. Al menos, el piloto del automóvil tiene tapabocas.  Casas antes portentosas y, ahora, vencidas por el tiempo.  Excepto la del fondo, erguida y orgullosa de sus colores y de muros bajos. Puede elegirse cualquier fecha del pasado remoto y aún más remoto para imaginar, por ejemplo, una escena navideña, o el desplazamiento residentes orgullosos de sus vehículos. Numerosos oficiales habitaron el lugar. E, incluso, nos han comentado que, hacia los ochenta del veinte, la remodelación de una casa llevó al descubrimiento de un pequeño parque de armas oculto más abajo del sótano.

               Por fondo, el  verdor de un cerro que, a la vuelta de poco tiempo, puede llenarse de ranchos de tablas y de bloques.  Esquinero edificio que la intemperie desnuda implacablemente.  No hay recursos para remodelarlo.

Fotografías: LB (Caracas, 09/02/22).

LB

lunes, 28 de febrero de 2022

Las máscaras del poder

EN DEFENSA DE LA REALIDAD

Luis Barragán

Culminan las carnestolendas que ha recuperado el régimen, recordando que cerramos el siglo anterior reducidas a una sencilla festividad escolar. En días semejantes,  por 1992, los propulsores del golpe supieron que había calado profundamente en el imaginario popular al exhibirse los niños que imitaron a los felones paracaidistas con la particular vestimenta.

            Los histriones que antes denunciaban el poder de las máscaras y las máscaras del poder, callan vergonzosamente. El Estado, o lo que queda de él, se ha convertido en una gigantesca maquinaria de falsificación de la realidad que, padecida amargamente, por supuesto, es indomable.

            Cual oasis hacia el oeste de la gran ciudad que ahora lo llaman centro (solo)  histórico, las escaleras de El Calvario, concurridas e iluminadas, se dicen copia de la nocturnidad de Las Mercedes que sólo pocos celebran, nadando en una extravagancia de privilegiados bajo  perpetua sospecha, o en el disfraz del tal Superbigote que varios consejos comunales distribuyeron en Caracas. En uno y otro lugar, similar a varias calles de una excepcional Catia limpia y alumbrada,  parece que no hay riesgo alguno de asalto a mano armada o desarmada,  y ni siquiera el hábil empujón del carterista, compartido un plato exquisito o la   pequeña bolsa de cotufa de viejas y gratas prestancias.

          Los terraplanistas del socialismo del siglo XXI tampoco logran esconder esa realidad de los especialistas que, al fin y al cabo, cuentan con la teoría y las herramientas para hundir el bisturí  en la triste experiencia que nos embarga, señalando causas y consecuencias. Aquellos se ven obligados a esconder todas las cifras habidas y por haber, desde el Banco Central hasta el Instituto Nacional de Estadísticas, pasando por los cuerpos policiales, para evitar cualquier indicio o pista, asomando la punta del hilo de nuestras calamidades que los economistas, sanitaristas o criminólogos puedan halar para desmontar esta inmensa falacia que jura explicarnos.

            Así como los que creen a pie juntillas que la tierra es plana, no logran desmentir el discurso – al menos – matemático que dice lo contrario, los burócratas del régimen no pueden con los economistas que, a modo de ilustración,  pueden probar (y deben hacerlo) que el mundo gira y, más temprano que tarde, será inevitable superar a un régimen que nos coloca en un peligro existencial. De modo que, en defensa de la realidad, suponemos que un conjunto de probados economistas de trayectoria, sólo cumplieron con una formal solicitud para que Maduro Moros autorice la publicación de los números, faltándoles mucho que hacer todavía.

Fotografía: LB (Caracas, 24/02/2022),

Martes de carnaval, 01/03/2022:

https://www.elnacional.com/opinion/en-defensa-de-la-realidad/

Breve nota LB: J,R, Herrera, siempre tan generoso al igual que William Anseume.

Papelazgo

(IN) DOCUMENTADOS

Luis Barragán

El hombre contemporáneo (¿es necesario escribir que incluimos a la mujer?), al menos, en determinadas latitudes, es un referente de distintas claves: las que literalmente emplea para acceder al correo, cuenta bancaria, suscripción de la prensa, dispositivos de conferencias, u otros ámbitos de una confidencialidad siempre en peligro. Empero,  está igualmente amarrado a una documentación múltiple que, a pesar de la digitalización, en última instancia, lo remite al soporte físico, acreedor de toda suerte de sellos (secos y húmedos), numeraciones oficiales (claves superiores) y fechas de validez y caducidad que hacen una activa vida personal con los demás.

            Por lo general, se dice del ciudadano documentado o indocumentado de acuerdo a la certificación que haga el Estado de su identidad, equivalente casi a su propia existencia humana. La cédula de identidad o el pasaporte, son los instrumentos esenciales susceptibles de manipulación política,  aunque frecuentemente olvidamos la otra documentación que también luce vital, como los títulos de propiedad inmobiliaria y automovilística (en la jerga venezolana, los papeles de la casa y del carro, o de algún terrenito por ahí), título académico,  licencias oficiales, certificado de salud, declaraciones de impuestos, acreditaciones laborales, récipes y recibos diversos,  acciones empresariales o recreativas, partida de nacimiento, matrimonio o divorcio, etc., etc.

            Es de suponer que la vida también se va, intentando preservar esta otra documentación de la mejor forma posible, sobre todo al tratarse de una jubilación posiblemente cuestionada, o de los bienes que conciernen a una sucesión,  por ejemplo.  Pocos son los oficios que no requieren de la constancia escrita para una inmediata y quizá dolorosa constatación, como el boxeo o las artes marciales, pero del resto de la diaria convivencia también esperamos documentarlo.

          A veces, suponemos lo felices que son aquellos que les importa un bledo contar con un archivo personal, suponiéndolos frecuentemente en situación de calle, aunque los hay quienes repartieron anticipadamente sus bienes, viven con lo indispensable, y para cualquier diligencia dependen de sus abogados. Acaso, guardarán provisionalmente el recibo de la lavandería y tintorería, por cierto, en vías de extinción en Venezuela.

            Hoy, debemos guardar con mayor celo nuestros archivos personales, además, respecto a una documentación que ya no es fácil de encontrar en las dependencias del Estado y, de lograrlo, una copia certificada le quitaría a cualquiera la respiración por sus costos, tal como registrar o  notariar cualquier cosa. Un Estado que nos va indocumentando en este sentido, pues, en el otro, obtener una cédula de identidad o pasaporte es toda una proeza, marcando el compás de una depredación ya insostenible: versamos sobre una faceta que los teóricos subestiman, refocilándose en las viejas perspectivas.

28/02/2022:

https://guayoyoenletras.net/2022/02/28/in-documentados/

Cuaderno de bitácora


 El caso del Proyecto de Ley de Estadidad del Esequibo, es toda una curiosidad. Lo introdujimos en 2015 ante la Asamblea Nacional, reiterándolo en enero de 2016. De nuevo, lo orbitamos en 2018, ya como Fracción Parlamentaria 16 de Julio.  Lo dijimos a cámara plena en varias ocasiones, pero ni la finalmente nombrada Comisión Mixta del Esequibo se dio por enterada, tan irresponsablemente. La gráfica es de una rueda de prensa sorpresiva que dimos en 2013, frente a la Casa Amarilla. Apenas concluida, llegaron los colectivos armados.
LB

Soto

BLACAMÁN, EL COLECCIONISTA 

José Pulido (*)

Blacamán contempla el Orinoco y trata de oír sus aguas, sus aleteos, sus chapoteos, sus tripas oscuras y prehistóricas. Aguza la mirada, como lo hace todos los días en la mañana, creyendo que alguna vez tendrá ante sus ojos la revelación de una sirena. En el fondo de su corazón reposa la certeza de que ha recorrido medio mundo buscando una sirena para probarse realmente y saber hasta dónde llega su poder hipnótico.

Duerme leones, amansa caimanes, emboba a las culebras y con sólo pasarle una mano por encima a una gallina la convierte en un plumero inmóvil, pero ¿podrá con una sirena? ¿resistirá el gran Blacamán la atracción de una mujer semidesnuda, de un pez medio vestido cantando una canción tan antigua como el aire y con una voz que debe ser completamente distinta a todo lo que el ser humano ha escuchado?.

La camisa de algodón que hace poco sacó del baúl se pega a su piel, está empapada en sudor, revela el pelero del hombre; sus axilas parecen nacimientos de río. Un barco ha llegado y decenas de caleteros presurosos descargan mercancía.

Blacamán se siente fascinado ante el hormiguero humano que reparte los cargamentos en grandes carretas jaladas por bueyes y por burros. Largas caravanas de carromatos con barandas hechas con yagrumos y palmeras se balancean a orillas del río y se esfuman en la ruta que lleva hacia El Callao.

Ese nombre le inquieta, le produce comezón espiritual. Quisiera ir a El Callao en busca de oro, como todos los hombres silenciosos que llegan a Ciudad Bolívar y se largan inmediatamente rumbo a la selva cargados de herramientas, pero él desea con más intensidad recorrer metro a metro este continente caliente y extraño. Cierra los ojos y queda como enmantillado en un capullo rojizo, en una cúpula que cambia de tonos a medida que aprieta o afloja los párpados.

Blacamán sueña con ciudades extraordinarias, lugares donde encontrará elefantes con cinco trompas, tigres diminutos que caben en una mano, sirenas de río que hacen el amor con los hombres y buscan el orgasmo en las profundidades de las aguas. También ansía regresar un día a Italia con un barco lleno de esos seres fabulosos, todos ellos pendientes de sus órdenes. “El circo más maravilloso del mundo...” pronuncia y recostado a una baranda de hierro colado mira venir a Isidoro.

Isidoro se preocupa por él, hay una remembranza indefinible que se traga con la saliva, de pirata cuidando a su capitán. Como Isidoro es de Ciudad Bolívar consigue todo más barato. “Ya podemos comer”, dice Isidoro y Blacamán comienza a caminar con él y a descender hacia el mercado donde los pescadores llegan y las mujeres transforman en humo fragante lo que sus redes han atrapado.

A Blacamán le gusta ese desayuno, pero siempre espera a que Isidoro le avise. Isidoro se siente un ser privilegiado. Toda la población le pregunta cómo es Blacamán. Aunque lo han visto en el circo y le pasan a un lado, no se atreven a dirigirle la palabra porque lo consideran un verdadero mago, un brujo misterioso. Isidoro inventa. Dice que lo ha visto hacer desaparecer una cotúa, que en una ocasión sacó un diamante del interior de un pescado frito.

Blacamán come lentamente, saboreando aquellos pescados y aquel pan de maíz caliente. A veces siente nostalgia dolorosa por las pastas, los espaguetis, los macarrones.

-Hay un problema, señor Blacamán...-interrumpe Isidoro.

-¿Problema? ¿Cuál problema?

Blacamán pregunta sin levantar la cabeza. Isidoro mira la gran cabeza peluda clavada en el plato y oyendo el sonido de “¿problema? ¿qué problema?” lo percibe como una bestia mitológica, que disfruta ese mundo pequeño, de detalles, olores, sabores. Una escama, unas vértebras, unas espinas casi transparentes.

-El muchacho de los letreros lo denunció ante la Ley del Trabajo...es una ley nueva. Él dice que usted no le quiere pagar lo que valen su arte y su tiempo.

-¿Ese muchacho?- pregunta destemplado Blacamán. Tiene todos los dientes de plata, pero no se ríe mucho. Su cabellera es gris y parece la mota de un africano. Las barbas le cubren la mitad de la cara y son grises también. Aunque de vez en cuando se mira en el espejo, no se había dado cuenta perfecta de que su apariencia es tan exótica como la magia que pretende poseer. Se percató de ello cuando vio el retrato que le hizo aquel muchacho. Deseaba un retrato así para su circo y cuando le dijeron que aquel adolescente sabía pintar fue hasta allá y le pidió el trabajo.

-Ese muchacho es un pintor de carteles de cine...no debería quejarse...-dice Blacamán.

Isidoro coloca la mano izquierda como un toldo sobre su labio superior y por debajo mete un palillo. Jurunga sus dientes.

-Hace los carteles para los tres cines de Ciudad Bolívar y pinta uno cada cinco minutos porque tiene que hacer cincuenta todos los días. Ese muchacho es muy serio señor Blacamán. Trabaja mucho.

Blacamán recuerda que el muchacho flaquísimo y desgarbado se quedó mirándolo detenidamente el día que se conocieron y le dijo que sí lo pintaría. “Yo lo he visto durmiendo una gallina” le comentó el muchacho y Blacamán salió tieso del lugar pensando que el retrato no iba a ser de su gusto.

Cuando el joven artista terminó el retrato se quedó asombrado por la expresión, la atmósfera y por lo fuera de lugar que parecía su rostro en todo aquel universo. Blacamán le entregó cuarenta bolívares al muchacho pensando en que era una pequeña fortuna para un jovencito así. El pintor le dijo que no:

-Usted me debe ochenta bolos...eso es lo que vale el tiempo invertido en ese cuadro.

Blacamán sonrió con ferocidad y se llevó el cuadro dejando los cuarenta bolívares. Ahora Isidoro le dice que está metido en un problema legal, de justicia y nada menos que en una tierra extranjera.

-Todo el mundo le dice al muchacho “¿cómo vas a pelear con Blacamán que duerme animales, que desaparece las cosas, que carga un león para todas partes?” pero él no hace caso y repite “tiene que pagarme mis ochenta bolívares”.

-Sí...voy a pagárselos...¿Dónde queda lo de la Ley del Trabajo?

-La cita es por la tarde. Yo lo llevo. Ahí van a preguntarle cosas a los dos y entonces usted paga y ya está- afirma satisfecho Isidoro. Blacamán termina de comerse su pescado y ya Isidoro sabe que debe pedir el otro, que no le basta con uno ni con dos y que ahora va a preguntar por el aguacate.

-Traiga otro con aguacate, señora Luisa- exige orgulloso de ser el intermediario. Blacamán tararea una canción en italiano. Es hermosa la melodía. Isidoro sabe que Blacamán está ahora en un lugar distante. También vibra con las preguntas que él le hará esa mañana sobre las sirenas. Isidoro inventará y contará historias de sirenas que rodean las piedras del río y muestran senos arropados por collares de algas y oro; sirenas bellísimas que también han comenzado a tomarlo a él por asalto en sueños espectaculares.

-¿Cómo se llama ese muchacho?

-¿Qué dice?

-¿Cómo se llama el pintor?- pregunta Blacamán.

Isidoro se llena de miedo, cree que Blacamán usará su magia contra el jovencito y si se niega a darle el nombre también le puede lanzar un mal de ojo a él con todo y el gran azabache que lleva en su pecho. Sin embargo, Blacamán lo mira sonriente. Sus dientes de plata hacen que el sol ardiente atraviese las breñas de los bigotes y las barbas, dientes que ahora están cargados con hilachas de pescado y son los dientes de un animal viejo y triste.

-¿Está bravo con él?- pregunta.

-No. Es casi un niño... ¿cómo se llama?

Isidoro suspira y se resigna a responder:

-Jesús Rafael Soto...se llama Jesús Soto.

-Soto...-murmura Blacamán y contempla el río otra vez mientras se traga el ojo delicioso de un pescado gris.  

(*) Esta historia me la contó Jesús Soto a orillas del Orinoco.  

Fotografía: Vasco Szinetar.

Fuente: https://www.facebook.com/photo/?fbid=10228497270357901&set=a.4673512116907

No se equivocan de cola

DE UNA ENFERMA NEUTRALIDAD

Luis Barragán

“Afirmaciones o diagnósticos que no podían

 rebasar los límites de mero enunciado

sin valor probatorio para quien, como yo,

había conocido a Carlos cuando ya era el

Carlos de ahora, un hombre sujeto a impulsos

contradictorios que, dentro de una general

tendencia a neutralizarse mutuamente,

explicaban sus altibajos, una inestabilidad cuyo

intrincado origen, si se me pidiera que

también lo explicase, tendría que inventarlo”

Luis Goytisolo (*)

Ocurre con toda guerra y escaramuza: luce imposible invocar y sostener una postura de absoluta neutralidad personal, yéndose al demonio aquellos principios y valores que nos sostienen o dicen sostenernos. La consabida invasión rusa,  trastocada en indecibles imágenes y videos  que revienta la telefonía portátil,  nos fuerza a adoptar una determinada postura por muy lejanos  que creamos los acontecimientos de inevitables consecuencias en este lado del mundo.

       La sola presencia del presidente ucraniano,  Volodímir Zelenski, en la primera línea de combate, ha levantado admiración, prestándose para satirizar a nuestra dirigencia opositora, aunque la intuimos tan decisiva para levantar la moral de las tropas, moviéndose  en líneas más seguras al tratarse de la conducción política de la guerra. Los tristes eventos actualizan nuevamente nuestro talante, permitiéndonos un enunciado que tiene por remoto origen el populismo petrolero: corear la opinión mayoritaria, ya que si la nuestra fuese contraria, mejor sería hacerse el gafo para no comprometerse (término clave), arriesgando favores, prebendas, privilegios o ventajas.

            Heredamos aquella conducta impuesta por un modelo rentista que fue capaz de complacer  o satisfacer a muchos, diferente al latifundista de muy ayer, o al actual que confiará en las llamadas zonas económicas especiales,ambos destinados a las minorías. Puede notarse en la vida cotidiana, clickeando en las redes sociales que tienen un “me gusta” que permite cumplir exclusivamente con el amigo, vecino,  familiar,  copartidario, o  correligionario y, en lugar de precisar algo sobre el texto, evitando reproducirlo, se hace tributario de una vieja interpretación serrateana: “Yo me manejo bien con todo el mundo”.

            La faceta es muy distinta a la mesura, prudencia o moderación, políticamente peligrosa por escapista y utilitaria, ambigua y oportunista, condescendiente con aquello que se presume combatir. Llegamos muy lejos con el actual régimen, gracias a esa actitud que también se la presume invisible, desapercibida e inocua, considerando estúpido al resto de la humanidad.


        Recordamos el pasaje de la vieja novela de Goytisolo, hallándolo fácilmente en la edición digital, como seguramente no hubiésemos podido hacer con el ejemplar físico que ya está ausente de nuestra modesta estantería: no hay una absoluta neutralidad existencial y de tanto probarla, las contradicciones corroerían a su portador en constante mudanza de opiniones, enfermándolo. Sin embargo, en perpetua pandemia, el asunto se convertiría en sistema político, como pasó en Venezuela;  y quizá,  por ello, nos sorprende tanto que haya ucranianos haciendo la cola para conseguir un arma y defender a su país, incluyendo a personas de notoriedad, al igual que rusos que airadamente protestan a Putin por arrastrarlos a una guerra, yendo presos, en lugar de irse del país o diligenciar una bolsa de comida.

(*)            “Teoría del conocimiento”, Seix Barral, Barcelona, 1981: 111.

Reproducciones: Una microscópica muestra de la mensajería digital. De la rubia armada, refiere la diputada venezolana Liz María Márquez en su cuenta de Instagram: "Varios políticos ucranianos están tomando las armas y uniéndose a su ejército contra los invasores rusos. En la gráfica la congresista @kira.rudik con un rifle Kalasnikof presta al combate". De la Kovalskaya, se hizo eco Gabriela Montero, a quien se le entendió muy bien. 

28/02/2022:

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/36771-neutralidad

domingo, 27 de febrero de 2022

Inspección ocular: libros de calle


Lo que va quedando de libros en Venezuela, sin hallarle un local adecuado,  toma la calle.  En anterior ocasión, hicimos referencia al lugar (https://apuntaje.blogspot.com/2022/02/bibliografia-de-resistencia.html).  No sabemos en cuánto tiempo podrá o podrán recoger los libros, en caso de emergencia (lluvia, etc.), y suponemos que lo más difícil es recogerlos al concluir la jornada que colocarlos paciente y entusiastamente al iniciarla. 
Fotografías: LB (Caracas, 20/02/2022).
LB

Una clara y coherente defensa de la justicia internacional

DE NUREMBERG A ROMA Y DE ABU GHRAIB A CARACAS Héctor Faúndez Hace siglo y medio, en medio de una guerra civil en los Estados Unidos, y a...