Es lo más
natural, ¿no? Una persona revestida de autoridad que dirija y ponga orden en el
tránsito terrestre, e, incluso, en momentos excepcionales, como el paso de un
elevadísimo funcionario, o su equivalente, proveniente del extranjero, por un
justificado apremio, y que razonables motivos de seguridad que son de Estado,
tenga prioridad frente a los restantes ciudadanos que se desplazan.
Del
excepcional momento en el que se detiene el tráfico automotor y peatonal, no
habría mayores molestias para la persona común que puede, en primer lugar,
distinguir que no ha habido un accidente que lo obligue inmediatamente a tomar
previsiones, incluyendo la posibilidad de huir del sitio; en segundo lugar, ha
de generarle confianza que se trate efectivamente de una autoridad competente
que debe responder por sus actuaciones, y no de un delincuente; o, en tercer
lugar, incapaz de prolongar innecesariamente la justificada medida que falta a
las normas, como las indicaciones del semáforo, por ejemplo. Recordamos muy
bien aquella inicial y lejana visita a la ciudad de Berlín, cuando
repentinamente, dispuestos a cruzar a pie una esquina de la céntrica y
concurrida avenida, agentes policiales detuvieron nuestros andares porque
pasaban sendos vehículos con los delegados israelíes y palestinos: en menos de
tres de los cinco minutos prometidos, quedó resuelto el delicado asunto, se
disculparon y todo transcurrió con la debida y muy urbana normalidad.
Por supuesto,
los venezolanos distábamos del caso alemán, pero la
interrupción de algún recorrido regularmente dependió acá de un agente
uniformado, inequívocamente competente, y fueron contados – otro ejemplo – los
ministros que gozaron de una ventaja parecida a la del presidente de la
República y sus movilidades. Suponemos que hubo abusos, pero solían tener un
gran costo político que pocos estuvieron dispuestos a pagar.
En nuestro
país, se hizo cada vez más frecuente la excepción
con el arribo del único régimen que hemos tenido en este siglo, quedando
definitivamente consagrado a partir de la gestión de Juan Barreto como acalde
mayor de la ciudad capital, prontamente imitado por todo aquél que tuviera o
jurara tener alguna relevancia en los cuadros del poder. Fue durante los
inicios de su gestión que nos sorprendió que cualquier motorizado con o sin
arma al cinto, repentinamente detuviera y atravesara su motocicleta para prever
y facilitar el paso del vehículo de un burgomaestre que, por cierto, promovió
lo que llamó la inteligencia social
en ruedas. Y, en adelante, la práctica se hizo privilegio inherente a todo
dirigente oficialista con o sin responsabilidades públicas que, no faltaba más,
ha de surcar raudo y veloz cualquier
localidad.
E, igualmente,
tenemos la impresión de que el privilegio no requiere de la comunicación previa
del agraciado dirigente, o de su asistente para tales fines, con los agentes de
tránsito para cumplir con la ruta, porque cuenta con sus propios motorizados a
objeto de acelerar cualquier recorrido.Ésta es la otra función de la escolta, como si fuera la Casa Militar,
capaz de imponerse en toda arteria vial, añadida la autopista, desprovista de
uniformes, o, en todo caso, no muy conocidos por los otros transeúntes, mano de
obra posiblemente tomada de los consabidos colectivos que a lo mejor no
adscriben a ningún organismo de inteligencia.
La escena es
demasiado recurrente en la metrópoli socialista, porque seguramente son muy
numerosas las figuras que cuentan con tan significativa ventaja para circularla
cómodamente. Y recurrimos a un neologismo, para referirnos a la escolta que contundentemente
concede un determinado estatus social a sus protegidos que son al mismo tiempo
temidos, pues, el enchufaje tiene sus
escalas.
Una posible
sociología de los desplazamientos urbanos, apunta a la existencia de una nomenklatura muy particular. Habrá que
preguntarse sobre las incursiones aéreas, porque las muy terrenales tienen un
sello sin precedentes.
Repasemos el conjunto de los relatos y textos de la ascensión, para poder comprenderlos mejor.
MATEO
(Lo leemos hoy como evangelio del día)
La "despedida de Jesús" se produce en Galilea, en un monte. No se señala cuándo. El final es:
"Se me ha concedido pleno poder en el cielo y en la tierra. Por tanto, id a hacer discípulos entre todos los pueblos, bautizadlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo y enseñadles a cumplir cuanto os he mandado. Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo."
Y no se hace ninguna mención de la Ascensión.
MARCOS
La despedida se hace en el Cenáculo, en Jerusalén, el mismo domingo de resurrección. Jesús les da un mensaje de misión semejante el de Mateo. El texto termina así:
"El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, y el Señor cooperaba y confirmaba el mensaje con las señales que les acompañaban."
LUCAS
(Evangelio)
La despedida se hace en el camino de Betania, el domingo de Resurrección. El último párrafo es:
"Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos. Ellos se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios"
HECHOS
(La primera lectura de hoy)
La despedida se hace desde el Monte de los olivos, cuarenta días después de la resurrección. Hay un sermón de misión y una descripción de la subida de Jesús al cielo, por los aires, con la promesa de que volverá.
JUAN
(Primera conclusión de su evangelio)
La despedida se hace en el cenáculo, ocho días después del Domingo de Resurrección. El "discurso de despedida" se ha puesto ocho días antes, en la aparición sin Tomás. Dice:
"Paz a vosotros, como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros." Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a los que se los retengáis, les quedan retenidos."
En la aparición con Tomás no hay discurso de misión. No se hace mención alguna a la "partida" de Jesús.
En el añadido del cap. 21, no hay ninguna mención de la Ascensión.
Resumiendo las semejanzas y las diferencias:
· Marcos, Lucas y Hechos sitúan la acción en Jerusalén y sus alrededores, mientras que Mateo y Juan (2ª conclusión) recogen la tradición de Galilea.
· Marcos, Lucas y Juan (1ª conclusión) terminan el mismo domingo de la resurrección, mientras que Mateo y Juan (2ª conclusión) suponen un tiempo intermedio indefinido, y Hechos habla expresamente de cuarenta días.
· Los cuatro evangelios y los Hechos constatan un sermón de Misión como final del mensaje de Jesús.
· HECHOS describe la partida como un despegar hacia las nubes.
· Marcos y Lucas no describen la partida.
"El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
"Y, mientras los bendecía, se separó de ellos."
· Mateo y Juan no mencionan la "partida" de Jesús.
Estas diferencias, tan notables, nos hacen reflexionar. No es creíble que un mismo autor cuente un suceso de dos formas que, aunque coinciden en lo esencial, presentan fuertes diferencias.
Ampliando esta idea, es sorprendente que los otros testigos lo cuenten de forma tan distinta, y que Juan no lo cuente.
Evidentemente, por todo ello, no nos encontramos ante la simple narración de un suceso, sino de algo más, del significado del suceso, de la fe en lo que sucede en el fondo de lo que se ve.
En este sentido, no debemos olvidar algunas conclusiones claras:
· No es posible la reconstrucción de una "cronología de la resurrección y ascensión del Señor". No lo dan los textos.
· No es posible ignorar el carácter de "relatos de los sucesos de aquel fin de semana" que tienen los primeros textos de la Resurrección (las mujeres en el sepulcro), y el carácter de "profesión de fe" que van adquiriendo los relatos siguientes.
· Los textos de la Ascensión son de género literario "Teofanía" y "profesión de fe", están escritos desde la intención de manifestar la Fe en Jesús Señor.
· En ellos encontramos elementos simbólicos frecuentes en el Antiguo Testamento, y usados por los evangelistas:
ARRIBA
SENTADO A LA DERECHA
LA NUBE
LAS VESTIDURAS BLANCAS
LA VOZ DEL CIELO.
(Relatos de este género, con símbolos semejantes son, entre otros, el Bautismo en el Jordán, la Transfiguración y algunos de los relatos de la infancia y nacimiento)
· El hecho de que Juan los omita - en paralelismo a la omisión del mismo Juan del pasaje de la institución de la Eucaristía - nos muestra a las claras que hay en los evangelistas varias maneras de proclamar la Fe en Jesús Resucitado Señor.
En conclusión. Nos encontramos en la transición del relato de historia - la muerte de Jesús en la cruz - a la proclamación de la Fe en Jesús Señor exaltado por Dios. Y todo ello, en la perspectiva de la Misión, y con la promesa del Espíritu.
Mientras que en los relatos de la Pasión lo central era el suceso, lo que vieron los ojos, en estos relatos lo central es lo que no ven los ojos, el triunfo definitivo de Jesús.
Así pues, las tres lecturas de hoy se mueven entre el simbolismo y el mensaje, y, juntos, nos ayudan a comprender la Ascensión del Señor. Demasiadas veces trivializamos la Ascensión como si fuera un episodio de la vida de Jesús, un "viaje final".
El nacimiento y la muerte en cruz son sucesos: hubo testigos, creyentes o no, que podrían atestiguarlos. La Encarnación, la Resurrección y la Ascensión no son sucesos que los ojos vieron. Son "sucesos de la fe". Y sus relatos no cuentan lo que vieron los ojos, sino lo que la fe creyó.
Nuestra mentalidad tiende inmediatamente a preguntarse ¿qué sucedió? Queremos ante todo saber dónde tuvo lugar este suceso, cuándo sucedió, y qué sucedió exactamente. Y esto es una mala postura previa para la lectura de cualquier texto. La pregunta correcta es, con este relato "¿qué nos quiere decir el autor?".
El mensaje único de todos los textos es simple: Jesús exaltado como Señor encomienda a los discípulos su misión.
Mirándolos desde este punto de vista, los textos son fuertemente coincidentes, mientras que desde nuestra curiosidad por el mero suceso parecen fuertemente divergentes.
TEMA PRIMERO: LA EXALTACIÓN
Es el tema en que culmina el mensaje de la Resurrección. La Resurrección es presentada siempre como el triunfo sobre la muerte, la liberación del poder del mal. La Ascensión representa la exaltación definitiva, la consagración como Señor. Corresponde, por oposición, a la humillación que representa "despojarse de su condición divina", "hacerse pecado", "humillarse hasta la muerte y muerte de cruz".
Es el triunfo último, la proclamación de Jesús Primogénito en quien se revela todo el designio de Dios: su entrega total a su misión, que pasa por la humillación para llegar a la plenitud.
La humillación es presentada con la simbología básica del "descenso": "bajó del cielo", "descendió a los infiernos".... Paralelamente, la exaltación es presentada con la simbología básica del ascenso: "subió a los cielos". Pero esta exaltación no es simplemente la de un hombre. Es la manifestación definitiva del Hijo, y por tanto, es acompañada con los signos acostumbrados de las teofanías: la nube, la voz, los hombres de vestidos resplandecientes, la "situación definitiva", "sentado a la diestra de Dios".
Encontramos por lo tanto en estos relatos el último acto de fe de los testigos en Jesús, el hombre lleno del Espíritu, que ha aceptado su misión hasta la muerte y muerte de cruz, que ahora ocupa "su lugar", el que le corresponde por naturaleza.
La Ascensión es "colocar a Jesús donde debe estar", y es un acontecimiento profético, el anuncio de nuestra colocación en nuestro sitio, exaltados a la diestra de Dios, porque "aún no se ha manifestado lo que seremos; pero, cuando se manifieste, veremos a Dios cara a cara".
Es importante que nos acostumbremos a la lectura de los Evangelios superando nuestra propensión a quedarnos en los hechos físicos sensibles. Lo que importa siempre es el significado de los hechos, y eso es lo que constituye el interés fundamental del Evangelista. En los relatos de la Ascensión nos preocupa mucho desde dónde despegó Jesús hacia los cielos, pero lo que importa es que mi destino es Dios y Jesús revela la grandeza del ser humano capaz de alcanzar la divinidad.
TEMA SEGUNDO: LA MISIÓN
Todos los evangelistas terminan su obra con la misión. Terminada su misión, Jesús "se va", y su misma misión queda en manos de los discípulos, de la Iglesia.
La aceptación de Jesús es la aceptación de la misión. Para eso se nos manifiesta Jesús. El sentido de la vida de los cristianos es muy preciso: han sido elegidos para la misión, para dar a conocer a todos lo que han recibido.
Se puede no aceptar la misión. Se puede no ser cristiano. El que acepta, es para convertirse en mensajero de Jesús.
CONCLUSIONES
La Ascensión no es un hecho físico. "Arriba" está la estratosfera, no la residencia de los dioses. Los astronautas no están más cerca de Dios. "Abajo", pero ¿en qué dirección? ¿A partir del polo Norte o del Polo Sur?
"Descendió a los infiernos" significa lo mismo que "subió a los cielos", es decir, que es Señor de la vida y de la muerte, del pasado y del presente. Es buena la simbología, porque nos ayuda a imaginar, cosa que nuestro conocimiento necesita. Pero no es bueno permanecer en la situación mental de los niños que confunden los símbolos con la realidad. Y es bueno recordar que el Cielo no es un lugar sino el encuentro con una Persona.
A nosotros no nos gusta este modo de expresarse. Pero no se trata de que nos guste. Se trata de que la Palabra está siempre encarnada, y de que ésta es la manera de expresarse de aquellos hombres que fueron los que nos expresaron la Palabra.
Los relatos de la Ascensión son profesiones de fe. Se responde a la pregunta fundamental acerca de Jesús: ¿quién este hombre? Y se responde: es el hombre lleno del Espíritu, que le hace Hijo, que fue crucificado pero está Vivo por la fuerza de ese Espíritu, y ha sido "exaltado por Dios a su derecha". Se nos invita hoy a hacer nuestra esta fe. Es el día en que debemos reafirmar, de todo corazón, nuestra fe en Jesús.
La Ascensión es una invitación no sólo a reconocerle sino a seguirle; se nos invita a la misma misión de Jesús. Es también el día en que la tenemos que aceptar. Nuestra celebración de la Ascensión no puede terminar sin más en el gozo por el triunfo de Cristo. Es el día en que decimos a Jesús: "Te puedes marchar tranquilo; tu misión queda en nuestras manos; cuenta con nosotros."
En resumen:
Creo en Jesús, el Señor,
revelación de Dios y del sentido de la vida:
acepto la vida como misión recibida de El,
para que todos los hombres le conozcan y salven su vida.
Espero mi plenitud, y la de todas las cosas, en El.
O R A C I O N
Bendito sea Dios,
el Padre de Jesús, nuestro Padre,
que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones,
que nos ha mostrado en Jesús, su rostro, su corazón
y nos ha elegido para la misión más bella,
que toda la humanidad conozca la Buena Noticia de Jesús.
Bendito sea Jesús, el hombre lleno del Viento de Dios,
que ha hecho de nuestra vida algo nuevo, distinto,
("Rating", Anagrama,
Barcelona - Caracas, 2011: 226)
Algo irrefutable,
a los venezolanos nos ha afectado profundamente el régimen socialista del siglo
XXI. Dice mucho esta depresión generalizada, una diáspora sin precedentes, el
rompimiento de la familia, la desescolarización, entre otros de los problemas
que confronta el país muy antes vivido con optimismo.
La transición
democrática sugiere igualmente una masiva asistencia de todos y cada uno de los
que sufrimos espiritualmente la desdicha del continuismo gubernamental, por
cierto, sin que sepamos ahora de la existencia real y suficiente de los
profesionales debidamente preparados y experimentados en términos psicológicos
y psiquiátricos.Independientemente del
conductismo, el psicoanálisis y las otras escuelas que gozan de una amplia credibilidad
y tradición académica, resulta imposible
confiarse a la literatura de autoayuda y a los brujos (en los términos como
localmente se entienden, acá), corriendo un enorme riego de agravación de los
síntomas y enfermedades.
Para superar
nuestras patologías, es necesario el profesional universitario cabalmente
formado, entrenado, probado y certificado. Proliferan y ejercen ciertos terapeutas
en tiempo real y virtual que han tomado apenas un cursillo de ocasión, licenciándose
en otras disciplinas, en el mejor de los
casos, y, faltando poco, se autotitulan como “coach” de cualesquiera
eventualidades.
Así las cosas,
los peligros son inmensos al caer en manos de personas incluso de buena fe. Una
falta de escrúpulos personales y el aventurerismo comercial. Sin dudas,
necesitamos contrarrestarlos.
Son muchas las
arrugas impresas en la almohada, en las emociones, en el conocimiento, en el
desenvolvimiento, en la cotidianidad que nos estructura, que ameritan de un
aprendizaje y superación. Profundo el daño antropológico, no puede quedar en
manos de hechiceros..
"Cada civilización tiene su propio modelo de anciano y juzga a los viejos con referencia a ese patrón. Cuanto más idealizado está el modelo, más exigente y cruel es la sociedad, y mientras no se invierta el proceso, el anciano no estará verdaderamente integrado en el grupo"
Gorges Minois
("La historia de la vejez. De la Antigüedad al Renacimiento", Editorial Nerea, Madrid, 1987: 391)
Cursando
todavía un proceso de descomposición o desintegración, el llamado es a la
urgente reintegración social bajo la conducción de un liderazgo
convincentemente político capaz de generar la confianza en un distinto consenso
histórico. Realmente son pocos los preocupados y los expertos en transición que
ahora soportan la desleal rivalidad de transitólogos
de ocasión, harto convencionales en la propia tarea de reflexionar la
coyuntura.
El modelo
partidista del presente siglo ha fracasado, escudado en un eufemismo de escasa
imaginación: asociación con fines políticos, según el artículo 67
constitucional. Empero, ha prestado un enorme servicio al continuismo gubernamental,
ostentándolo, como no lo imaginó ingeniero alguno de las más prolongadas
dictaduras continentales.
Únicamente es
viable el principal partido de gobierno y los secundarios que subsidia al
confundirse con el Estado mismo, respecto a su dirigencia y los recursos
políticos, materiales y simbólicos que lo privilegian, convirtiéndolo en un
departamento más que en un partido, por lo menos, en términos rigurosamente
conceptuales.Un breve ejercicio
sociológico dará cuenta de las entidades genuinamente opositoras, cuya
interesadísima judicialización abre un prolongado y muy bien administrado
suspenso respecto a su existencia, reaparición, desaparición, o toda una
alquímica conversión a favor del oficialismo.
Impedida la
renovación de sus autoridades por más de una década, procurando el
anquilosamiento y asfixia de las instituciones, peor les ha ocurrido a los
partidos que a los sindicatos, colegios profesionales y universidades públicas,
vedado – sin excepción – el ejercicio de la democracia y discusión interna, por
cierto, en beneficio de los reducidos grupos que creen controlarlos por
siempre. Y es que tan fácil y también
trágica constatación, fuerza a todo partido de, en y para la transición, a
reivindicar su entera y legítima naturaleza, muy alerta ante la anquilosis
heredada que pueda afectar el inevitable oleaje democratizador, hundiéndolo
cual embarcación de concreto armado, inamovible, como creemos ver en un viejo
detalle arquitectónico.
Por lo pronto,
inmediatamente después de superado parcial o completamente el actual orden de
cosas, tres características esenciales pueden explicar al fundamental partido
para la transición, apartando el hecho de que efectivamente logre insertarse o
jugar un papel estelar en ella, emblematizándola. De un lado, en el marco de una irreductible
pluralidad que ha de esperar un buen tiempo para decantar e institucionalizar
las nuevas fuerzas sociales y corrientes políticas más estables y persistentes,
todas deben comprometerse en un esfuerzo y unas tareas comunes muy concretas que
solamente admiten los conflictos agonales entre los diferentes factores
comprometidos, auspiciando un liderazgo sobrio, convincente y competitivo, toda
una perogrullada que evite el canibalismo político y tenga por empeño un
urgentísimo y muy didáctico testimonio ético.
Frente al trillado
y enfermizo antipartidismo que paradójicamente nos trajo al monopartidismo de
la presente centuria, por otro lado, es necesario recuperar y actualizar una mínima
cultura partidista que habló de actores, reglas, procedimientos, hábitos y
otros elementos que ayudaron a compensar, equilibrar y resolver los efectos de
la élite fundadora, cuyo natural y considerable sobrepeso ejercido, estuvo muy
distante de la megalomanía de Chávez Frías que contaminó, reconozcámoslo, a
importantes individualidades opositoras por todos estos años. Y, luego, importa la redefinición de un programa común
equivalente al desarrollo de un eficaz y dinámico centro político que autorice
la modernización de las diferentes escuelas ideológicas capaces de darle una
continuidad creadora a la experiencia democrática reinstalada en la presente
centuria.
Encontrar una
adecuada fórmula (multi)partidista y (multi)partidaria, obliga a una clara
vocación dirigencial por el debate que demanda método y precisiones,
concluyendo espontáneamente en certezas, exactitudes y aciertos: por ejemplo,
principiando la década de los sesenta del veinte, en un extremo, desde las páginas de “El
Nacional”, Arturo Uslar Pietri insistió y defendió una política de más
concesiones petroleras al mismo tiempo que, en el otro extremo, refutándolo,
desde “Crítica Contemporánea”, Juan Nuño reiteró e igualmente argumentó la
inmediata nacionalización de la industria. Ocurrió luego que la concertación
puntofijista, maceró la política de no más concesiones que derivó en
iniciativas, como la de la OPEP, a la vuelta de dos o tres esquinas indispensable
y cónsona para las más específicas y sobrevenidas circunstancias, o la de PDVSA, otrora experiencia exitosa.
Fotografías: LB, detalles al sur del Palacio de las Academias (CCS, 10/05/2024).
Meses antes de
caer Pérez Jiménez, acompañé a un tío a buscar tres medianos bloques de papel
común impreso, muy bien alineados y envueltos en el tipo de papel que servía a
las carnicerías para despachar sus cortes, por cierto, nada parafinados.El carro tenía alguna ligera falla, pero – en
lugar de subsanarla - prefirió él que fuésemos en autobús; en efecto, tomamos
dos mastodontes para llegar finalmente a un costado de la Plaza Francia, como
llamaban el generoso espacio de una Altamira tan fresca como la lejana Caracas.
Colocó
cuidadosamente, los bloques en el fondo de un saco de tela de coleto, porque –
comentó – aprovecharía el tránsito a pie por Chacao para comprar algunas cosas
entre dos calles que tenían un piquete extendido de vendedores de verduras,
cambures, latas de leche en polvo, y hasta ropa en oferta, entre las viejas
casas, bajo la mirada indiferente de la policía uniformada con tela de caqui y
botas altas. En el lugar, noté que
subrepticiamente mi tío entregó uno de esos paquetes y, a cambio, echaron en nuestra
bolsa abundantes legumbres de un peso obviamente más bien ligero.
Anduvimos a
pie, poco a poco, pendiente de las bolsas de caramelos que le encargaron y,
finalmente, las compramos en el mismo local que le ofertaron los perros
calientes como una novedad para la fiesta sorpresa del cumpleaños de mi primo que,
además, se perdió de probar por adelantado una delicia. Y lo fue, pues, en
lugar del tradicional corte del pan para colocar la salchicha con el chorrito
de salsa de tomate, lo abrieron por encima, le pusieron una cucharadita de
mayonesa, sal y una hojita de laurel. Empero, no pudo pactar el envío de unos
veinte perros “frescos” para la tarde porque Puente Mohedano, en cuyas
adyacencias vivía el cumpleañero, quedaba demasiado lejos para el repartidor en
bicicleta, dañada como estaba la motocicleta del “compañero” que recibió los otros
paquetes.
Por supuesto,
el llamado “delivery” de hoy, masivo y rápido con fórmulas tan automáticas de
pago, no se compara con el de ayer, aunque – más modesto – siempre lo hubo
gracias a los abastos, bares, restaurantes y floristerías que arriesgaban con
el reparto de los productos aún más delicados, como el de la cotidiana y
madrugadora distribución del pan y la leche en una flamante botella de vidrio. Fueron
muy pocas las novedades aportadas al perro caraqueño, apenas la mostaza y la
cebolla cortadita desde los sesenta, pero es ahora que también se ofrece a
domicilio con el mierdero de sabores que no saben a nada, gracias a las salsas,
los quesos, las papitas, los brontosaurios y pterodáctilos que faltan para
rellenarlos cilíndricamente.
Abriendo después
paso a lo que sería después Parque Central, en la demolidísima casa de los
abuelos, encontramos en una libreta que volvió a reaparecer por estos días, los
datos telefónicos de la casa “delyverante” original de los perros calientes que
en 1935 repartía entre las angostísimas calles de la inmensa e incómoda aldea
caraqueña: 5281 y 5989, pues quizá alguien tenga interés.El dueño se mudó después de local, y, al
pasar el susto uno de sus hijos, mal herido en puesto asistencial de la esquina
de salas en la mañana del 19 de octubre de 1945, decidió que no prestarían más
el servicio a domicilio y no tanto por los peligros de la calle, sino porque la
gente degustaba un poco más los sencillísimos perros calientes en el estadio de
San Agustín, aventajado por las frituras de marrano, en medio de la mismísima
calle: ¿a juzgar por el presente, todo un atavismo citadino?
El otro “delivery”
fue el de la propaganda antidictatorial: viajar hasta los pueblos de Chacao,
Altamira y Petare para llevar lo panfletos que apoyaban y exaltaban la Carta
Pastoral de monseñor Rafael Arias Blanco, denunciando la situación de la clase
obrera en Venezuela por aquellos días de mayo de 1957, no fue nada fácil. Por
cierto, de un lado, arzobispo del cual ya nadie se acuerda (les recomiendo el texto
de Manuel Adonís: https://biblat.unam.mx/hevila/BoletindelaAcademiaNacionaldelaHistoriaCaracas/2007/vol90/no357/8.pdf),
tuvo una actitud firme y valiente; y,
por el otro,bien difundida la Carta,
era necesario interpretarla adecuadamente y resaltarla, como en efecto se hizo
a través de los más atrevidos partidos en circunstancias harto difíciles y
hasta crueles, todavía sin fundarse la Junta Patriótica.
Comencé a entender
estas travesuras de mi tío, como supo también mamá que su hermano andaba en cosas
riesgosas, pero todo bajo un pacto absolutamente tácito de silencio: ninguno se
daba formalmente por enterado de estas y otras diligencias, aunque a veces
pesaba demasiado la angustia. Concluyendo
el bachillerato, aprendí e hice mi propia ruta “delyverativa” con
varios compañeros del salón por lo que retaba de año.