“Una vez más, los
murmullos vuelven a alzarse en la sala. El puñado de periodistas que han
conseguido entrar sacan el móvil y empiezan a teclear mensajes, todos ellos con
la esperanza de adelantarse a los demás”
Por muy espontáneas que sean, las homilías dominicales
hacen de la Iglesia Católica un referente extraordinario de limpia intención y
sensatez en contraste con cultura dominante del absurdo maniqueísmo, la
simplicidad y la puerilidad contaminada por la (auto)degradante obscenidad. No
obstante, la lectura e interpretación de la Palabra que exceda de los quizá
diez minutos, suele aburrir al feligrés promedio que se muestra más entusiasta
con los cantos y la Eucaristía.
Desconocida en mucho la estructura de la misa, citar y
meditar presencialmente la Biblia no cuadra en una sociedad superdigitalizada,
pero – siendo así – esa misma sociedad ha de extrañar las voces de la razón y
del genuino compromiso con una fe que multiplica las más firmes esperanzas. Por
ello, aunque falte o sobre la densidad del mensaje, importa descubrir una
riqueza de testimonios y perspectivas que ofrece el sacerdote que no le hace
concesiones al púlpito que bastantes desean ligero, expedito, automático.
En la propia red de redes, aumentan las cuentas
relacionadas con las comunidades católicas, las misas y, por supuesto, las
homilías que pueden suscitar igualmente serios y provechosos comentarios
necesitados de estímulo y procesamiento. Claro está, comporta un extraordinario
trabajo para el cual se requiere también de tiempo y de recursos económicos,
pero – ya numerosas - las exitosas
iniciativas conocidas entre los venezolanos recurrentemente fallan por un
detalle: no están fechadas, no tienen la etiqueta correspondiente a las
lecturas, ni está fichados otros datos como el nombre mismo del celebrante o
celebrantes, el personal técnico o artístico, el lugar en el que se hizo la
grabación.
Se dirá que lo importante es que se transmita la misa
para aquellos que no pueden participarla presencialmente, o no siempre resulta
interesante la homilía por la fatiga que provoca escuchar físicamente al otro y
a los otros. Somos partidarios de hacer memoria histórica y, particularmente,
dejar constancia del móvil teológico y sociológico de cada época, del aporte
creador de inspirados oficiantes, de la reflexión organizada, firme y creadora
como alternativa ante el disparate entronizado por el discurso oficial en el
presente siglo.
En una que otra cuenta, hemos dejado nuestra modesta
observación: la Iglesia también es institución y, quizá porque el webmaster es
muy joven y tiene aún viva su ilusión de inmortalidad terrenal, presume que todos
recordaremos con exactitud esas circunstancias de modo, tiempo y lugar que cobran
una insospechada importancia e interés con el tiempo. En todo caso, consignada
la preocupación, deseamos valernos de la ocasión para desear al paciente y
amable lector unas felices Pascuas de Resurrección junto a la familia, incluso,
para el no creyente que tiene consciencia de los principios y valores occidentales.
Fotografías: LB, cercanía de El Nazareno de San Pablo, Basílica de Santa Teresa (Caracas, 01/04/2026); Jesús resucitado, Iglesia de la Coromoto (Caracas, 05/04/26).
Debido a sus propios
límites, la mente solo puede darnos respuestas reductoras. Para ella, nuestra
identidad es el yo, y la vida es algo que tenemos. Mientras permanezcamos
identificados con ella y queramos entender la realidad únicamente desde la
razón, no podremos superar el engaño.
Todo se modifica, sin
embargo, en cuanto salimos del modelo mental de conocer: la realidad deja de
aparecer como una suma de objetos separados –la separación, en realidad, es un
ilusión producida por la mente-, para mostrarse como el despliegue de la Vida
en infinidad de formas.
Todo es Vida, que puede
expresarse como vibración, conciencia, información, energía, materia... Lo cual
no es sino una "extensión" de la célebre fórmula de Einstein: E = mc2
("m" es masa, y "c" es la velocidad de la luz). Masa y
energía no son sino la misma y única realidad, aunque en
"condiciones" diferentes. ¡Con razón decía Max Planck, el padre de la
física cuántica y premio Nobel de física en 1918, que "la materia como tal
no existe"!
La vida no es algo que
tenemos, sino lo que somos. Lo que tenemos, lo podemos perder; lo que somos,
permanece.
Del mismo modo, mi identidad
real no es el yo, tal como la mente creía, sino –otro nombre de la Vida- la
Consciencia que me percibe. No soy nada de lo que puedo observar, sino Eso que
observa. Para quien realmente soy –la Consciencia-, el yo –la estructura
psicosomática, el organismo cuerpo-mente- no es nada más que un objeto, en el
que, de una forma transitoria, se expresa la Consciencia que soy.
En otro marco de referencia,
dentro de otras categorías culturales y religiosas, la fe cristiana en la
resurrección viene a afirmar, de fondo, lo mismo. La resurrección de Jesús es
la proclamación irrefrenable de que la muerte no es sino un "paso" en
el que, paradójicamente, despertamos a la Vida que somos. Ni el aparente
fracaso, ni la tortura, ni la muerte, ni la angustia de la cruz tienen la
última palabra. La Vida que somos no muere jamás.
No es necesario, por tanto,
esperar a la muerte física para morir, ni tampoco para resucitar. Si queremos
vivir como resucitados –tal como vivió Jesús, que llegó a afirmar: "Yo soy
la resurrección y la vida"-, necesitamos comprender la verdad de quienes
somos. En la medida en que lo comprendemos, dejamos de vivir para el yo –vamos
muriendo a él- y nos anclamos en nuestra verdadera identidad: la Consciencia
ilimitada y compartida.
De ese modo, nos
experimentamos conectados a la Fuente de todo lo que es y a la Vida que somos.
En esto consiste la sabiduría y la liberación: en la conexión consciente al
Misterio de la Vida, a Dios, sin ningún tipo de separación ni distancia; sin
costuras.
Y desde aquí podemos volver
al relato del evangelio de Juan. Se trata de un texto profundamente elaborado y
cargado de simbolismo. En realidad, los llamados "relatos de
apariciones" son, fundamentalmente, catequesis en torno a Jesús vencedor
de la muerte y a la resurrección.
María Magdalena es símbolo
de aquella comunidad que se movía entre la luz y la oscuridad. Todavía vive en
torno al sepulcro (muerte); por eso, "aún estaba oscuro". Pero, al
mismo tiempo, empezaba a clarear ("al amanecer") y "la losa
estaba quitada" (la losa de la duda y la resignación fatalista). Todo
parece anunciar algo definitivamente nuevo: es "el primer día de la
semana"; se trata, nada menos, que de una nueva creación.
En la tradición cristiana,
se ha presentado la resurrección como una "nueva creación" llevada a
cabo por el poder de Dios, que actúa en la muerte como había actuado, según el
relato del Génesis, en la creación del mundo. Desde un nivel de conciencia en
el que la identidad se reduce al yo y en una concepción lineal de la historia,
no podían expresarlo de otro modo: la vida es algo que nos espera más allá, en
el futuro, después de la muerte, gracias a una nueva intervención de Dios.
Desde un nivel de conciencia
transpersonal y desde un modelo no-dual de cognición, se nos hace evidente esta
afirmación: Todo es Ahora. Ahora es la Vida, Ahora es la
"resurrección"..., aunque todavía no lo hayamos descubierto. Pero basta
acallar la mente para, al menos, atisbar que Todo es.
La mente se queda en las
"formas", y hace una lectura en la que se espera un futuro mejor.
Pero ya somos conscientes también de que el único que desea el futuro es el
ego, por una doble razón: porque en el presente desaparece y porque, vacío como
es, sueña con un futuro imaginado en el que poder saciar finalmente su
inherente insatisfacción.
El ego corre, como los
discípulos, pensando que en el futuro se sentirá mejor. Con frecuencia, corre
tan deprisa que no repara en ninguna otra cosa que no sea su propia expectativa
(o su propia creencia). En ocasiones, parece recibir la gracia de poder ver
"las vendas" y de ver a través de ellas.
En realidad, para quien está
atento, todo son "vendas", signos, señales, aberturas, resquicios,
ranuras, grietas por donde se cuela la Vida. Todo puede ser oportunidad para ir
despertando a quienes realmente somos y reconocernos conectados a la Vida.
Pero, por lo general, para
poder ver el significado que las "vendas" contienen, se requiere
atención. Una atención que nos hace estar en el momento presente y acalla el
parloteo mental. En ese Silencio, podrá desvelarse ante nuestros ojos la Presencia
y reconocernos como la
Consciencia que somos y que
se despliega momentáneamente a través de lo que llamamos "nuestras
historias personales".
Sea cual la sea la historia
o el "papel" que se nos haya asignado, la clave radica en abrirnos a
nuestra verdadera identidad transmental y permanecer conectados conscientemente
a ella y a la Vida. Eso es vivir resucitados.
Brevisíma nota LB: Coincidiendo con Freddy Marcano, por vez
primera hago la cola, accedo, observo y escucho la misa del Nazareno en Santa
Teresa. Tardamos una hora y media aproximadamente cerca del mediodía.
Relativamente rápido (CCS, 01/04/26).