domingo, 18 de febrero de 2024

Noticiero retrospectivo

 - Fiesta fascista en el Liceo de Aplicación, Caracas, durante el mandato de Eleazar López Contreras. Fotografía de Juanito Martínez Pozuela. Momento, Caracas, nr. 721 del 10/04/1970.

- Reportaje de Abilio Suárez Ocando sobre Carlos Cruz Diez. Momento, Caracas, nr. 188 del 19/02/60.

- El capitán José Augusto Azpúrua de VIASA, sobre la seguridad de los DC-10. Resumen, Caracas, nr. 26 del 05/05/74.

- María Luisa Vegas, viuda de Job Pim. Reportaje de Emilio Santana. Momento, Caracas, nr. 74 del 13/12/57.

- Luis Aparicio homenajeado, incluyendo el obsequio de un automóvil. Elite, Caracas, nr. 2374 del 26/03/71.

Reproducción: Héctor Malavé Mata, según Ángel Echeverría para una entrevista realizada por Sandra La Fuente Portillo. El Globo, Caracas, 16/03/1994.

De la improvisación electoral

ANTE LA REALIDAD TREPIDANTE

Luis Barragán

Gravemente agudizado el fenómeno en la última década, luce evidente el retroceso político que hemos experimentado en el desarrollo de las campañas electorales de cualesquiera niveles. Sobre todo, las del oficialismo ha compensado sus fallas y deficiencias gracias a los inmensos recursos económicos de los que ha dispuesto, despilfarrándolos y apropiándose al mismo tiempo de los recursos simbólicos del Estado, en detrimento de una oposición de tan precarios medios disponibles que, además, inevitable, recrea sus propias limitaciones.

Únicamente posible en los comicios libres y altamente competitivos,  a partir de 1958 supimos de una rica experiencia de campañas cada vez más especializadas, eficaces y creadoras, contando con asesoría nacional o internacional, frecuentemente ejemplificada por la reiterada estigmatización de Carlos Andrés Pérez como el ministro-policía y asesino convertido en el exitoso hombre que camina para una democracia con energía, en 1973. Valga la paradoja, el asunto escondía una realidad: los acusadores fueron los que antaño - absurda e innecesariamente - emplearon a fondo la violencia, todavía hoy defendidos por quienes pregonan la paz con el puño cerrado.

Específicamente, las campañas electorales para la presidencia de la República gozan de una particular naturaleza, sentido, despliegue, alcance y consecuencias. Todo aquél que, desde temprana edad, se ha contado como dirigente estudiantil, o ha medido sus no menos legítimas aspiraciones en los ámbitos partidistas, gremiales o vecinales,  entre otros, por lo menos intuye, que las presidenciales reclaman percepción, ingenio, lenguaje, cohesión, disciplina y coraje para rivalizar en el mercado político, expresión – por lo demás – muy limpia y contrastante con su desenfadada negación, inherente a todo autoritarismo o totalitarismo.

Obviamente, bajo los regímenes de fuerza que simulan la selección popular de los titulares de los órganos del Poder Público,  añadida la llamada fórmula del autoritarismo competitivo, el mensaje tiende a ser más elemental, simple, maniqueo y brutal, perdiendo complejidad y novedad estratégica. Ocurre con los socialistas de este siglo que se ha traducido en el desaprendizaje de sus disidentes, adversarios y oponentes: para aquellos, la improvisación tiene por inmediata compensación el uso y abuso de una hegemonía, y, para éstos, resulta incomprensible y también imperdonable, porque – conscientes de la realidad que trepida - deben ser capaces de concebir e implementar una campaña que le dé identidad y empuje para la inmediata construcción del consenso necesario y ganador.

Suele equivocadamente asimilarse a la mera o vulgar publicidad de un detergente, como si el mercadeo político no tuviese la peculiaridad universal que lo distingue de otras faenas.  Hay giros verbales, imágenes, estribillos,  movimientos, colores, sonidos, fuentes y hasta puntos de letras, que nos avisan y convencen de encontrarnos ciertamente bajo una organizada promoción electoral, aún sin el calendario correspondiente, Sin embargo, podemos advertir, parte de la improvisación electoral, es la de proclamar formalmente toda aspiración, sin el indispensable y correlativo esfuerzo de promoción.

Por supuesto, generalizando, las campañas electorales son de elevados costos económicos, pero éstos tienden a reducirse, en medio de las peores condiciones, como la (auto)censura y el bloqueo informativo, con el desempeño mismo de los aspirantes y sus colaboradores, capaces de intuir o de saber que se requiere de una estrategia cónsona con las herramientas correspondientes. En tiempos remotos, las secretarías de propaganda de los partidos y un sector concreto del comando de campaña que, desde un primer instante, ha de existir superlógicamente, fundamentaban y encaraban el asunto antes de que llegaran los legendarios consultores extranjeros, como  Joe Napolitan y David Garth, o contasen con los del patio, aparentemente ahora escasos, entre otros motivos, porque recibir o, peor, dictar clases de pregrado o postgrado en comunicación política, no hace a todos aptos para tan delicada, puntual y exigente asesoría.

Valga recordar que hubo un enorme interés en la materia, cautivando a venezolanos que ejercieron antes la política, y, después, descubrieron su vocación y talento para la consultoría, con una importante y acumulada experiencia en el exterior, permitiéndonos mencionar a contemporáneos como Max Guerra, Pedro Silva Agudelo, Orlando Goncalves, Carlos Alberto Escalante,  Carlos Masini y Mercedes Elena Bello.  Luego, es necesario reivindicar un oficio tan asociado a la democracia liberal, trastocado en un indicador notable y confiable de sus éxitos y fracasos.

Fotografía: LB.

18/02/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/02/18/luis-barragan-ante-la-realidad-trepidante/

Triunfar de todos los peligros

TENTACIÓN SIN TENTACIONES

(San Marcos, 1: 12-15)

José Luis Sicre

Volver a empezar

El primer domingo de Cuaresma, en cualquiera de los tres ciclos, se dedica siempre a recordar las tentaciones de Jesús. Eso supone que debemos dar marcha atrás, olvidarnos de que ya estaba recorriendo Galilea con sus discípulos y volver a empezar. Jesús acaba de bautizarse, ha recibido una misión de Dios. Pero antes de lanzarse a una actividad pública, el espíritu lo impulsa al desierto. Con este relato, muy simbólico y que no se presta a conclusiones piadosas, Marcos quiere plantearnos desde el comienzo el misterio de la persona de Jesús.

Un relato sin tentaciones

Si se hiciera una encuesta a los cristianos sobre las tentaciones de Jesús (suponiendo que hayan oído hablar de Jesús y de las tentaciones) algunos mencionarían la de convertir una piedra en pan; otros, que Satanás le ofreció toda la gloria y riqueza si lo adoraba; los más listos incluso recordarían lo de tirarse desde el pináculo del templo. Con eso, demostrarían conocer los relatos de las tentaciones que cuentan Mateo y Lucas. Pero Marcos no dice nada de eso. Con una brevedad pasmosa sólo dice que Jesús es impulsado por el Espíritu al desierto, tentado por Satanás, vive con las fieras y los ángeles le sirven. Más que un relato parece un guion con seis datos que el catequista deberá desarrollar.

El Espíritu. En la tradición bíblica, el Espíritu es el que impulsa a los Jueces y a los profetas a realizar la misión que Dios les encomienda: salvar al pueblo de sus enemigos o transmitir su palabra. En este caso, con notable diferencia, el Espíritu impulsa a Jesús al desierto.

El desierto es el lugar de la prueba, como lo fue para el pueblo de Israel cuando salió de Egipto, camino de la Tierra Prometida. Allí fue tentado, para ver si eran fieles. Y la inmensa mayoría sucumbió en la prueba, mostrándose un pueblo de corazón duro y obstinado. Jesús, en cambio, superará en el desierto la tentación.

Los cuarenta días equivalen a los cuarenta años que, según la tradición bíblica, pasó Israel en el desierto. Es número de plenitud, de tiempo redondo (recuérdense los cuarenta días del diluvio, los cuarenta días entre la resurrección de Jesús y la Ascensión, etc.).

Satanás. Nosotros hemos adornado este personaje con tantos elementos (incluidos cuernos y rabo) que conviene dejar claro cómo lo concibe Mc. El evangelista usa el nombre de Satanás en cinco ocasiones (1,13; 3,23.26; 4,15; 8,33), y desaparece en la segunda parte del evangelio (cc.9-16); curiosamente, la última vez que se menciona a Satanás no se refiere al demonio sino el apóstol Pedro, que quiere apartar a Jesús de la pasión y la cruz. Por consiguiente, Satanás es el símbolo de la oposición al plan de Dios. Satanás quiere apartar a Jesús del camino que Dios le ha trazado en el bautismo: hacer que se olvide de pobres y afligidos, dejar de consolar a los tristes, no anunciar la buena noticia. O, como hará Pedro más adelante, pedirle que cumpla su misión, pero sin pensar en cruz ni sufrimientos.

Fieras y ángeles. Esta curiosa mención está cargada de simbolismo. Los animales del desierto no son los que ve cualquier campesino galileo a su alrededor: mulos, vacas, ovejas... Son escorpiones, alacranes, etc. Y esto nos recuerda el Salmo 91,11-13, donde aparecen mencionados junto con los ángeles:

«A sus ángeles ha dado órdenes

para que te guarden en todos tus caminos;

te llevarán en sus palmas

para que tu pie no tropiece en la piedra;

caminarás sobre chacales y víboras,

pisotearás leones y dragones».

Jesús, en el desierto, sufre la tentación de Satanás. Pero Dios está a su lado, lo protege mediante sus ángeles, y hace que triunfe de todos los peligros.

Estos elementos (tentación, vivir con los animales, servicio de los ángeles) recuerdan al relato de Adán en el paraíso, tal como se contaba en las tradiciones rabínicas. De este modo, Mc presenta a Jesús como el nuevo Adán, que, a diferencia del primero, no sucumbe a la tentación, sino que la supera.

El recuerdo del bautismo

Desde antiguo, la celebración de la Pascua quedó vinculada con el bautismo de los catecúmenos el Sábado Santo, y eso ha influido en la selección de las lecturas de la Cuaresma, que pretenden recordar episodios que jugaron un gran papel simbólico en la preparación para el bautismo. La carta de Pedro (llamada así aunque no la escribió san Pedro) ve en el diluvio un simbolismo del bautismo: Noé y sus hijos se salvaron cruzando las aguas del diluvio, el cristiano se salva sumergiéndose en el agua bautismal. Menos clara es la relación de la lectura del Génesis con el bautismo; aunque también ella habla de Noé, todo se centra en la promesa de Dios de no volver a destruir la tierra. Es posible que se haya elegido el texto por la convivencia de hombre y animales, que recuerda a lo que dice el evangelio sobre Jesús viviendo con las fieras.

Jesús y nuestro bautismo

La presentación de Jesús como nuevo Adán está estrechamente relacionada con la nueva vida que comienza en el cristiano con el bautismo. La Cuaresma es el mejor momento para profundizar en este sacramento que, en la mayoría de los casos, recibimos sin ser conscientes de lo que recibíamos.

Fuente:

https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/5998-tentacion-sin-tentaciones.html

Cfr.
Ilustración: Sandro Botticelli.
Hoja Dominical: Presumimos que el texto sea del hermano Mogollón.
Actualidad católica: Padre Martín: https://www.youtube.com/watch?v=sAILoMwjiP8


Cardenal Porras: https://www.youtube.com/watch?v=5nIv_peSQoc

miércoles, 14 de febrero de 2024

¡Liberen a Rocío y a todos los presos políticos!

 Fuente:

https://twitter.com/andreina/status/1757427592695615589

De esta inmensa paisanidad

YORCH JARRIS

Luis Barragán

Perseguidos políticamente o no, numerosos y talentosos humoristas venezolanos intentaron y todavía intentan posicionarse en el exterior. En buena medida fracasan ante las exigencias de un antes impensable y atípico mercado de la paisanidad que también aporta nombres escasamente conocidos entre nosotros, aunque febrilmente promovidos por las redes digitales para reiterar la pérdida del monopolio televisivo que muy antes los catapultaba o relegaba hasta caprichosamente.

Puede decirse de un mercado del costumbrismo urbano de la Venezuela de una increíble y sostenida diáspora, comparable a la más antigua de los cubanos que aún no se detiene, por lo menos, al asomarse la menor oportunidad para huir de la dictadura.  Nada casual, acá supimos de bromistas muy populares de origen isleño, como ahora tendemos a hacernos competitivos en un renglón tan exigente allende las fronteras.

De un tiempo para acá, no precisamos la fecha, nos enteramos de la existencia de George Harris, cuyo estilo y ocurrencias goza de la imitación que incluye a niños en las redes. Ha cultivado exitosamente el llamado stand-up, un género muy riesgoso para quien no tenga las habilidades naturales del caso: así,  no es el tradicional contador de chistes ni el imitador consumado y versátil que sobrada fortuna tuvo entre nosotros de recordar la era de una popular programación de las televisoras comerciales que lidiaban con el Estado, a veces, confrontándolo amargamente.

Nos atrevemos a caracterizarlo como un humorista de situación, cronista de la Venezuela profunda que sufrió el poderoso impacto de un régimen que la dislocó, o intenta todavía hacerlo, aún en términos criminalmente identitarios. Es el sociólogo de preciso bisturí que rinde el testimonio fiel de lo que fuimos, al mismo tiempo que un lingüista desembozado, cuya radical sinceridad constituye el secreto de su gracia: la mirada es a través del país de las viejas movilidades sociales, expuesta una clase media al habla que nos pone en solfa con circunstancias que nos fueron y son muy comunes, redondeando una versión atinada que los narradores, cineastas y poetas tardan demasiado en dar.

Incluso, aplaudido por quienes son usufructuarios del presente régimen, habrá quien posiblemente planeé traerlo y ofrecer un espectáculo de encarecidas entradas, en este agujero de las calamidades humanitarias. En todo caso, ojalá que Yorch Jarris no ceda a tamaña tentación, renegando de sí y de su consecuente público.

Captura de pantalla: https://www.youtube.com/watch?v=XERiRolzyfg

14/02/2024:

https://guayoyoenletras.net/2024/02/14/yorch-jarris/

martes, 13 de febrero de 2024

- ¡Y Ajá! ¡Y Ajá! ¡Y Sacalapatalajá!

LOS FABULOSOS CARNAVALES DE 1928

Luis Barragán

Hoy, es martes de carnaval. Un referente de forzado asueto a favor del régimen que no tuvo que esperar a la consabida pandemia para intentar y realizar al país del inmovilismo perpetuo.

Un día después de la fecha aniversaria de la batalla de La Victoria, y antes del otro de las banalidades extremas que únicamente conjura Joaquín Sabina con una de sus canciones sobre los amores que matan y nunca mueren.  A las puertas de la Cuaresma, unos gritan la urgencia de romper el tedio al mismo tiempo que otros gozan del privilegio de recrearse al vaciar demasiadas veces sus bolsillos de enmudecido origen, en medio de la tragedia humanitaria de hondo calado. No obstante, luce pertinente recordar las carnestolendas de 95 largos años atrás, advertidos por algunos que empava su sola invocación.

Finalizando la primera semana de febrero de 1928, la coronación de Beatriz I (Peña Arreaza) en el Teatro Municipal, parte de la programación ucevista de la Semana del Estudiante, constituyó todo un acontecimiento en la Caracas de entonces, siendo notable la invitación cursada por El Nuevo Diario, órgano oficioso y marcador de la espeluznante dictadura.  En una crónica  tardía y más bien fotográfica, ya impresa y juzgada de inofensiva distribución por su director, el cauto Lucas Manzano, la edición de fecha 11 de mes de la revista Billiken, orientada al entretenimiento hogareño de un sector agradecido y cosmopolitano del gomecismo, reseñó la elección de la reina de los carnavales estudiantiles, quizá dándole un sello particular a la emergente clase media petrolera.

Epígono de la Asociación General de Estudiantes (AGE), cancelada como la universidad misma años atrás, la sagaz iniciativa correspondió a la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV), presidida por el estudiante del último año de derecho, Raúl Leoni, completando la faena con una inusitada movilización hacia el Panteón Nacional, cuyo acto también trascendió como el otro realizado en el Teatro Rivolí, repletos de un ya inocultable mensaje de indignación y rebeldía.  El país pretendidamente rendido y adormecido, se enteró de la existencia de Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt, Pío Tamayo, Joaquín Gabaldón Márquez, Guillermo Prince Lara que, entre otros, prontamente fueron detenidos y enviados a La Rotunda, y, con la entrega voluntaria de muchísimos otros estudiantes, sumaron más de 200 las personas destinadas al Castillo de Puerto Cabello, a trabajar en las carreteras, al exilio y a la muerte, como Pío.

Los eventos planteados igualmente como una fórmula para recoger fondos para el gremio estudiantil, adquirieron prontamente una radical significación política que no sólo expresó el alzamiento del Cuartel San Carlos a la vuelta de pocos meses, sino que facilitó su interpretación como el acabado fenómeno generacional de una prolongadísima influencia, la que no tuvieron los muchos coetáneos de 1810 al sucumbir la llamada primera república, ni los de 1958, aunque se les reconoce la enormidad de su peso histórico tampoco igualado por los relevos más o menos recientes del presente siglo, con las excepciones de rigor. En todo caso, recordemos en la presente nota escolar sobre los fabulosos carnavales de 1928, el ciclo ortegueano de las generaciones preparatoria, histórica y delincuente  de hacer caso al mecánico esquema en boga por bastante tiempo en estas comarcas.

Sentida tímidamente la primera bonanza petrolera al iniciarse 1974, la versión teatral de Fiebre, la novela de Miguel Otero Silva alusiva a los sucesos de 1928, montada en la vieja sede del Ateneo de Caracas, causó un extraordinario impacto en el suscrito, otrora principiante del bachillerato. Cuatro años más tarde, supimos de la polémica cincuentenaria que impediría  a Betancourt pisar la Ciudad Universitaria para el magno aniversario, por el militante sectarismo de los supuestos defensores de la autonomía que, una vez en el poder, pasados veinte años, aún son quienes feroz y mórbidamente la conculcan.   

Paulatinamente, fuimos olvidando aquellas jornadas históricas, como cualesquiera otras del XX que todavía no caben en el imaginario artificioso y artificial del XXI, añadida la mismísima noción del liderazgo estudiantil y el necesarísimo testimonio histórico al que está obligado. Hecha añicos una tradición de luchas, ni siquiera por curiosidad nos asomamos a aquellos eventos, contaminados los actuales de un sentido vacuo, anodino, alegremente efímero, como ocurrió en aquél acto del 21 de noviembre de 2022, en un distante auditorio  al cual también fuimos invitados para escuchar al quinteto directivo de la Federación de Centros de la UCV, mientras el gobierno era dueño del acceso principal de la Ciudad de Villanueva gracias a una estridente tarima.

El quinteto se declaró ajeno a lo acaecido en 1928 y 1958, clamando por una capitulación frente al actual régimen, deseoso de la atención que pudiera dispensarle la llamada AN de 2020 que los sabe muy bien de los  abnegados diligenciantes y hasta tribunos de la AN de 2015. Ahora, pendientes por meses los comicios estudiantiles, la bulliciosa protesta es por lo servido en el comedor, como jamás lo hicieron con el precario presupuesto universitario y, mucho menos, por la violación del recinto y la autonomía por Nicolás Maduro y su gente, pero – eso, sí – el camión de las cerveza llega puntual a los federalísimos.

Posiblemente, los días más sobrios del año serán los de este carnaval. Demasiadas piruetas nos esperan del enmascarado gobierno que querrá postergar las presidenciales, porque ni con trampa ha de ganar.

13/02/2024:

https://www.elnacional.com/opinion/los-fabulosos-carnavales-de-1928/

https://newstral.com/es/article/es/1249598394/los-fabulosos-carnavales-de-1928

14/02/24:

https://eastwebside.com/luis-barragan-los-fabulosos-carnavales-de-1928.html

Los días más sobrios del presente año

SOBRANDO LOS DISFRACES

Guido Sosola

Cada quien que saque la cuenta de sus rumbas de carnaval, porque las mías están muy claras. Por lo general, ahorrábamos algo de plata, y nos acercábamos al hotel Ávila con la familia, o nos las inventábamos para bajar al Macuto Sheraton, aunque en las habitaciones más baratas del sótano, resonaban los pines estrellados en una cancha bolichera de cuatro líneas de no recordar mal, una rockola realmente rockera y un restaurant de motivos taurinos tan caro que resultaba más barato ir a la Tomaselli de Caraballeda, cuya mejor pizza era la de huevo en el medio, por no citar al Rey del Pescado Frito de todas nuestras delicias, cerca de la hoy fantasmal Carmen de Uria.

Antes, el ejercicio de la soltería nos llevaba a compartir con los amigos en San Agustín, por cierto, con rockolas de verdad-verdad y todos sus Lucho Gatica, Julio Jaramillo y el novísimo Trío Venezuela a cuestas, por supuestísimo, resonando la Billo´s frente a Los Melódicos, porque Chucho Sanoja y Aldemaro Romero me quedan como un recuerdo más remoto, parecido a los hermanos Matamoros (¡vaya apellido!), o Dámaso Pérez Prado para mi padre. O los amigos de Bello Monte en la que ya también se escuchaba con mucho ánimo a Bill Haley y sus Cometas, lejos todavía Los Beatles, en “lompleyes” traídos de fuera, arriesgados todos a las bombas de agua y hasta las latas de pintura, los gloriosos disfraces de negritas que produjo más de un chasco al atorado caballero; e, incluso, no he confirmado una leyenda del Pasapoga en el que un par de agentes encubiertos de la Seguridad Nacional lidió con el propio Miguel Silvio Sanz que no sabía de una operación acordada por el mismísimo Pedro Estrada.

Asocio el carnaval también con un comentario que escuchamos sin querer un amigo y yo, estudiando en nuestras sillas de extensión, por los lados de Stalingrado (¿la llamábamos ya, así?), en la UCV: 1961, cercanos a las carnestolendas, tramaba un grupo colarse como negritas en la fiestesota del Ávila para mitinear a la concurrencia en nombre de la revolución. No le dimos importancia, pero jamás supimos si la faena la ejecutaron, o se trataba de unos habladores de pistoladas que tanto proliferaron por aquellos días, disfrazados de revolucionarios y qué sé yo.

Tengo la idea de que los carnavales languidecieron poco a poco, ya finalizando los setenta, reducidos a una actividad escolar. Ni siquiera porque regalaban caramelos y ya había toda una industria de la distracción alrededor de varias escuelas de samba, se salvaron en la Caracas de los  aburridos recorridos de las carrozas baratas, de la representación ordenada por cada despacho ministerial y de las reinas que fueron más conocidas que las “mises venezuelas”, elegidas popularmente en las parroquias. Además, el ta´baratismo nos llevó a expedicionar allende las fronteras.

 Al carnaval caraqueño lo salvó Hugo Chávez con los niñitos disfrazados de paracaidistas a principios de los noventa, volviendo en presente siglo a los cauces del tedio. Valga acotar, esperando la política como un oficio digno de reivindicación, sobrando tantos disfraces.

13/02/2024:

https://www.lapatilla.com/2024/02/13/guido-sosola-sobrando-los-disfraces/

Una clara y coherente defensa de la justicia internacional

DE NUREMBERG A ROMA Y DE ABU GHRAIB A CARACAS Héctor Faúndez Hace siglo y medio, en medio de una guerra civil en los Estados Unidos, y a...