(San Juan, 14: 1-14)
José Enrique Galarreta
Este fragmento del sermón de
la Cena, el último discurso de Jesús en el cuarto evangelio, presenta la fe de
los discípulos en Jesús, en varios aspectos fundamentales:
· El Primogénito. El va el
primero. Es la cabeza del cuerpo que somos todos. Jesús resucitado no es
simplemente el triunfador glorificado individualmente. Es el primogénito de los
resucitados, la cabeza de puente de la humanidad en el reino definitivo.
· El camino. El domingo
pasado Jesús se definía como "la puerta". Nuestro acceso a Dios es
Jesús. El nos ha hecho posible ver a Dios, de otra manera, incomparablemente
superior a nuestra razón o a cualquier otra. Nuestra fe consiste básicamente en
llegar a Dios por Jesús. Y por Jesús se llega a "Abbá". Nuestra
aceptación de ese Dios y de la manera de vivir que eso conlleva constituye la
piedra fundamental de nuestra fe.
Jesús es el camino. No
simplemente sus palabras indican el buen camino. El es el camino, él es la
Palabra, él es el hombre nuevo, él es Dios-con-nosotros, él es la Liberación,
él es la Buena Noticia. Toda la fe del cristiano se basa en una adhesión a él.
· La verdad, la vida, es lo
mismo. La vida queda revelada en Jesús. Lo que nosotros llamábamos vida, antes
de conocerle a él, no es sino manifestación de "la vida", que se
muestra en Jesús Resucitado. Es la única Verdad definitiva, la verdadera
esencia del hombre, del mundo.
La vida como camino, como
búsqueda de verdad: Dios ayuda para caminar, espíritu para vivir, la verdad os
hará libres...
· Muéstranos al Padre. En el
momento definitivo de la vida de Jesús, Juan incluye la cumbre de su
revelación. Esta es la verdadera Buena Noticia, que podemos conocer a Dios en
Jesús, y qué Dios conocemos en Jesús.Creemos en Jesús visibilidad de Dios.
¿Qué está pidiendo Felipe?
Sin duda "ver a Dios", la más vieja aspiración, la misma de Moisés en
Éxodo 33,18: "Déjame ver tu Gloria". Y el Señor dejó entonces claro
que no se puede ver su Rostro, que solo se le puede conocer "de espaldas".
Parece como si Felipe volviese a la más primitiva aspiración, como si estuviese
pidiendo una "Teofanía" semejante a la del Sinaí, "ver a Dios
cara a cara". Y la respuesta de Jesús es la esencia de la fe cristiana:
"Ya lo has visto". Me has visto a mí, y es todo lo que puedes ver de
Dios, y esto te basta.
Es uno de los núcleos
esenciales el evangelio de Juan. Recordamos:
Juan 1, 18: A Dios nadie le
ha visto jamás:
El Hijo único, el que está
en el seno del Padre,
nos lo ha dado a conocer.
1ª Jn, 1,1: Lo que hemos
contemplado con nuestros ojos,
lo que han tocado nuestras
manos
acerca de la Palabra de la
Vida...
Estamos hablando de Jesús
"visibilidad de Dios". Estamos hablando de que en Jesús conocemos a
Dios: en sus Palabras reconocemos Palabra de Dios, en sus modos de actuar vemos
cómo actúa Dios, porque en él reside la divinidad en plenitud, porque es el
hombre lleno del Espíritu, porque "Dios estaba con él".
Es este un domingo para
refrescar la fe, para ir a lo más íntimo, para re-encontrar las raíces de
nuestro ser cristiano. "¿Creéis en Dios?"
Tenemos que contestar:
"Solo creo en el Dios de Jesús", es decir, "solo creo en un
Dios, el Padre, al que hemos conocido en Jesús, ese hombre lleno de su
espíritu".
"No tendrás otros
dioses delante de mí", decía el segundo mandamiento del Decálogo del
Éxodo. No tendrás otro Dios que el Padre, conocido en Jesús, manifestado en
Jesús, visible en Jesús.
Es el desafío de los
cristianos, de la iglesia entera: tener solamente el Dios de Jesús.
El Creador, el Juez...
quedan detrás, reducidos casi a su dimensión de filosofía, de conocimiento por
la deducción de la razón humana... Yo creo en Dios luz, en Dios sal, en Dios
camino, en Dios pastor, en Dios médico, en Dios pan, en Dios vino, en Dios
agua, aire y viento: creo en mi Madre Dios, manifestada en Jesús.
Creo en un solo Dios, no hay
más Dios que Él, y en Jesús lo hemos podido ver. Es la esencia de la fe de los
cristianos. Y la fe queda definida por esas mismas palabras del Evangelio de
hoy: fiarse de Jesús. Fíate de Jesús, acepta a Dios como se ve en Jesús. La fe
es un acto de confianza: ¿Por qué crees en Dios médico, sal, camino, pastor,
madre...? Porque, de Jesús, me fío. La esencia de nuestra fe.
Luego vendrá nuestra
curiosidad por explicar en qué consiste esa deslumbrante presencia del Espíritu
en Jesús, y hablaremos de la encarnación, de la Segunda Persona hecha hombre,
de Dios y hombre verdadero...
Está todo muy bien.
Necesitamos comprender, nos esforzamos por comprender.
Y siempre nos encontramos
con que nuestras explicaciones acaban en absurdos, porque estamos hablando de
Dios, que supera absolutamente nuestra capacidad mental, porque nuestra mente
es un cesto y Dios es agua, porque nuestra mente son unas manos y Dios es viento,
y nuestro cesto queda mojado, pero no encierra a Dios, nuestras manos sienten
el viento pero no lo agarran... y seguimos prefiriendo a Jesús, que nos hace a
Dios visible, a Jesús en el cual vemos que nos podemos fiar de Dios.
Ese es el buen Camino, la más profunda Verdad, lo que hace que vivir sea verdaderamente Vida.
La objeción de Tomás
"no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?", y la
respuesta de Jesús "Yo soy el camino", me recuerdan mucho a una
famosa frase de Pedro Arrupe: "No sé a dónde vamos, pero vamos bien".
Pedro Arrupe, uno de los
muchos profetas crucificados en el último cuarto del Siglo XX, decía esto
indicando que en la sociedad actual, de cambios tan frenéticos, no es posible
tener la clarividencia de prever el futuro, de la Compañía, de la Iglesia...
Pero sí es posible saber si vamos por buen camino.
Arrupe quería decir que la
Compañía caminaba hacia más sencillez, menos soberbia, más servicialidad, más
atención a los pobres y a la justicia, más oración, más sentido de
"mínima" que de gloriosa... buen camino, por ahí vamos bien, Dios
sabe hacia dónde.
Y sería una buena reflexión
para los momentos actuales de la iglesia. Algunos quizá crean que saben hacia
dónde hay que ir. Pero sería mejor pensar en si vamos por buen camino. Si vamos
por el camino de Jesús.
Me permito sugerir algunos
puntos de test para diagnosticar si vamos por buen camino.
· Nuestra teología: ¿vamos
por el camino de las parábolas o por el camino de la metafísica? ¿Vamos por el
camino de la sencillez de Jesús o de la complicada filosofía?
· Nuestra presencia en el
mundo. ¿Levadura o espectáculo? La levadura se esconde, se confunde en la masa,
no se ve, actúa desde dentro y en silencio. El espectáculo son fuegos
artificiales que meten gran estrépito y pasan sin que nada quede de ellos.
Jesús no dio espectáculos.
· Estar con la gente normal,
más cuanto más pobres, ser gente normal, vivir habitualmente en sencillez, en
familiaridad, en colaboración, o subirse a los dorados esplendores del Templo
para impartir doctrina desde la riqueza y la seguridad. Hacer de la vida
cotidiana una ofrenda a los hermanos o delegar en una pomposa casta sacerdotal
los sacrificios sagrados.
· Celebrar la eucaristía
fraternalmente, alrededor de la mesa, entender y compartir la Palabra,
entenderse como grano de trigo molido y granos de uva estrujados para ser pan y
vino para el mundo, comulgar con los demás al comulgar con Jesús el Pan y el
Vino entregado por todos... o asistir a ceremonias semejantes a los sacrificios
de Caifás en el Templo de Jerusalén.
· Ser aplaudido o ser
hostigado. ¡Ay de vosotros cuando todo el mundo os alabe y hable bien de
vosotros! Así trataron vuestros padres a los falsos profetas. La señal de Jesús
no es el aplauso de las naciones, sino la persecución. Si nos aplauden las
naciones, es que somos de su cuerda, que no molestamos.
Por eso sabemos que en la
Iglesia hay mucha gente en el buen camino, en el camino de Jesús, porque son
perseguidos, marginados, silenciados, asesinados, no canonizados....
Es una buena señal, hay
Espíritu de Jesús en la Iglesia. Aunque no en todas partes. No se puede estar
con el crucificado y con los crucificadores.
Ilustración: Rose Datoc Dall:
https://www.instagram.com/p/CsJyC2bNZFS/
Fuente:
https://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/item/1041-%C2%BFnadie-ha-visto-jam%C3%A1s-a-dios?.html

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