26-julio-2026 / Boletín semanal
DE LA INDIFERENCIA A LA RESPONSABILIDAD
(San Mateo, 14: 13-21)
Enrique Martínez Lozano
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de
Juan el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado.
Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio
Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se
acercaron los discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y es muy tarde,
despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. Jesús
les replicó: “No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer”. Ellos le
replicaron: “Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces”. Les dijo:
“Traédmelos”. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los
cinco panes y los dos peces alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición,
partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se lo dieron a
la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos
llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
De la indiferencia a la responsabilidad
El yo vive en función de sus necesidades, por lo que
adopta una actitud egocentrada. En cierto modo, divide toda la realidad en dos
bloques: “yo” y “lo que no es yo” —de hecho, esa es la perspectiva que adopta a
la hora de entender el mundo.
Sobre esa base, se entiende que se mantenga en la
indiferencia ante los otros. Y, en casos más extremos, sea incapaz de vivir la
empatía y la compasión, como ocurre cuando, con mucha frecuencia, vive un
deslizamiento hacia algún nivel de narcisismo.
Solo en la medida en que el yo empieza a ser
trascendido, a través de él pueden pasar actitudes, gestos y comportamientos
caracterizados por el amor. En ese momento, lo que era indiferencia se torna
responsabilidad. Ese es el giro que, en el texto que leemos hoy, Jesús les hace
dar a los discípulos. Frente a su “despide a la multitud para que vayan a las
aldeas y se compren de comer”, Jesús contesta: “No hace falta que vayan, dadles
vosotros de comer”.
Al dejar de identificarnos de manera absoluta con el
yo, se produce una apertura a los otros, que no nace de una voluntad moral,
sino de la comprensión de lo que somos. Cuando comprendo que el otro, siendo
diferente, es lo mismo que yo, se abre camino en mí la empatía, tal como la
expresaba Terencio en el siglo II a.C.: “Soy humano y nada humano me resulta
ajeno”. Cuando la comprensión nos moviliza, brota la compasión, llevándonos a
vivir la llamada “regla de oro”, presente en todas las grandes tradiciones
sapienciales: “Trata a los demás como te gustaría ser tratado por ellos”.
Porque se ha comprendido que todo otro es no-otro de mí.
Fuente:
https://www.enriquemartinezlozano.com/author/enriquem/
Breve nota LB:
Desde hace pocas semanas atrás, el portal de Fe Adulta experimenta cambios. Por
ejemplo, no hemos encontrado al elenco de los comentaristas del pasaje correspondiente
y, como en los últimos tiempos hemos recurrido más a Enrique Martínez, el
portal nos ha redirigido a su blog: https://www.enriquemartinezlozano.com/author/enriquem/.
Ilustración: https://www.guyane.catholique.fr/eveque/blog-de-leveque/292121-la-charite-du-christ/
Padre S. Martín:
Papa: Llena de conservadores el Tribunal Supremo. Cardenal (Gerhard Ludwig) Müller acusa
obispos alemanes de herejes.
https://www.youtube.com/watch?v=m4q1RF3xXmU

No hay comentarios.:
Publicar un comentario