GUSTAVO DA SILVA, POLÍTICA Y ANTIPOLÍTICA
Luis Barragán
En la vida política ocurre algo semejante a otros
ámbitos de la vida social: la gente también se conoce desde muy joven al
coincidir en una inquietud, alguna afición o faceta de la que no se sabe
todavía si será un desempeño de varios años o por siempre. Se está en la etapa de los descubrimientos de
una realidad que incluye el de la vocación y el talento propio.
Hay personas que gustaron del béisbol a muy temprana
edad y unas, por mucho que le dedicaran a la disciplina, la abandonaron
mientras que, otros, pudieron mantener lo que resultó una vocación incluyendo a
aquellos que las circunstancias y el talento les permitieron alcanzar el
estrellato. Y, al pasar las décadas ya en la madurez y la vejez, aquellos
muchachos que un remoto día coincidieron dentro y fuera del terreno de juego,
se reencontrarán en el afecto que siempre los unió así hayan cursado distintos
destinos.
¿Por qué no puede ocurrir en la vida política si es
una experiencia radicalmente humana como la que más? Y es pertinente la
pregunta por tres razones: por una parte, porque es natural que la vocación de
servicio s manifieste desde muy joven y, sometida a prueba por largo tiempo, en
las luchas comunes haya cupo de sobra para el afecto irrenunciable al compartir
el barco que todos reman; por otra, que la lógica experiencia que se va
acumulando puede significar la creación de otras embarcaciones y el
cumplimiento de rutas contrarias, aunque el ineludible conflicto que - tiende a
regularse – no impide que persiste el respeto y la cercanía personal; y, por
último, que son tantas las toneladas de la basura antipolítica que terminan
consagrando las funciones públicas a favor de los recién llegados con grandes
estridencias digitales, de los que nunca se supo e improvisan con el resto de
los mortales y, faltando poco, no experimentan el menor sentimiento de
solidaridad por el otro y los otros.
Esta reflexión la suscita la repentina desaparición
física de Gustavo Da Silva, otrora referencia política del estado Vargas. Lo
conocimos junto a Pablo, a mediados de un bachillerato de luchas muy intensas
en las aulas y en la calle, en la vieja casa ifedeciana de Campoamor en Los
Chorros con nuestro primer curso de formación política. Y todavía recordamos
esa primera jornada como si fuese ayer con todas sus anécdotas, con el limpio
compromiso de adolescentes convencidos de que se podía cambia el mundo, como no
lo imaginan siquiera los menos jóvenes del púnico siglo que conocen.
La política siempre hablará de trayectoria, vocación,
experiencia, conflicto regulado, reconocimiento del otro. La antipolítica improvisación,
estridencia, mitomanía,, éxito digital, ausencia de memoria y de la más
elemental solidaridad política y sobre todo humana.
El drama es el de la sustitución de la política por la
influencia, cuando la popularidad digital pretende reemplazar organización,
representación, experiencia y responsabilidad pública. a política como
biografía compartida.La política no es solamente una competencia por el poder,
sino una actividad en la que personas que comenzaron juntas, combatieron juntas
y después discreparon pueden conservar una memoria común
Gustavo, nos pone en síntonía con debate sospechosamente truncado y trucado en torno a la política y la antipolítica, a favor de los influenciadores de la telefonía inteligente que suelen tener miles de más seguidores en las redes que votos en las elecciones presenciales de cualquier naturaleza y nivel. Y, para más señas trepadores sociales que buscan el éxito en la política de los intereses más descarnados.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario