Meses antes de
caer Pérez Jiménez, acompañé a un tío a buscar tres medianos bloques de papel
común impreso, muy bien alineados y envueltos en el tipo de papel que servía a
las carnicerías para despachar sus cortes, por cierto, nada parafinados.El carro tenía alguna ligera falla, pero – en
lugar de subsanarla - prefirió él que fuésemos en autobús; en efecto, tomamos
dos mastodontes para llegar finalmente a un costado de la Plaza Francia, como
llamaban el generoso espacio de una Altamira tan fresca como la lejana Caracas.
Colocó
cuidadosamente, los bloques en el fondo de un saco de tela de coleto, porque –
comentó – aprovecharía el tránsito a pie por Chacao para comprar algunas cosas
entre dos calles que tenían un piquete extendido de vendedores de verduras,
cambures, latas de leche en polvo, y hasta ropa en oferta, entre las viejas
casas, bajo la mirada indiferente de la policía uniformada con tela de caqui y
botas altas. En el lugar, noté que
subrepticiamente mi tío entregó uno de esos paquetes y, a cambio, echaron en nuestra
bolsa abundantes legumbres de un peso obviamente más bien ligero.
Anduvimos a
pie, poco a poco, pendiente de las bolsas de caramelos que le encargaron y,
finalmente, las compramos en el mismo local que le ofertaron los perros
calientes como una novedad para la fiesta sorpresa del cumpleaños de mi primo que,
además, se perdió de probar por adelantado una delicia. Y lo fue, pues, en
lugar del tradicional corte del pan para colocar la salchicha con el chorrito
de salsa de tomate, lo abrieron por encima, le pusieron una cucharadita de
mayonesa, sal y una hojita de laurel. Empero, no pudo pactar el envío de unos
veinte perros “frescos” para la tarde porque Puente Mohedano, en cuyas
adyacencias vivía el cumpleañero, quedaba demasiado lejos para el repartidor en
bicicleta, dañada como estaba la motocicleta del “compañero” que recibió los otros
paquetes.
Por supuesto,
el llamado “delivery” de hoy, masivo y rápido con fórmulas tan automáticas de
pago, no se compara con el de ayer, aunque – más modesto – siempre lo hubo
gracias a los abastos, bares, restaurantes y floristerías que arriesgaban con
el reparto de los productos aún más delicados, como el de la cotidiana y
madrugadora distribución del pan y la leche en una flamante botella de vidrio. Fueron
muy pocas las novedades aportadas al perro caraqueño, apenas la mostaza y la
cebolla cortadita desde los sesenta, pero es ahora que también se ofrece a
domicilio con el mierdero de sabores que no saben a nada, gracias a las salsas,
los quesos, las papitas, los brontosaurios y pterodáctilos que faltan para
rellenarlos cilíndricamente.
Abriendo después
paso a lo que sería después Parque Central, en la demolidísima casa de los
abuelos, encontramos en una libreta que volvió a reaparecer por estos días, los
datos telefónicos de la casa “delyverante” original de los perros calientes que
en 1935 repartía entre las angostísimas calles de la inmensa e incómoda aldea
caraqueña: 5281 y 5989, pues quizá alguien tenga interés.El dueño se mudó después de local, y, al
pasar el susto uno de sus hijos, mal herido en puesto asistencial de la esquina
de salas en la mañana del 19 de octubre de 1945, decidió que no prestarían más
el servicio a domicilio y no tanto por los peligros de la calle, sino porque la
gente degustaba un poco más los sencillísimos perros calientes en el estadio de
San Agustín, aventajado por las frituras de marrano, en medio de la mismísima
calle: ¿a juzgar por el presente, todo un atavismo citadino?
El otro “delivery”
fue el de la propaganda antidictatorial: viajar hasta los pueblos de Chacao,
Altamira y Petare para llevar lo panfletos que apoyaban y exaltaban la Carta
Pastoral de monseñor Rafael Arias Blanco, denunciando la situación de la clase
obrera en Venezuela por aquellos días de mayo de 1957, no fue nada fácil. Por
cierto, de un lado, arzobispo del cual ya nadie se acuerda (les recomiendo el texto
de Manuel Adonís: https://biblat.unam.mx/hevila/BoletindelaAcademiaNacionaldelaHistoriaCaracas/2007/vol90/no357/8.pdf),
tuvo una actitud firme y valiente; y,
por el otro,bien difundida la Carta,
era necesario interpretarla adecuadamente y resaltarla, como en efecto se hizo
a través de los más atrevidos partidos en circunstancias harto difíciles y
hasta crueles, todavía sin fundarse la Junta Patriótica.
Comencé a entender
estas travesuras de mi tío, como supo también mamá que su hermano andaba en cosas
riesgosas, pero todo bajo un pacto absolutamente tácito de silencio: ninguno se
daba formalmente por enterado de estas y otras diligencias, aunque a veces
pesaba demasiado la angustia. Concluyendo
el bachillerato, aprendí e hice mi propia ruta “delyverativa” con
varios compañeros del salón por lo que retaba de año.
Nos refieren
que los kioscos son de vieja data en nuestras principalísimas ciudades,
probablemente hechos de inocente madera. Se suponen de una estructura ligera y provisoria en la medida que no afecte el
tránsito peatonal, aunque en la prensa de los sesenta del veinte ya se hablaba
de los problemas ocasionados por una proliferación de ilegales unidades de
hojalata.
Problema que
adquirió toda su profundidad con los años, exponente de una demencial multiplicación, reveló las otras fronteras de
la corrupción de la administración pública local. Ciertamente, no reportamos
novedad alguna en la presente centuria, pero si tomamos nota de su agudización:
simplemente, nos acostumbramos.
Desde muy antes
de la pandemia, solemos olvidarlo, la escasez, la inflación y, diríamos, la desaparición
forzosa de la moneda nacional, liquidó el negocio de los kioscos, agregándole
la consabida negación del papel periódico, el otro paso de la represión y de la
(auto)censura. Todo esto, obligó al cierre, pero
jamás a la desaparición de los kioscos ya de una literal e increíble estructura
de acero que lo convierte en todo un inmueble, eléctrica y hasta telefónicamente
servido y de buen aire acondicionado.
La urbe quedó
infestada del atípico inmueble trastocado en una curiosidad jurídica: por ejemplo,
en sí mismo, no genera efecto tributario alguno, como el llamado derecho de
frente, pero es una pieza de una modesta escala que funciona como un local
comercial, oficina, depósito, artesanía y, a veces, dormitorio, semejante a las
edificaciones hechas de bloques y cemento con bases de adecuada profundidad,
añadidas sus consecuencias fiscales. Un simple vistazo revela en cualquier metrópoli
el cierre de las mayoría de estos “locales de campamento”, la operación y
expansión de otros en un implacable proceso darwiniano.
La citada
crisis económica y financiera, cambiaria y monetaria, impactó poderosamente al
ramo que todavía se le considera integrado al sector informal, a nuestro
juicio, por error. Es cierto que el pago electrónico salvó extraordinariamente
a los kioscos de su definitiva destrucción, pero también que un creciente
porcentaje – nos dicen – exponen importantísimos volúmenes de transacción, e,
incluso, dependiendo de la ubicación, despunta en el tráfico inmobiliario.
Ha sido tan
grande el exceso de la construcción y estabilización de los kioscos ilegales
que no todos exhiben un aceptable desempeño, entre otras razones, porque
ofrecen la misma mercancía y servicios, aunque los hay más atrevidos e
innovadores con absoluta independencia de las ordenanzas de zonificación, frecuentemente
olvidadas por las autoridades municipales. Por lo demás, tienden a desarrollar
una importante carga parafiscal y el oportuno contacto con la alcaldía o la
policía, con el pago del “refresco para los muchachos”, hace la diferencia.
Hubo y hay
kioscos indispensables; por ejemplo, en los sectores más apartados de la urbe, o
que no tienen siquiera a la mano una casa de abastos o bodega. Empero, áreas anteriormente aisladas y, ahora, con el comercio formal de bienes y servicios muy cercano,
sufre innecesariamente un kiosco atravesado en el paisaje.
En las barriadas
y urbanizaciones, como zonas aledañas, experimentan otro fenómeno al lado de
los kioscos fracasados y cerrados: los exitosos y de imparable expansión. Constantemente
reconvertidos, van tomando mayores espacios públicos, impidiendo el libre y
desahogado tránsito ciudadano, tal como ocurre con las motocicletas que los
invaden para estacionarse desinhibidamente, o esas grandes casetas de hojalata
que sirven como farmacia o puesto policial.
En todos los
puntos cardinales de la ciudad capital, es fácil observar la inaudita
apropiación y privatización de sus espacios con el tiempo. A modo de
ilustración, en una amplia y muy circulada esquina caraqueña, surgió un pequeño
kiosco rectangular como una suerte de isla que exponía sus flores ordenadamente;
al pasar los años, ocuparon un espacio vecino con fondo después complementado
con la invasión del flanco opuesto que estaba "disponible", extendidas sus mercancías y, una u otra estructura complementaria de
acero y rejas, eventualmente hoy ofertan otros productos o están cerradas en espera
de un mejor postor.
Otro caso de
ensanchamiento, es el kiosco trastocado en un minicentro comercial, ubicado en
una esquina: su escaso metraje resulta engañoso, porque se prolonga, en un
extremo, al abrir sus puertas de acero, mientras que, en el otro, ocurre lo mismo, parecido a un área de
depósito al que se le añade un antiguo cesto metálico para sus desechos. Tiene varias características que preocupan: está ubicado en la esquina de una avenida
principal, dejando muy poco margen a su derecha e izquierda para el tránsito de
las personas que suele ser muy alto; como si no bastara el techo que es más
ancho que el propio kiosco, instalado recientemente, oferta sus precios con
carteles pegados a sendas gaveras de refrescos que necesita que vean los
conductores de toda clase de vehículos que atienden inmediatamente; ofrecen empanadas
y toda suerte de frituras, como de bebidas, convierte la acera en un
estacionamiento, entorpecida la entrada y tranquilidad de los residentes del edificio
al que estorban; desde las cinco y tantas de la mañana, la apertura del
particularísimo local y la atención de su variada clientela, le quita el sueño
a los vecinos; y, si de algo está lleno el sector, es de vendedores formales e informales
de empanadas y otras frituras, mejor y prudentemente colocados. Nos comentan,
las personas afectadas ya no encuentran diligencia que hacer para evitar tanto
abuso.
No somos enemigos
del kiosco citadino, pero es necesario alcanzar un orden en la materia al
afectar fundamentales derechos ciudadanos; celebramos que, en la ruda competencia
de un sector de la economía que nos parece más formal que informal, haya
personas exitosas, aunque no lucen legítimas las ganancias violentando la normativa
vigente. Existen testimonios específicos,
pero el mal es generalizado y el asunto amerita de nuestra atención; vale
decir, constituye un problema político insoslayable que tiene antecedentes en
el siglo anterior, pero que bien compaginó y agravó insólitamente el presente régimen.
Fotografías: LB, avenida Páez de El Paraíso (CCS, 12 y 14/05/24).
Meses antes de
caer Pérez Jiménez, acompañé a un tío a buscar tres medianos bloques de papel
común impreso, muy bien alineados y envueltos en el tipo de papel que servía a
las carnicerías para despachar sus cortes, por cierto, nada parafinados.El carro tenía alguna ligera falla, pero – en
lugar de subsanarla - prefirió él que fuésemos en autobús; en efecto, tomamos
dos mastodontes para llegar finalmente a un costado de la Plaza Francia, como
llamaban el generoso espacio de una Altamira tan fresca como la lejana Caracas.
Colocó
cuidadosamente, los bloques en el fondo de un saco de tela de coleto, porque –
comentó – aprovecharía el tránsito a pie por Chacao para comprar algunas cosas
entre dos calles que tenían un piquete extendido de vendedores de verduras,
cambures, latas de leche en polvo, y hasta ropa en oferta, entre las viejas
casas, bajo la mirada indiferente de la policía uniformada con tela de caqui y
botas altas. En el lugar, noté que
subrepticiamente mi tío entregó uno de esos paquetes y, a cambio, echaron en
nuestra bolsa abundantes legumbres de un peso obviamente más bien ligero.
Anduvimos a
pie, poco a poco, pendiente de las bolsas de caramelos que le encargaron y,
finalmente, las compramos en el mismo local que le ofertaron los perros
calientes como una novedad para la fiesta sorpresa del cumpleaños de mi primo que,
además, se perdió de probar por adelantado una delicia. Y lo fue, pues, en
lugar del tradicional corte del pan para colocar la salchicha con el chorrito
de salsa de tomate, lo abrieron por encima, le pusieron una cucharadita de
mayonesa, sal y una hojita de laurel. Empero, no pudo pactar el envío de unos
veinte perros “frescos” para la tarde porque Puente Mohedano, en cuyas
adyacencias vivía el cumpleañero, quedaba demasiado lejos para el repartidor en
bicicleta, dañada como estaba la motocicleta del “compañero” que recibió los otros
paquetes.
Por supuesto,
el llamado “delivery” de hoy, masivo y rápido con fórmulas tan automáticas de
pago, no se compara con el de ayer, aunque – más modesto – siempre lo hubo
gracias a los abastos, bares, restaurantes y floristerías que arriesgaban con
el reparto de los productos aún más delicados, como el de la cotidiana y
madrugadora distribución del pan y la leche en una flamante botella de vidrio. Fueron
muy pocas las novedades aportadas al perro caraqueño, apenas la mostaza y la
cebolla cortadita desde los sesenta, pero es ahora que también se ofrece a
domicilio con el mierdero de sabores que no saben a nada, gracias a las salsas,
los quesos, las papitas, los brontosaurios y pterodáctilos que faltan para
rellenarlos cilíndricamente.
Abriendo después
paso a lo que sería después Parque Central, en la demolidísima casa de los
abuelos, encontramos en una libreta que volvió a reaparecer por estos días, los
datos telefónicos de la casa “delyverante” original de los perros calientes que
en 1935 repartía entre las angostísimas calles de la inmensa e incómoda aldea
caraqueña: 5281 y 5989, pues quizá alguien tenga interés.El dueño se mudó después de local, y, al
pasar el susto uno de sus hijos, mal herido en puesto asistencial de la esquina
de salas en la mañana del 19 de octubre de 1945, decidió que no prestarían más
el servicio a domicilio y no tanto por los peligros de la calle, sino porque la
gente degustaba un poco más los sencillísimos perros calientes en el estadio de
San Agustín, aventajado por las frituras de marrano, en medio de la mismísima
calle: ¿a juzgar por el presente, todo un atavismo citadino?
El otro
“delivery” fue el de la propaganda antidictatorial: viajar hasta los pueblos de
Chacao, Altamira y Petare para llevar lo panfletos que apoyaban y exaltaban la
Carta Pastoral de monseñor Rafael Arias Blanco, denunciando la situación de la
clase obrera en Venezuela por aquellos días de mayo de 1957, no fue nada fácil.
Por cierto, de un lado, arzobispo del cual ya nadie se acuerda (les recomiendo
el texto de Manuel Adonís: https://biblat.unam.mx/hevila/BoletindelaAcademiaNacionaldelaHistoriaCaracas/2007/vol90/no357/8.pdf),
tuvo una actitud firme y valiente;y,
por el otro,bien difundida la Carta,
era necesario interpretarla adecuadamente y resaltarla, como en efecto se hizo
a través de los más atrevidos partidos en circunstancias harto difíciles y
hasta crueles, todavía sin fundarse la Junta Patriótica.
Comencé a
entender estas travesuras de mi tío, como supo también mamá que su hermano
andaba en cosas riesgosas, pero todo bajo un pacto absolutamente tácito de
silencio: ninguno se daba formalmente por enterado de estas y otras
diligencias, aunque a veces pesaba demasiado la angustia.Concluyendo el bachillerato, aprendí e hice
mi propia ruta “delyverativa”con varios compañeros del salón por lo que
retaba de año.
"El abogado estudia la
escritura y me dice que el agua del riachuelo es servidumbre legal inalienable
y forma parte integral de la propiedad, tanto como la casa o los árboles. Me
suena bien lo que dice, especialmente lo de inalienable, término que
seguramente va a impresionar al yerno. Cuando regresara hablaría yo con él,
provisto de bastón y acompañado del doctor Henry de Jesús, egresado de la
Universidad Pontificia, que gradúa excelentes abogados, experto en lo que
quisieran que fuera experto, honrado. Ha defendido presos políticos y gente
pobre que se ha visto obligada a invadir tierras ajenas. Mirada limpia, casi de
niño. No quería anticipos. Me cobró la primera cita y dijo que me cobraría el
resto después, cuando solucionara el lío del yerno y pudiera yo terminar mi
jardín. Aun para el paisajismo termina por necesitarse garrote y abogado. No
iba a hablar con el hombre, decidí entonces, ni tenía por qué hacerlo, para eso
estaba el doctor Henry. Lo sensato era que él se hiciera cargo, pues el yerno me
producía rabia, miedo y repugnancia”
-Eduardo Lira Espejo. “Música: Filarmónicos y sinfónicos”. El Nacional, Caracas, 15/02/1980.
-“Construcción de una avenida: El Gobierno del Territorio Federal Delta Amacuro decreta una importante Obra Pública” (SIC). La Esfera, Caracas, 22/07/27.
-Roberto Briceño-León. “Ciudad: El comportamiento social del Metro”. El Nacional, Caracas, 02/03/86.
-“No hay verduras en Bolívar” (Estado Bolívar, escasez, crecida de los ríos). Ahora, Caracas, 23/10/43.
-Demetrio Boersner. “La nueva sonrisa del Islam”. Economía Hoy, Caracas, 24/02/2000.
La
movilización y concentración de todas las fuerzas opositoras en la histórica
ciudad de La Victoria de nuestro querido estado Aragua, demostró la atención que
despierta la candidatura presidencial de Edmundo González, ineludible
intérprete de las actuales circunstancias. La entidad federal dio testimonio
del inmenso rechazo hacia el gobierno, traducido en la esperanza que levanta la
unidad democrática.
A pesar de las
severas amenazas de sabotaje que flotó en el ambiente del municipio, la energía
del cambio se hizo sentir, y, por supuesto, elevó el probable costo político de
alguna iniciativa violenta del oficialismo contra la pacífica manifestación
ciudadana en reclamo de un futuro diferente. Epicentro noticioso del país, la
localidad inmediatamente se identificó con el mensaje que el liderazgo unitario
transmitió traspasando las fronteras.
Poderoso el
discurso de Delsa Solórzano como de los oradores restantes, añadida la ganadora
de las consabidas primarias de la oposición, nos reencontramos los venezolanos
en el duro combate cívico planteado. Y, no cabe la menor duda, siendo el
mensaje decisivo, nuevamente contrasta la sobriedad y serenidad de Edmundo con
las estridencias de su principal contendedor en las venideras elecciones.
Hizo un calor
inmenso y devorador, pero – infinitamente paciente – la multitud esperó y participó
de un evento que tampoco pudo contrarrestar el gobierno regional con una que
otra movilización probada para la fecha. Por lo general, movilización forzada
de funcionarios públicos.
Nos sentimos
victoriosos en La Victoria, optimistas frente al porvenir. Toca a las puertas
una transición democrática: la que encabezará la unidad de todas las corrientes
sociales y políticas del país con Edmundo al frente, reclamando libertad y
democracia.
Fotografías: Delsa Solórzano, La Victoria(18/05/2024).
De Dios no sabemos ni podemos saber absolutamente nada. Ni falta que nos hace, porque tampoco necesitamos saber lo que es la vida fisiológica, para poder tener una salud de hierro. La necesidad de explicar a Dios es fruto del yo individual que se siente fortalecido cuando se contrapone a todo bicho viviente, incluido Dios.
Cuando el primer cristianismo se encontró de bruces con la filosofía griega, aquellos grandes pensadores hicieron un esfuerzo sobrehumano para "explicar" el evangelio desde aquella arrolladora filosofía. Seguro que ellos se quedaron tan anchos, pero el evangelio no necesitaba de aquellas elucubraciones metafísicas, sino de una aceptación sencilla de las verdades más simples que eran capaces de transmitir la verdadera Vida.
El domingo pasado nos preguntábamos si hablábamos un lenguaje que todos pudieran entender. Pues bien, podemos decir que el lenguaje teológico de los primeros concilios, hoy no lo entiende nadie. Los conceptos metafísicos de "sustancia", "naturaleza" "persona" etc. no dicen absolutamente nada al cristiano de hoy. Es inútil seguir empleándolos para explicar lo que es Dios o cómo debemos entender el mensaje de Jesús. Tenemos que volver a la simplicidad del lenguaje evangélico y a utilizar la parábola, la alegoría, la comparación, el ejemplo sencillo, como hacía Jesús.
Pero además, lo que la teología nos ha dicho de Dios Trino, se ha dejado entender por la gente sencilla de manera descabellada. En el tema de la Trinidad, la distinción de las tres "personas", sólo se refiere a su relación interna (ab intra). Quiere decir que hay distinción entre ellas, sólo cuando se relacionan entre sí. Cuando la relación es con la creación (ad extra), no hay distinción ninguna; actúan siempre como UNO.
A nosotros solo llega la Trinidad, no cada una de las "personas" por separado. No estamos hablando de tres en uno sino de una única realidad que es relación.
Cuando se habla con mucho énfasis de la importancia que tiene la Trinidad en la vida espiritual de cada cristiano, se está dando una idea falsa de Dios. Lo único que nos proporciona la explicación trinitaria de Dios es una serie de imágenes útiles para nuestra imaginación, pero nunca debemos olvidar que son imágenes. Mi relación personal con Dios siempre será como única realidad.
Debemos superar la idea de que "crea" el Padre, "salva" el Hijo y "santifica" el Espíritu. Esta manera de hablar es metafórica. Todo en nosotros es obra del único Dios. Decir que hay que tener devoción a cada una de las personas, es una "piadosa" interpretación del dogma. ¿Qué sentido puede tener, dirigir las oraciones al Padre Creyendo que es distinto del Hijo y del Espíritu?
Lo que experimentaron los primeros cristianos es que Dios podía ser a la vez y sin contradicción:
Dios que está por encima de nosotros (Padre);
Dios que se hace uno de nosotros (Hijo);
Dios que se identifica con cada uno de nosotros (Espíritu).
Nos están hablando de un Dios que no se encierra en sí mismo, sino que se relaciona dándose totalmente a todos y a la vez permaneciendo Él mismo. Un Dios que está por encima de lo uno y de lo múltiple.
El Dios de Jesús no es una verdad para pensar sino una realidad que hay que Vivir. No es una idea para rompernos la cabeza, sino la base y fundamento de nuestro ser. El pueblo judío no era un pueblo filósofo sino vitalista. Jesús quiso trasmitirnos que, para experimentar a Dios, el hombre tiene que aprender a:
mirar dentro de sí mismo (Espíritu),
mirar a los demás (Hijo)
y mirar a lo trascendente (Padre).
Lo más importante en esta fiesta que estamos celebrando, sería el purificar nuestra idea de Dios y ajustarla cada vez más a la idea que de Él quiso transmitirnos Jesús. Aquí sí que tenemos una amplia tarea por hacer.
Como buenos cartesianos, intentamos una y otra vez acercarnos a Dios por vía intelectual. Si nos empeñamos en continuar por ese camino, tenemos asegurado el fracaso. Creer que podemos encerrar a Dios en conceptos, aunque sean los muy sublimes de la filosofía griega, es tan ridículo que no merece la pena gastar un minuto en demostrarlo.
La realidad de Dios no podemos comprenderla, no porque sea complicada, sino porque es absolutamente simple, y nuestra manera de conocer es analizando y dividiendo la realidad. Toda la teología que se elaboró para explicar la realidad de Dios es absurda, porque Dios ni se puede ex-plicar, ni se puede com-plicar o im-plicar. Dios no tiene partes que podamos analizar por separado.
Entender a Dios como Padre, pero no como Madre, nos conduce por el camino del poder, de la omnipotencia y la capacidad absoluta de hacer lo que se le antoje. Todos los "poderosos de la tierra" han tenido mucho interés en desplegar esa idea de Dios. Según esa idea, lo mejor que puede hacer un ser humano es parecerse a Él, es decir intentar por todos los medios, ser más, ser grande, tener poder.
¡Cuantas cosas quedan explicadas desde esta perspectiva! Pero ¿de qué sirve ese Dios a la inmensa mayoría de los mortales que se sienten insignificantes? ¿Cómo podemos proponerles que su objetivo es identificarse con ese Dios? Por fortuna Jesús nos dice todo lo contrario, y el AT también, porque su Dios, empieza por estar al lado, no del faraón, sino del pueblo esclavo.
Un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, es verdaderamente útil para mantener a raya a todos los que no se quieren doblegar a las normas establecidas. Machacando a los que nos se amoldan, estoy imitando a Dios que hace lo mismo.
Cuando en nombre de Dios prometo el cielo (toda clase de bienes) estoy pensando en un dios que es amigo de los que le obedecen. Cuando amenazo con el infierno (toda clase de males) estoy pensando en un dios que, como haría cualquier mortal, se venga de los que no se someten.
Pensar que Dios utiliza el palo o la zanahoria con el ser humano como hacemos nosotros con los animales que queremos domesticar, es hacer a Dios a nuestra imagen y semejanza y ponernos a nosotros mismos al nivel de los animales.
Pero resulta que el evangelio dice todo lo contrario. Dios es amor incondicional y para todos. No nos ama porque seamos buenos sino porque Él es bueno. No nos ama cuando hacemos lo que Él quiere, sino siempre. Tampoco nos rechazará por muy malos que lleguemos a ser.
Un dios "que está en el cielo", puede hacer por nosotros algo de vez en cuando, si se lo pedimos con mucha insistencia o nos portamos bien y lo merecemos. Pero el resto del tiempo nos deja abandonados a nuestra suerte. Los resultados lo estamos viendo todos los días. Pero ese miedo a que nos abandone a nuestra suerte es muy útil para que los que actúan en su nombre nos obliguen a obedecer y ser dóciles a sus directrices.
El Dios del evangelio está en lo hondo de nuestro ser identificado con nosotros mismos. Amándonos antes que nosotros mismos y más que nosotros mismos. Ese Dios no admite intermediarios y no es útil para ningún poder o institución. Pero ese es el Dios de Jesús. Ese es el Dios que siendo Espíritu, tiene como único objetivo llevarnos a la plenitud de la verdad. Y aquí "Verdad", en contra de lo que se piensa, no es conocimiento, sino Vida. El Espíritu nos empuja a ser verdad, a ser auténticos. Llevarnos a la plenitud de la verdad es lo mismo que llevarnos a la cota más alta de ser, de Vida.
Un Dios que condiciona su benevolencia a lo que los seres humanos hagamos o dejemos de hacer, no es el Dios de Jesús. "El amor consiste, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó".
Esta idea de que Dios sólo nos quiere cuando nos portamos bien, repetida por activa y por pasiva durante tres mil años, ha sido de las más útiles a la hora de conseguir la docilidad del ser humano a intereses de jerifaltes o de grupos.
Cuántas veces hemos oído: "pórtate bien Pepito, porque si no, Jesús no te quiere". Esta idea, radicalmente contraria al evangelio ha provocado más sufrimiento y miedo que todas las guerras juntas. Sigue siendo la causa de las mayores ansiedades que no dejan a las personas ser ellas mismas.
Es una de las ideas que más rechazo sigue provocando de mi predicación. Cada vez que predico que Dios es amor incondicional, viene alguien a recordarme: pero es también justicia. Y esa justicia quiere decir para ellos: ¿Cómo puede querer Dios a ese desgraciado pecador igual que a mí, que cumplo todo lo que Él mandó?
Lo que acabamos de leer del evangelio de Juan, no hay que entenderlo como una profecía de Jesús antes de morir. Se trata de la experiencia de los cristianos que llevaban setenta años viviendo esa realidad del Espíritu en cada uno de ellos. Ellos sabían que gracias al Espíritu tenían la misma Vida de Jesús. Es el Espíritu el que haciéndoles vivir, les enseña lo que es la Vida. Esa Vida es la que desenmascara toda clase de muerte (injusticia, odio, opresión).
La experiencia pascual consistió en llegar a la misma vivencia interna de Dios que tuvo Jesús. Lo que intentó Jesús con su predicación y con su vida, fue hacer partícipes a sus seguidores de esa vivencia.
Meditación-contemplación
Hoy lo mejor será recordar unas estrofas de S. Juan de la Cruz