DE UNA BREVE RELACIÓN PARLAMENTARIA DEL PRESENTE SIGLO
Luis Barragán
Historiadores,
constitucionalistas y afines tienen y tendrán motivos sobrados para estudiar el
inédito fenómeno del parlamentarismo venezolano en el presente siglo, luego de
la irresponsable demolición política e institucional que se hizo del Congreso
de la República. Cualquier observador con los más elementales criterios
científicos y también ciudadanos podrá apreciar las altas cotas de
improvisación del socialismo de la centuria que, además, infló el artificio de
un poder popular concebido según los intereses de Miraflores.
Una breve relación apunta a
la Asamblea Nacional electa en 2000, después del apogeo de una constituyente de
mayoría insincera lograda de nuevo a favor del oficialismo mediante la fórmula
electoral de las “morochas”. Veníamos de una profunda tradición parlamentaria
que hizo presencia inevitable en la estrenada unicameralidad, pero debió
soportar las arbitrariedades de un gobierno que siguió aterrorizando con sus
huestes, por entonces “círculos bolivarianos” y “guerreros de la Vega”, toda disidencia
y oposición, atravesando los acontecimientos de 2002 que arrojaron el informe
caprichoso de una dizque Comisión de la Verdad sobre los sucesos de abril.
Por lo demás, renunciando de
antemano a sus atribuciones más acusadas, la mayoría oficialista comenzó la
costumbre después muy arraigada de aprobar leyes habilitantes, sin que ninguna
emergencia lo justificase, conduciendo a una absurda dislocación institucional
que ha pasado su factura ya por dos décadas. La oposición no asistió a las
elecciones parlamentarias de 2005, por lo que el dominio gubernamental fue
total: siquitrilló toda tradición parlamentaria y produjo una enorme lesión
republicana en una población que perdió incluso la noción misma del Parlamento,
confundiéndolo con el espectáculo casi a diario de Hugo Chávez en las cadenas
radiotelevisivas junto a sus ministros.
Otra vez, en 2010, aplicando
las maniobras electorales del caso, a pesar de ganar la oposición con poca
diferencia la votación popular, el socialismo se alzó con una mayoría simple en
el período más aterrador de todo el historial parlamentario venezolano, aún por
encima del siguiente, cuando perdió la sede física. La oposición, sin embargo,
no se dejó amilanar y con mucho coraje resistió los embates, la violencia y los
abusos de esa mayoría in situ, sin
huir de las curules y afrontando todas y cada una de las circunstancias.
Baste recordar la
habilitante-exprés, los recurrentes ataques violentos y salvajes contra los
opositores al entrar y salir de las cámaras, el manejo discrecional del
Reglamento de Interior y Debates, las golpizas en varias sesiones que
produjeron diputados malheridos dentro del hemiciclo, así como el allanamiento
y la destitución “administrativa” de parlamentarios opositores y la aprobación
de leyes destinadas a criminalizar la disidencia. A nuestro juicio, aunque la
etapa entre 2010 y 2016 comportó un mayor riesgo cotidiano para la integridad
física de los integrantes de la oposición, la dislocación socialista adquirió
toda su franqueza con el resultado electoral de 2015 hasta consumarse la trampa
en 2020.
De manera evidente y
contundentemente ganadora la oposición en los comicios de 2015, sobrevinieron
hechos indecibles en nuestra historia republicana, como la invención de un tal
desacato del Parlamento y la constituyente fraudulenta de 2017, que no hizo
ninguna otra Carta Magna pero dictó leyes a su leal antojo y “allanó”
arbitrariamente la inmunidad de diputados. Luego vinieron el asalto y secuestro
en el Palacio Legislativo en julio de
2017, también con lesiones propinadas al garete a los diputados, el asalto de
enero de 2020 para imponer una directiva igualmente a realazos y las sesiones
de la legítima Asamblea Nacional en espacios públicos y privados diferentes de
su sede natural.
Reincide el fraude
oficialista en las elecciones de 2020 y la denominada AN del 2015 extiende su
mandato por un lapso razonable, producidos los comicios que configuraron luego,
bajo el control gubernamental, la AN de 2025. Así, una institución
constitucionalmente destinada a expresar la representación nacional terminó
convertida en el escenario de una disputa prolongada acerca de la legitimidad,
la inmunidad, la sede, la elección y hasta la existencia misma del Parlamento.
Ahora asistimos a otro
fenómeno sin precedentes: la constitución de una mesa de diálogo bajo tutelaje
estadounidense, en la que se sienta una representación de la AN de 2015 y otra
de la AN de 2025, con un mutuo reconocimiento de acuerdo la probable salida
realista a una crisis demasiado prolongada. Valga acotar que dicha crisis
comenzó a cuajar desde principios de 2001 en todos los sentidos, reventando con
la derrota del chavismo en la consabida reforma constitucional, expandida y
agudizada con el desastre humanitario y la más abierta represión de la última
década.
En los dos siglos
anteriores, con todos los percances que sufrió la institución parlamentaria en
Venezuela, jamás había ocurrido algo semejante, ni siquiera bajo los más
atroces regímenes de fuerza. La paradoja acaso consista en que, después de
haber sido sistemáticamente demolido, desconocido y perseguido, el Parlamento
vuelva ahora a aparecer como una referencia inevitable para cualquier
entendimiento sobre la salida de la crisis nacional.
Fotografías: LB, Caracas (22/02 y 02/03/23)
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