martes, 6 de octubre de 2026

Recobrar al soldado profesional

FUERZA ARMADA EN LA TRANSICIÓN

Luis Barragán

Los modelos probados de transición pacífica y democrática no están limitados a un relevo de elencos en la más alta dirección del Estado, siendo lo más importante y decisivo la recuperación de las instituciones y capacidades que lo hagan posible después de desnaturalizadas por el poder despótico. Por ello, la corporación castrense ha de inscribirse en el proceso de cambio planteado y no al revés. Cuenta con particularidades como una capacidad coercitiva institucionalizada, interacción y jerarquía propias, en un ineludible cuadro de vinculación y lógica subordinación constitucional al poder civil: puede aportar a la crucial y urgida reconstrucción del Estado, aunque también contribuir a obstaculizarla o deformarla.

John Magdaleno ha advertido sobre la necesidad de no subestimar el papel de la Fuerza Armada Nacional (FAN) en una transición y, nos permitimos añadir, por desprestigiada que se encuentre, como lo revela el contraste entre los estudios de opinión del presente siglo y los del anterior. Muy fragmentaria la información disponible en torno a la vida interna de la entidad, en nuestro caso, hemos seguido a Sebastiana Barráez, quien advierte  determinadas variaciones en los mandos militares que reflejan, en alguna medida, el actual momento histórico.

Convengamos: la sola invocación de la Constitución no es suficiente para interpretar y resolver la cuestión castrense en relación con la transición, existiendo múltiples aspectos que atender en el campo legal, reglamentario, procedimental, educativo, presupuestario y meritocrático, así como las prácticas cotidianas arraigadas en las últimas décadas que no deben soslayarse. La entidad armada fue atada en la presente centuria a una concepción y expansión política, administrativa y económica ilimitada del Estado que confundió las responsabilidades civiles y militares, apelando a las bayonetas para sostenerse: el Estado Cuartel echó las bases del sucesivo e improvisado Estado Comunal, comprometido definitivamente en una variedad de funciones que excedieron el estricto ámbito militar hasta desnaturalizarlo, militarizando a la sociedad.

El soldado sencillamente dejó de serlo, proyectado como un simple funcionario público, agente de seguridad interna, operador político, comisario ideológico, gerente empresarial, gestor público, realizador local de la doctrina de guerra prolongada. La solución de imposible continuidad entre el Estado Cuartel y el Estado Comunal condujo posteriormente a la derrota militar de una forma de poder como la alcanzada y agudizada por el madurato: acaso, ¿la hipertrofia político-militar fundada en la terca y arbitraria configuración del enemigo interno no hizo posible que una potencia extranjera consiguiera extraer de Caracas al entonces comandante en jefe de la FAN y, además, en tiempo récord? Sin embargo, esa derrota, igualmente moral, no resolvió el problema venezolano: Miraflores capituló ante Washington y no ante el país.

Luce obvia la necesidad de recuperar al soldado profesional que viene de serlo anómico y comunal, afectando las capacidades operacionales y confundiendo la misión misma de la entidad de adscripción y vida. Vale decir, un soldado profesional, institucional y especializado, subordinado a un transparente y sobrio poder civil, capaz en lo doctrinario, tecnológico, personal y corporativo de velar por las armas de la República que se le confían y ante la eventualidad de un legítimo escenario bélico en defensa de la nación a la que sirve: la nuestra.

Múltiples las iniciativas pendientes, como la constitucionalización de las leyes militares con atención a un severo universo normativo, de control y rendición de cuentas, procedimientos y prácticas administrativas que no pueden depender de una coyuntura política por más que se la extienda artificialmente. O los ascensos, que hacen a la institución, permitiendo seleccionar y configurar los mandos, construir jerarquías, determinar la carrera, proyectar el porvenir de la corporación armada; valga acotar, oportunamente introdujimos un proyecto de Ley de Ascensos Militares en la Asamblea Nacional por 2020.

El control civil de la institución castrense no ha de significar control partidista alguno, como ha ocurrido irrefutablemente en esta centuria a pesar de las disposiciones constitucionales, conscientes de las dificultades que toda transición reporta sobre las fuerzas armadas, que bien las ilustran los procesos acaecidos al sur del continente décadas atrás. El soldado profesional no debe desperdiciar y arriesgar su vocación y talento en tareas distintas a la defensa de la soberanía nacional, integridad territorial, protección de la infraestructura estratégica, respondiendo a toda amenaza y peligro externo, permitiendo la confiable administración del monopolio estatal de la fuerza sin incurrir en un monopolio ilegítimo del debate y la persuasión.

Inferimos de los aportes de Harold Trinkunas que la subordinación de la FAN no aparecerá espontáneamente con la apertura y democratización, pues la transición, reivindicada como proceso, exige capacidades civiles para la gobernanza de la defensa y arreglos institucionales que confieran estabilidad a las reglas acordadas. La dinámica transicional obliga a señalar e implementar correcciones, incentivos, logros y reconocimientos concretos que permitan que haya cabalmente Estado.

Con la transición pacífica y democrática gana la FAN profesional, institucional y especializada. Y, lo mejor, recobra todo su sentido republicano.

Ilustración: 

https://apuntaje.blogspot.com/2026/09/ejercicios-graficos-para-un-par-de.html

06/10/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/10/fuerza-armada-en-la-transicion/

Cfr.

https://lbarragan.blogspot.com/search?q=Fuerza+Armada

https://lbarragan.blogspot.com/search?q=Fuerzas+Armadas

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