‒ Voy a contaros una historia. Un partido político
tenía un administrador que aprovechaba las donaciones para aumentar su cuenta
personal en Suiza. Enterado de que sospechaban de su gestión, se dijo: “Me van
a echar del partido, incluso es posible que me denuncien. En la oposición no me
darán trabajo, los bancos tampoco. ¿Qué puedo hacer? Iré anotando en una
libreta todos los datos que puedan inculpar a los jefes del partido, amenazaré
con publicarlos en la prensa, y ante el miedo de que se conozcan me dejarán
tranquilo. Luego me iré a una isla del Caribe a disfrutar el resto de mi vida.
Se les quedó mirando y les preguntó.
‒ ¿Qué os parece ese administrador?
‒ Que es un…
Pedro se cortó a tiempo, pero era claro lo que seguía.
‒ Depende del partido al que robase ‒ comentó irónico
Bartolomé.
‒ Eso lo hacen casi todos ‒ opinó Tomás.
‒ ¿Alguien está a favor del administrador?
Ninguno parecía de acuerdo y Jesús continuó.
‒ Voy a contaros ahora otra historia, pero esta vez de
un terrateniente. Un hombre rico tenía un administrador, y le llegó la denuncia
de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: "¿Qué es eso
que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas
despedido." El administrador se puso a echar sus cálculos: "¿Qué voy
a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas;
mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de
la administración, encuentre quien me reciba en su casa." Fue llamando uno
a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: "¿Cuánto debes a mi
amo?" Éste respondió: "Cien barriles de aceite." Él le dijo:
"Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta. Luego dijo a
otro: "Y tú, ¿cuánto debes?" Él contestó: "Cien fanegas de
trigo." Le dijo: "Aquí está tu recibo, escribe ochenta."
Jesús hizo una pausa y les preguntó:
‒ ¿Sabéis cuál fue la reacción del terrateniente?
‒ Lo denunció para que lo metieran en la cárcel. Los
ricos son unos…
‒ Te equivocas, Felipe. Alabó lo astuto que había
sido.
Felipe lo miró incrédulo.
‒ ¿Y a ti te parece bien?
‒ Me parece estupendamente. Es un ejemplo para todos.
Pedro se rascó la cabeza y comentó escéptico.
‒ ¿Quieres que nos dediquemos a robar?
‒ Quiero que os dediquéis a utilizar el dinero con
astucia. ¿Por qué hizo el administrador esas trampas? ¿Qué pretendía?
‒ Encontrar trabajo cuando lo echaran ‒ sugirió Sara.
‒ Algo parecido ‒ respondió Jesús‒. Cuando os conté la
historia usé una expresión distinta: lo que quiere es que alguien me reciba en
su casa. ¿Os dais cuenta de por dónde voy?
‒ No.
Jesús suspiró hondo. No acababa de acostumbrarse a la
poca inteligencia de sus discípulos.
‒ Vosotros sois como el administrador. Más pronto o
más tarde, tendréis que dar cuenta de cómo habéis administrado el dinero.
‒ El dinero, no. Nuestro dinero ‒ se atrevió a
corregir Leví.
‒ Vuestro dinero, no. El dinero de Dios. Todo lo que
tenemos es de Dios, y nos lo confía para que lo administremos. Podemos
derrocharlo alegremente, y nos pedirá cuentas por ello. Y podemos darlo a
otros, como el administrador del terrateniente, y nos ganaremos amigos que nos
paguen un viaje al Caribe.
‒ El Caribe es el cielo, ¿verdad? ‒ bromeó María.
‒ Efectivamente. Y para pagar ese viaje no se puede
ahorrar. Al contrario, hay que gastarse el dinero entregándolo al que lo
necesita.
‒ Yo prefiero pagarme el viaje por mi cuenta.
‒ Imposible. Son otros los que tienen que pagar por
ti.
‒ Lo que yo no entiendo ‒cortó Felipe‒ es eso de que
el dinero no es mío. La panadería le costó a mi padre muchos años de trabajo y
sacrificio.
‒ La panadería de tu padre, la furgoneta de Judas,
todo, son cosas pequeñas, sin valor. Lo verdaderamente valioso es disfrutar de
una habitación en el hotel del Caribe. Pero si no administras bien los bienes
que te encomiendan en esta vida, no se fiarán de ti, y no te permitirán entrar en
el hotel.
Pedro se acarició la barba.
‒ Muy complicado todo eso, maestro.
‒ ¿Es que no lo entiendes, o que no quieres
entenderlo?
La ironía de la parábola
La segunda de las dos parábolas anteriores, que
reproduce literalmente el texto del evangelio de Lucas, escandaliza a mucha
gente porque Jesús termina alabando al administrador sinvergüenza. Pero las
dificultades para entenderla parten de otros presupuestos en los que se basa
Jesús, y que van en contra de nuestra forma de ver:
1. Nosotros no somos propietarios sino
administradores. Todo lo que poseemos, por herencia o por el fruto de nuestro
trabajo, no es propiedad personal sino algo que Dios nos entrega para que lo
usemos rectamente.
2. Esos bienes materiales, por grandes y maravillosos
que parezcan, son nada en comparación con el bien supremo de “ser recibido en
las moradas eternas” (el hotel del Caribe).
3. Para conseguir ese bien supremo, lo mejor no es
aumentar el capital recibido sino dilapidarlo en beneficio de los necesitados.
La ironía de la parábola radica en decirnos: cuando
das dinero al que lo necesita, tú crees que estás desprendiéndote de algo que
es tuyo. En realidad, le estás robando a Dios su dinero para ganarte un amigo
que interceda por ti en el momento decisivo.
La idolatría del dinero
El evangelio de este domingo termina con unas palabras
muy famosas: Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a
uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo.
No podéis servir a Dios y al dinero.
Jesús no parte de la experiencia del pluriempleo,
donde a una persona le puede ir bien en dos empresas distintas, sino de la
experiencia del que sirve a dos amos con pretensiones y actitudes radicalmente
opuestas. Es imposible encontrarse a gusto con los dos. Y eso es lo que ocurre
entre Dios y el dinero.
Estas palabras de Jesús se insertan en la línea de la
lucha contra la idolatría y defensa del primer mandamiento ("no tendrás
otros dioses frente a mí"). El AT es en gran parte una condena de los
dioses paganos y de los ídolos, que aparecían como rivales del único Dios
verdadero. Al principio, los israelitas pensaban que los únicos rivales de Dios
eran los dioses de los pueblos vecinos (Baal, Astarté, Marduk, etc.). Pero los
profetas les hicieron caer en la cuenta de que los rivales de Dios pueden darse
en cualquier terreno, incluido el económico. Para Jesús, la riqueza puede
convertirse en un dios al que damos culto y nos hace caer en la idolatría.
Naturalmente, ninguno de nosotros acude a un banco o
una caja de ahorros a rezarle al dios del dinero, ni hace novenas a los
banqueros. Pero, en el fondo, podemos estar cayendo en la idolatría del
dinero. Según el Antiguo y el Nuevo Testamentos, al dinero se le da culto de
tres formas:
1) mediante la injusticia directa (robo, fraude,
asesinato, para tener más). El dinero se convierte en el bien absoluto, por
encima de Dios, del prójimo, y de uno mismo. Este tema lo encontramos en la
primera lectura, tomada del profeta Amós.
2) mediante la injusticia indirecta, el egoísmo, que
no hace daño directo al prójimo, pero hace que nos despreocupemos de sus
necesidades. El ejemplo clásico es la parábola del rico y Lázaro, que leeremos
el próximo domingo.
3) mediante el agobio por los bienes de este mundo,
que nos hacen perder la fe en la Providencia.
Unos casos de injusticia directa: Amós 8, 4-7
Amós, profeta judío del siglo VIII a.C. criticó
duramente las injusticias sociales de su época. Aquí condena a los comerciantes
que explotan a la gente más humilde. Les acusa de tres cosas:
1) Aborrecen las fiestas religiosas (el sábado,
equivalente a nuestro domingo, y la luna nueva, cada 28 días) porque les
impiden abrir sus tiendas y comerciar. Es un ejemplo claro de que “no se puede
servir a Dios y al dinero”.
2) Recurren a trampas para enriquecerse: disminuyen la
medida (el kilo de 800 gr), aumentan el precio (el paso de la peseta al euro
fue un ejemplo que pasará a la historia) y falsean la balanza.
3) El comercio
humano, reflejado en la compra de esclavos, que se pueden conseguir a un precio
ridículo, “por un par de sandalias”. Hoy se dan casos de auténtica esclavitud
(como los chinos traídos para trabajar a escondidas en fábricas de sus
compatriotas) y casos de esclavitud encubierta (invernaderos de Almería;
salarios de miseria aprovechando la coyuntura económica, etc.).
A modo deejemplo, la crítica deportiva en nuestro país gozó de una larga y
aplaudida tradición no sólo por las libérrimas transmisiones radiales de un
gran soporte publicitario, sino por las voces muy reconocidas y autorizadas que
solían respetar las exigencias, retos y vicisitudes del propio terreno de
juego, a sabiendas que no debían y, mucho menos, podían reemplazar de modo
inmediato a sus protagonistas; y, si éste fuera el caso, hablaríamos de una
frustrada aspiración por razones de edad, entre otras. La sola idea de
un reemplazo - convirtiendo al comentarista en jugador - seguramente hubiese remitido a la vocación, talento y
entrenamiento necesario de exponer, como datos fundamentales para explicar las
hazañas del béisbol, por mencionar una disciplina, pues, de lo contrario, sólo
sería una necedad el descrédito personal del manager, coach o jugador visto y, peor
aún, la pretensión de eliminar la práctica, el club y la liga entera.
A no pocos, la política como idea, propuesta, acción y
emoción, se les hace difícil de comprender y quizá el dominio académico de una
actividad tan inherente al ser humano, comprometida nada más y nada menos que la
noción de poder, no siempre lleva a una exacta correlación entre las
expectativas y los resultados reales, pero – es la convicción generalizada –
cualquiera puede improvisar una opinión y, faltando poco, en nombre de una
Hannah Arendt de la que oyó alguna cosa por ahí, sustituir por decreto a
quienes de un modo u otro lidian por un destino inevitablementecompartido. Y, ocurre en el reino de este
mundo, a falta del talento, la vocación y el entrenamiento que se suponen
indispensables, se cree suficiente denunciar cualesquiera de las calamidades
del oficio, sus corrupciones e indeseadas consecuencias, aunque no se tengan las
virtudes que exhibió alguna vez el Pink Floyd para reivindicar el rock
progresivo con su álbum “The Dark Side of
the Moon”, otro ejemplo, diciendo de la avaricia y la locura, la muerte, el
tiempo y el conflicto.
Hasta los promotores de una ciudadanía crítica que
haga naturalmente crítica ciudadana, están plenamente convencidos de las respuestas
de mediano y de largo plazos para resolver problemas de imposible solución en
el más corto o breve posible y deseado: con mayor razón en el ámbito político
que compromete a toda una sociedad, sin excepción alguna. De un inning para
otro, el equipo no tendrá al mejor pitcherni al hazañoso jonronero, como tampoco el género musical encontrará repentinamente
un inédito horizonte, pues, el simple voluntarismo a lo Regis Debray no hace
del crítico un ejecutante ideal, ni al manager o director el más inspirado
héroe sobre todo cuando se tiene por delante a un implacable régimen político y
no, una serie televisiva que rivaliza con las más cotizadas de la industria del
espectáculo.
En la política, como aspiración y oficio, todo
dirigente se presenta con un determinado historial y equipaje personal que
también dirá de sus éxitos y fracaso, en cuanto a preparación, vivencia y
experiencia acumulada, y, de tratarse de lugares obscuros que únicamente
universaliza - sin más - la llamada y bien conocida antipolítica, sólo podemos
admitir los que aporte el psicoanálisis, por citar una escuela, porque no todo es Fuenteovejuna. Lo cierto es que la mitomanía y la moralina, las
del poder y contrapoder, causan mayores estragos al impedir una consideración
estratégica de la situación hoy planteada, la necesarísima dimensión que llama y compromete a un esfuerzo creador, que la nada novedosa denuncia de las obscuridades,
por lo demás, tampoco exclusivas de la política, lo político y los políticos.
Valga la acotación, lo referido no significa que toda
ambición presidencial de aquí en adelante tenga que pasar por una evaluación
psiquiátrica bajo la mirada del más alto tribunal de la República, como alegremente
se planteó en los años setenta del veinte indicando algunos síntomas en líderes
nacionales que ni siquiera se observaron años más tarde en el caso de un
aspirante que alcanzó el rectorado de la Universidad Central. Solamente
observamos que todo ensayo (algo más que) autoritario, inexorablemente gravita
en las regiones del narcisismo que incluye a varios de sus críticos.
Ilustración inicial: Huertas para un texto de Ron Charles, "For this Little family, no stable place in a shiftinh world" (The Washington Post, 25/06/2025); y, posterior: reelaboración de una idea trillada en las redes.
"El insomnio me derrotaba, también a tu lado. Me
quedé despierto. Tiré más de ti, te apreté contra mi cuerpo y tú respondiste
enroscándote y extendiendo el brazo hasta abarcar mi tronco y colocar la cabeza
sobre mi pecho donde escucharías mi corazón. Sentí que tú también estabas
despierta, que los dos fingíamos dormir, tu respiración era suave y espaciada
pero me parecía tan simulada como la mía; pensé que tú fingías dormir para no
hablar y que yo no te hablase, pensé que fingíamos para no reconocer el fracaso,
que por primera vez ya no funcionaba, ya no dormíamos, quizás ya no volveríamos
nunca a ser capaces de dormir juntos aunque insistiéramos, roto el hechizo,
derrumbada la cúpula de silencio y oscuridad y calma que nos había protegido
hasta entonces, y tal vez por eso no has vuelto a llamarme, no hemos vuelto a dormir
juntos y no lo haremos más: porque ya no funciona"
Isaac Rosas
("Las buenas noches", Seix Barral, Barcelona, 2025: 163 s.)
- Gloria Rodrígue-Valdés entrevista a Jacinto Convit
para quien “vale más el afecto de sus pacientes que el Nobel”. El Diario de
Caracas, 28/08/85.
- Enzo del Bufalo. “Keynes y la fe de los economistas”.
Economía Hoy. Caracas, 11/10/89.
- J. J. “La adulación política”. El Nacional,
Caracas,09/08/74.
- Eva Layi. “El por qué de los dirvorcios” (Alirio
Abreu Burelli). Élite, Caracaa, N°2062 del 03/04/65.
- Félix Rossi Guerrero. “El petróleo en la década de
los años 90”. Economía Hoy, 10/05/90.
Reprodución: Ángel Cervini, presidente de Pro-Venezuela,
en el foro de Lorenzo Fernández con el empresariado venezolano. Momento,
Caracas, N° 900 del 14/10/1973.
Para comprender mejor el texto, quizás sea útil alguna
puntualización previa acerca de este capítulo tercero del evangelio de Juan.
Lo primero que hay que señalar es que, desde un punto
de vista literario, este capítulo es un auténtico rompecabezas. El lector
aprecia saltos de la primera persona del plural (“nosotros”) a la tercera del
singular, así como repeticiones y añadidos forzados que, en conjunto,
constituyen una especie de galimatías, en una monotonía de temas reiterados,
que se yuxtaponen sin llegar a alcanzar un conjunto bien trabado.
Todo ello indica algo evidente: este texto no es
producto de una redacción momentánea, ni es obra de un único autor. Durante un
tiempo prolongado, se han ido añadiendo reflexiones que surgían en medio de la
comunidad, y que algún nuevo glosador yuxtaponía al texto original.
Estas anotaciones tienen que servir al lector para que
no intente acercarse a este capítulo como si se tratara de algo bien elaborado,
en torno a un tema o hilo conductor claramente definido. Tendrá que verlo, más
bien, como una serie de reflexiones simplemente yuxtapuestas, provenientes de
momentos diferentes de la vida de la comunidad.
En segundo lugar, todo este capítulo expresa el
diálogo de las comunidades joánicas con el judaísmo, representado en la figura
de Nicodemo. Este aparece como un hombre honesto y buscador, que va al
encuentro de Jesús. Por eso, es precisamente a Nicodemo (al judaísmo) a quien
se le va a insistir en la necesidad de “nacer de nuevo”, tema que constituye el
eje vertebrador de todo ese capítulo.
En el texto que leemos hoy, aparece la imagen de
Moisés levantando la serpiente en el desierto. Para el pueblo judío, la imagen
de la serpiente recordaba, a la vez, las quejas del pueblo y la misericordia de
Yhwh. Tal como se narra en el Libro de los Números (21,4-9), ante la dureza de
la marcha a través del desierto, el pueblo empezó a murmurar contra Moisés y contra
Yhwh, que envió serpientes venenosas cuya mordedura les provocaba la muerte.
Tras el arrepentimiento y la intercesión de Moisés, este recibió el encargo de
colocar una serpiente de bronce sobre un asta: bastaba mirarla, para quedar
curado del veneno mortal.
Cuando este texto se lee de una manera literalista
–propia de una consciencia mítica-, se concluye fácilmente en una idea mágica
de la salvación. De hecho, esto fue lo que ocurrió en la historia del
cristianismo: la idea de la expiación marcaría dolorosamente la consciencia
colectiva cristiana durante más de un milenio.
Pero esa es solo una lectura, hecha desde un
determinado nivel de consciencia. Así como el pueblo judío pudo creer que
bastaba mirar a una serpiente de bronce para quedar curado de la mordedura
venenosa, de un modo similar, durante siglos, muchos cristianos pensaron que la
salvación venía producida por la muerte de Jesús en la cruz.
Quiero insistir en el hecho de que, mientras alguien
se halla en ese nivel de consciencia, tal lectura es asumida sin dificultad. Lo
cual no quiere decir que no contenga consecuencias sumamente peligrosas, entre
las que habría que apuntar las siguientes:
· imagen de un dios ofendido y vengativo hasta el
extremo;
· idea de un intervencionismo divino, arbitrario y
desde "fuera";
· idea de una pecaminosidad universal, previa incluso
a cualquier decisión personal (creencia en el "pecado original");
· instauración de un sentimiento de culpabilidad,
hasta alcanzar límites patológicos;
· creencia en una salvación "mágica",
producida desde el exterior.
Sin embargo, es posible otra lectura que, reconociendo
el carácter “situado” y, por tanto, inevitablemente relativo de los textos
sagrados, accede a un nivel de mayor comprensión y libera al creyente de tener
que seguir aferrado a un pensamiento mágico o mítico que, por la propia
evolución de la consciencia le resulta ya, no solo insostenible, sino
perjudicial.
Desde esta nueva lectura, el cristiano sigue fijando
su mirada en Jesús, y en Jesús crucificado. Pero ya no es una mirada infantil
ni infantilizante. Ahora ve en Jesús y en su destino –provocado por la
injusticia de la autoridad de turno- lo que es el paradigma de una vida
completamente realizada: fiel y entregada hasta el final. Por ese motivo, el
hecho de “mirar la cruz” empieza a ser ya salvador: nos hace descubrir en qué
consiste ser persona.
Pero no se trata solo de una mirada “externa”, que
podría desembocar, en el mejor de los casos, en una conducta imitativa, que no
dejaría de ser alienante. Desde una consciencia transpersonal y desde el modelo
no-dual de conocer, la lectura se ve enriquecida hasta el extremo.
Al ver a Jesús, nos estamos viendo a nosotros mismos.
Desde esta nueva perspectiva, Jesús no es un “mago” que nos salvara desde
fuera; tampoco es un “ser celestial separado” diferente de nosotros. Es lo que
somos todos…, aunque sigamos sin atrevernos a reconocerlo.
Breve nota LB: De acuerdo con la Santa Sede, la lectura de hoy corresponde a san Juan, pero en la Hoja Dominical y, efectivamente en la Misa, se leyó a san Lucas, como se apreciará: en la dirección electrónica y la captura de pantalla, en un caso, y en la captura de la reflexión del hermano Naudy Mogollón, en el otro: https://www.vaticannews.va/es/evangelio-de-hoy/2025/09/14.html. Señaló el padre Peraza que, hoy, enmuchas partes del mundo es fiesta de la Cruz que nosotros celebremos en el mes de mayo, por lo que - acá -se sigue el tiempo ordinario.
De acuerdo a la Hoja Dominical, tratamos de san Lucas:
LOS TRES PERSONAJES REPRESENTAN DISTINTOS ASPECTOS DE NOSOTROS MISMOS
Fray Marcos (Rodríguez)
[San Lucas, 15: 1-32]
La liturgia propone la parábola del "hijo
pródigo" con la intención de que nos identifiquemos con el hijo pródigo.
Pretende hacernos tomar conciencia de nuestros pecados, e invitarnos a la
conversión.
Sin embargo, hay que tomar buena nota de que esta
parábola no va dirigida a los publícanos y pecadores, sino a los fariseos y
letrados que murmuraban de Jesús porque acogía a los pecadores y comía con
ellos.
Descalifica a los que se creen buenos y son incapaces
de aceptar a los que no son como ellos.
Se trata de un relato ancestral que se encuentra en
todas las culturas. Es un producto del subconsciente colectivo que expresa
realidades escondidas de nuestro ser profundo. Es un prodigio de conocimiento
psicológico de la persona humana, pero también, un alarde de experiencia
religiosa.
Desde el punto de vista personal, la comprensión de
esta parábola ha sido para mí una verdadera iluminación. He visto reflejada en
ella de manera sublime todo lo que debemos aprender sobre el falso yo y nuestro
verdadero ser.
Pero también, la necesidad de interpretar la parábola,
no desde la perspectiva de un Dios externo a nosotros, aunque sea padre
misericordioso, sino desde la perspectiva de un Dios que se revela dentro de
nosotros mismos y actuando desde dentro. Yo mismo tengo que ser el Padre que
tiene que perdonar, acoger e integrar todo lo que hay en mí de imperfecto y
engañoso.
El padre es nuestro verdadero ser, nuestra naturaleza
esencial, lo divino que hay en nosotros. Es la realidad que tenemos que
descubrir en lo hondo de nuestro ser y de la que tanto hemos hablado
últimamente. No hace referencia a un Dios que nos ama desde fuera, sino a lo
que hay de Dios en nosotros, formando parte de nosotros mismos y que se
relaciona con nosotros desde nuestro centro.
Esa verdadera realidad que somos está siempre abierta
y esperando abrazar a todo lo que hay en nosotros. Es el fuego del amor que
espera abrazar y fundir todo el hielo que encuentra en nosotros. Esa realidad
fundante, nunca lucha contra nada sino que lo intenta abarcar todo e integrarlo
en ella misma.
Los tres personajes representan distintos aspectos de
nosotros mismos.
El hijo menor simboliza nuestro "yo",
nuestra naturaleza egocéntrica y narcisista que nos domina mientras no
descubramos lo que realmente somos. Es la ola que se siente capaz de vivir sin
el océano, porque lo considera una cárcel. Quiere seguir siendo "yo".
Opone resistencia a todo lo que no es ella y cree que lo que no es ella la
puede aniquilar. De ahí, tarde o temprano, surge la inseguridad. Tiene que retornar
a su verdadero ser, porque lo que alcanza por ese camino nunca podrá
satisfacerle.
El hijo mayor representa también nuestro
"ego", pero un yo que ya ha experimentado su verdadero ser; aunque no
se ha identificado todavía con él. Vive al lado de su naturaleza esencial (el
Padre), pero sigue aún apegado a su naturaleza egocéntrica. De ahí que
permanezca en la dualidad que le parte por medio.
Sigue creyendo que la individualidad es imprescindible
y no puede aceptar el verdadero ser de los demás, porque no se ha identificado
con su verdadero ser. El "yo" y el "ser verdadero" aún
siguen separados. El Padre que ya ha descubierto y acepta en el exterior, lo
tendrá que descubrir en su interior y en los demás (el hermano).
El aparente buen comportamiento está motivado por el
miedo a perder el cariño del Padre y no es ninguna virtud sino una
manifestación más de su egoísmo y falta de seguridad en sí mismo. Le falta dar
el último paso de desprendimiento del ego e identificarse con lo que hay de
divino en él, el Padre.
Todos tenemos que dejar de ser "hermano
menor", y también tenemos que superar el estadio de "hermano
mayor", para convertirnos finalmente en "Padre".
La insistencia maniquea de nuestra religión en el
pecado, nos ha hecho interpretar la parábola de una manera reduccionista. Es un
error llamar a este relato la parábola del "hijo pródigo". Si nos
fijamos en el contexto, veremos que el motivo de la narración es que los
fariseos y letrados critican a Jesús porque acoge a los pecadores y come con
ellos. No va dirigida a los pecadores para que se arrepientan, sino a los
fariseos para que cambien su idea de Dios.
Se trata de defender la postura de Jesús para con los
publicanos y pecadores, que manifiesta lo que es Dios para cada uno de
nosotros, seamos "buenos" o "malos". En la manera de actuar
con los dos hijos, el Padre de la parábola hace presente a Dios; de la misma
manera que Jesús al acoger a los pecadores está haciendo presente a Dios.
Normalmente hemos considerado la parábola como
dirigida a los "hijos pródigos". Da por supuesto que todos tenemos
mucho de hijo menor, que es el malo. La verdad es que el mayor no sale mejor
parado que el menor y debía de ser objeto de una atención más cuidada.
Es relativamente fácil sentirse hijo pródigo. Es fácil
tomar conciencia de haber dilapidado un capital que se nos ha entregado antes
de haberlo merecido. Como el hijo menor, es fácil tomar conciencia de que hemos
renunciado al padre y a la casa, hemos deseado que estuviera muerto para
heredar, hemos traicionado a la familia, hemos renegado del entorno en que se
había desarrollado nuestra existencia.
Todo para potenciar nuestro egoísmo, para satisfacer
nuestro hedonismo a costa de lo que se nos había entregado con amor. El fallo
estrepitoso del hijo menor de la parábola, y la situación desesperada a la que
le ha llevado, facilita la toma de conciencia de que ha ido por el camino
equivocado. Le hace entrar dentro de sí y descubrir que hay que rectificar.
Más complicado es el caso del hijo mayor. También está
alejado del Padre, pero le será mucho más difícil descubrirlo. Había obedecido
en todo, pero esa actitud externa no iba acompañada de una maduración interna.
Es más difícil que descubramos en nosotros al hermano mayor, y sin embargo,
todos tenemos muchos más rasgos de éste que del menor.
Con frecuencia, no entendemos el perdón del Padre para
con los pródigos, nos irrita y molesta que otras personas que se han portado
mal, sean, a la postre, tan queridas como nosotros. No percibimos que rechazar
al hermano es rechazar al Padre. No sólo no nos sentimos identificados con el
Padre, sino que intentamos, por todos los medios, que el Padre se identifique
con nosotros; cosa que no le pasa por la cabeza al hermano menor.
Desde esa perspectiva tampoco descubrimos que tenemos
que regresar al Padre. Por eso la parábola deja en un suspense inquietante la
respuesta del hermano mayor. No nos dice si el hijo hace caso al padre y se
incorpora a la fiesta. Esto nos tiene que hacer pensar.
El padre espera a uno con paciencia durante mucho
tiempo, sin dejar de amarle en ningún momento; pero también sale a convencer al
otro de que debe entrar y debe alegrarse; demuestra así, en contra de lo que
piensa y espera el hermano mayor, que su amor es idéntico para uno y para otro.
El Padre espera y confía que los dos se den cuenta de su amor incondicional.
Ese amor debía ser motivo de alegría para uno y para otro.
El llegar a ser Padre, no supone el ignorar nuestra
condición de hermano menor y mayor, hay que aceptarlo, hay que saber convivir
con lo que aún hay en nosotros de imperfecto. Debemos intentar superarlo, pero
mientras ese momento llega, hay que aceptarlo y sobrellevarlo desplegando el
amor incondicional del Padre.
Tanto el hermano menor como el hermano mayor que hay
en cada uno de nosotros, debe ser objeto del mismo amor. La parábola no exige
de nosotros una perfección absoluta, sino que nos demos cuenta de que nos queda
un largo camino por recorrer. Lo que pretende es ponernos en el camino de la
verdadera conversión: la superación de todo egoísmo e individualismo.
El descubrimiento de que somos el hermano menor y, la
vez, somos el hermano mayor, nos tiene que hacer ver el objetivo de la
parábola, que es el Padre. Todos estamos llamados a dejar de ser hermanos e
identificarnos con el Padre como Jesús. (Aquí podemos descubrir un profundo
significado de la frase de Jesús: "Yo y el Padre somos Uno").
Nuestra maduración personal tiene que encaminarse a
reproducir la figura del Padre. "Sed misericordiosos como vuestro padre es
misericordioso". El relato nos tiene que hacer ver, que siempre habrá en
nuestra vida, etapas que hay que superar por imperfectas.
Nuestra atención no debemos centrarla en la superación
de la condición de hermanos sino en aproximarnos al Padre, que imita a Dios.
Para Jesús, el que Dios sea Padre no significa que es una persona a la que se
le puede aplicar la cualidad de padre. Se trata más bien de descubrir en la
relación padre-hijo lo esencial de Dios. Podíamos decir que Dios no es un
padre, sino la paternidad. Ser Padre-Amor, pertenece a la misma esencia de
Dios.
Resumiendo: Permanecer alejados de nuestro verdadero
ser es alejarse de Dios y caminar en dirección opuesta a nuestra plenitud. Pero
vivir junto a Dios sin conocerlo e imitarlo, es hacer de Él un ídolo y alejarse
también de la meta, pero creyendo que caminamos hacia ella; lo que hace mucho
más difícil que podamos rectificar.
Meditación-contemplación
Yo y el Padre somos UNO.
Es la mejor expresión de lo que fue Jesús.
Tú también eres UNO con Dios, pero todavía no te has
enterado.
El día que lo descubras,
esa frase saldrá también de lo más hondo de tu ser.
.............................
Descubre lo que hay en ti de hermano menor:
me dejo llevar por el hedonismo individualista,
busco lo más fácil, lo más cómodo, lo que me pide el
cuerpo...
Mi objetivo es satisfacer las exigencias de mi falso
"yo".
...............................
Descubre lo que hay de hermano mayor:
busco la cercanía de Dios, pero fabrico un Dios a mi
medida,
un Dios que me quiera, porque soy mejor que los demás
La vuelta ciclística de España se ha visto afectada
por la recurrente protesta contra la participación del equipo israelí, a raíz
de los consabidos sucesos de Gaza. Son varias las interrupciones sufridas por
el prestigioso evento en sus etapas de Figueres (27 de agosto), Bilbao (3 de
septiembre), Laredo (4) y Angliru (5), con una profusa exhibición de pancartas
y banderas palestinas, bloqueo de carreteras, susceptible de agravar toda
noticia de acuerdo a los riesgos y peligros que igualmente corren
manifestantes, manifestados y terceros inocentes.
Notable la coincidencia de Izquierda Unida y Podemos
en la tentativa de boicot de la representación de Israel, al igual que la gran
sensibilidad de regiones por la causa palestina, como la del País Vasco y
Navarra. Parece demasiado obvio que nada espontánea es la campaña, la vasta
campaña que le da sentido al ultraísmo de izquierda, provocando y aguijoneando
al otro ultraísmo, el de derecha, forzando de nuevo la polarización, mientras
siguen su curso los más variados y fundamentales problemas del país y del mundo,
resistidos a la burda esquematización.
Suelen acusar a los pedalistas judíos de ejercer una
directa y personal representación del premier Netanyahu, y, en todo caso, gozar
del financiamiento de su cercano Sylvan Adams; o de fungir de cómplices
silentes del nada más y nada menos que genocidio y literal limpieza étnica de
miles de gazatíes, promotores de hambrunas trastocados en expertos lavadores de
imagen. Se ha dicho, la pretendida expulsión de los israelíes tiene como
precedente la que se hizo efectiva de los rusos (Gazprom-Rus Velo), después de
la invasión de Ucrania, según la modesta indagación que nos permitimos hacer sobre
el tema; agreguemos la conformación de sendas plataformas, como Gernika
Palestina, para coordinar las pacíficas actividades de protesta en las vistosas
jornadas deportivas, permitiéndonos - ¿por qué no? – sospechar de otras
iniciativas que le dan, pudieran o pudieron dar visos de sofisticación a la
barbarie, pues, la idea mínima es la de generar una descomunal confusión,
malentendido y falsificación de los hechos de no tratarse propiamente de los
actos terroristas.
Hemos fijado con anterioridad nuestra postura en la
materia, pero importa reiterar algunas observaciones, por ejemplo: en un
sentido, el occidente europeo es un escenario confiable y seguro para la
movilización y la protesta por la causa palestina, aun tratándose de estelares
sucesos deportivos (sumemos el giro de Italia y el tour de Francia este mismo
año), sin que nunca los gazatíes hayan tenido oportunidad de apenas quejarse y
reclamar, mucho menos protestar, a Hámas y a otras potencias y organizaciones
terroristas que los condujeron a la actual situación; valga la paradoja, con o
sin razón, el propio gobierno israelí ha sido objeto de las más encendidas
manifestaciones en casa. En otro sentido, al lado de la más genuina y sentida
indignación frente a los excesos del ejército deinevitable ocupación que ha bombardeado
también capillas o iglesias católicas en la Franja, tampoco existe el
testimonio real y sostenido de las autodenominadas fuerzas progresistas para
comprender y aceptar que hubo un Pearl Harbor judío en octubre de 2023 (como lo
llamó recientemente Eduardo Inda, columnista del diario español La Razón), con
todas las ya sabidas consecuencias; esto es, persistentemente evaden la
discusión a fondo, apelan y apelan cómodamente a la terribilísima noción de
limpieza étnica, demasiado escasamente documentada, a manos de un pueblo que
padeció el Holocausto, por cierto, frecuentemente negado por algunas de esas
fuerzas.
Lo que ocurre en el Medio Oriente, no debe contentar a
nadie. Sin embargo, reparemos en la perversa hondura de una propaganda que hace
estragos y toma desprevenidos, incluso, a probados intelectuales como Pedro
García Cuartango: entrevistado por Ricardo Cayuela para The Objective, tras
condenar el genocidio, por lo menos, tuvo ocasión de aclarar que, antes, Hámas
pretendió hacer lo mismo con los israelíes a los que les reconoce el derecho a
defenderse de tan insólita agresión.
Entonces, luce recomendable que siempre se aclaren las
posturas dado el inaudito beneficio que versiones sesgadas o incompletas
prestan al terrorismo. Valorados como escenarios ideales para la agitación, el
ciclismo tiene importantes citas pendientes en Quebec, Montreal y Lombardía,
aunque nada casual que todas las perturbaciones políticas referidas resulten
radical y significativamente imposibles para el Tour de Guangxi (China), el
venidero mes de octubre.
Por definición, hechos semejantes no ocurren en el
oriente totalitario y fundamentalista, pero hay sectores políticos e
ideológicos que se creen de una irrefutable superioridad moral que el resto de la
humanidad – simplemente – no tiene. Sobre todo, por estas latitudes de un
wokismo aún más arbitrario y absurdo, devenido Estado.
Ilustración: Marcelo Hepp.
Fotografía: Miguel Oses, La Razón (Madrid, 04/09/25).