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martes, 25 de agosto de 2026

Tender caminos

DE UNO Y OTRO LIDERAZGO

Luis Barragán

De reducir el problema del liderazgo a una faceta de la consabida literatura de autoayuda, no habrá de sorprender el reproche ante la menor dificultad confrontada: ¿quién se robó mi transición?, preguntarán inmediatamente quienes conciben el cambio como obsequio de una simple manifestación de voluntad o como extravío supersticioso en medio de la perplejidad. Sin embargo, la conducción adquiere propiedades inequívocamente políticas al tratarse de una determinada etapa histórica que, faltando poco, requiere de una reflexión creadora antes que del panfleto de ocasión.

Hemos trabajado el liderazgo de anticipación y el transicional, cuyas diferencias no eliminan las dimensiones comunes que igualmente los explican de acuerdo al cuadro anexo. Resulta excepcional que una misma persona, grupo o generación reúna simultáneamente la capacidad de advertir la crisis antes de que se haga evidente, postular un proyecto alternativo y, llegado el momento, procurar su realización.

Por ello, resulta inútil una definición genérica del liderazgo y su aplicación mecánica al fenómeno político, donde mejor y naturalmente despunta su naturaleza, características y alcances. Anticipatorio y transicional permiten distinguir tiempos y funciones, pero también revelar cómo un liderazgo puede trascender al dirigente que inicialmente lo ejerce, institucionalizándose y multiplicándose.

La anticipación descubre una posibilidad histórica, dándole a la observación y la denuncia el vuelo de la imaginación;  la transición obliga a la construcción política de esa posibilidad sometida a las inclemencias de una realidad impostergable. No siempre se complementan uno y otro liderazgo en el terreno de la lucha persistente, árida y desigual.

En la vida política hay tareas crecientemente compartidas que tienden a la especialidad para alcanzar con eficacia las metas comunes, aunque no es frecuente que, al mismo tiempo, destaquen por conjugar el pensamiento y la acción con la posterior e inesperada obligación de gobernar; añadidura circunstancial, pues la trascendencia política no la garantiza solamente el desempeño de altas posiciones ejecutivas del Estado. Y, así, en el segundo mandato de Rafael Caldera, fueron las circunstancias las que llevaron a Teodoro Petkoff y a Abdón Vivas Terán a ocupar importantes funciones públicas, conocidos como recios polemistas y comprometidos activistas de partido en aceras contrarias, décadas atrás.

Otrora enfants terribles, dirigentes desafiantes y asimismo incómodos en el seno de partidos de una vigorosa elaboración doctrinaria, sostuvieron posiciones que la experiencia fue atemperando, sin que por ello desaparecieran las convicciones originales, permitiéndoles asumir el realismo de Estado y sus riesgos de lidia, contrapuesto al pragmatismo obsceno, vacío y oportunista. Someter las ideas a la dura prueba de una realidad insobornable no implica renunciar, avergonzado, a ellas.

Más allá de los juicios de valor que susciten, los casos de Petkoff y Vivas Terán permiten apreciar las capacidades anticipatorias y transicionales en dirigentes de una diferente tradición política y doctrinaria. Coincidieron significativamente en las postrimerías de un siglo, exponiendo una paradoja políticamente relevante: la antigua rivalidad ideológica desembocó en un realismo macerado para responder a algo más que a una coyuntura, como quizá pocos lo supusieron, agotado el programa puntofijista.

Contemporáneos, mas no coetáneos, sus trayectorias tuvieron origen en la lucha estudiantil, liceísta y universitaria, y luego se proyectaron sobre partidos de una fuerte institucionalidad, donde encabezaron tendencias de larga duración hasta la ruptura. Y, corroborando la noción de liderazgo distribuido recientemente referida por Emilio Venuti en estas páginas de El Nacional, ambos produjeron liderazgo y contribuyeron a multiplicar las capacidades necesarias para la vida política, universitaria, parlamentaria, gremial de una dirigencia comprometida.

Enfrentaron la crisis del modelo rentista, todavía hoy irresuelta. Vivas Terán, economista, desde la estructura política y administrativa del gobierno; Petkoff, economista, desde la conducción de Cordiplan y la ejecución de la Agenda Venezuela, en la que pensamiento y acción tuvieron que encontrarse con el tiempo histórico, la sociedad, la organización y el poder.

Aceptemos: anticipar sin un posterior tránsito quedará reducido al diagnóstico, por acertado que sea; y transitar sin anticipación terminará en la administración del desorden establecido. De lo que se trata es de transformar una posibilidad histórica en una posibilidad políticamente realizable, administrando conflictos, coaliciones, instituciones, peligros y riesgos sin convertir el realismo en renuncia al pensamiento.

Interesante lección para los últimos días del presente.

Ilustración: Erik Johansson.

Fotografía: Justo Molina. Momento, Caracas, N° 721 del 10/05/70). Procesada a través de IA. 

25/08/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/08/de-uno-y-otro-liderazgo/

martes, 18 de agosto de 2026

De la orquestación cívica

EVOCACIÓN DEL LIDERAZGO DE ANTICIPACIÓN

Luis Barragán

Reconozcamos una habilidad frecuentemente inadvertida del régimen que conceptualmente lo es, a pesar de la irritación que suscita el término en el oficialismo: además de reprimir y excluir, desde principios del presente siglo promovió a determinadas individualidades y grupos de oposición, algunos noveles u otros ajenos al oficio, alcanzando una cierta selección artificial del liderazgo alternativo. Así, logró efectivamente neutralizar a aquellos de probada experiencia, a los que poco resistieron el nuevo orden de cosas, como muy pocos consiguieron sobrevivir al rudo modelo que se impuso para el desempeño público. Sin embargo, ahora, el agotamiento ha dado alcance a los tozudos elencos del poder, de obscuros intereses ya expuestos a la intemperie, y la perspectiva histórica apunta a la necesidad de fuerzas emergentes consecuentes con una tradición republicana, capaces de concebir, idear y hacer la política de un modo diferente.

Por ello, es necesario mirar aún más atrás para dar el salto más adelante todavía respecto a lo que podemos llamar el liderazgo de anticipación, pues lo hubo en reiteradas ocasiones en la centuria anterior: dirigentes políticos de pensamiento y acción —caras de una misma faceta— capaces de percibir el agotamiento o la insuficiencia de un orden cuando todavía no constituía una conciencia predominante, denunciarlo y esforzarse por implementar un proyecto histórico concreto para superarlo, llegasen o no a la dirección del Estado. Anticipaban, precisamente, porque no se limitaban a responder a la crisis una vez instalada: la advertían, procuraban darle sentido y se preparaban políticamente para el cambio que ella anunciaba, aun cuando no tuviesen asegurado el acompañamiento social ni la certeza de un desenlace inmediato.

La caída de la dictadura perezjimenista devolvió al escenario público a los actores políticos que hicieron posible una transición, evitando la regresión que constituye el riesgo inherente a todo proceso de cambio que se respete. Nos referimos a un liderazgo sistémico que produjo el relevo necesario, con una década y media de amargo aprendizaje que no cabría hoy en una pantalla, por inteligente que fuese el teléfono, incubado antes en liceos y universidades.

Solemos apreciar los sucesos de 1958, por ejemplo, desde una cómoda perspectiva histórica, como si aquella agitación tras agitación hubiera respondido a un libreto previo, libre de cualquier acertijo y angustia. Ni siquiera llegó al mes el consabido derrumbe dictatorial cuando volvieron al país para recorrerlo, salieron de la cárcel o de la clandestinidad para hacerse de la calle, los dirigentes partidistas que no tuvieron garantía alguna de su libertad, seguridad e integridad personal, afrontando un largo 1958 que produjo —hasta nuevo aviso— dos serísimos intentos de golpe de Estado, uno de ellos sangriento.

Aquella transición recaló en una crisis definitivamente existencial con la insurrección armada que, lejos del convencional desempeño como simples operadores, obligó a las —por entonces— nuevas generaciones de todo signo a realizar un intenso trabajo de articulación política con arraigo social, en defensa de una concepción de la persona, el mundo y las cosas que aportó a la consciencia ciudadana. Los hubo rebeldes aun tratándose  curiosamente del mismo espacio político e ideológico compartido con los más adultos, con clara vocación por el debate escenificado igualmente en el propio terreno social, con peso propio: líderes estudiantiles que multiplicaron a sus sucesores y, haciendo de la trinchera un aula (y viceversa), elevaron la capacidad sistémica al servicio de la libertad y de la democracia, así fuesen escasos los medios disponibles e incierto el desenlace de todos sus sacrificios.

Útil metáfora, la dirección de orquesta muestra la dimensión sistémica del liderazgo más allá de suscitar grandes emociones, colocar el acento personal y ponderar los límites de la ejecución. Décadas atrás, el conductor de una firme batuta reconocía el talento de los ejecutantes, no era celoso de su protagonismo, sabía que no había cupo para sus adulantes y sospechaba de toda crítica y de la audiencia, complacientes.

El liderazgo inconfundiblemente político, importa subrayarlo, consiguió la debida relación y correlación de espacios sociales, generacionales e ideológicos: anticipaba problemas, bregaba por respuestas, las defendía en cualquier terreno y rectificaba si era preciso. Le dio alcance un realismo capaz de generar confianza porque las convicciones eran demostradamente fuertes: una sabia orquestación política de la que las circunstancias actuales, si aspiran a un genuino e inequívoco cambio histórico, tienen todavía enormes lecciones que extraer.

Reproducciones procesadas por ChatGPT: 

Vicente Emilio Sojo, el Orfeón Lamas y la Orquesta Sinfónica Venezuela:

https://lbarragan.blogspot.com/2020/05/la-batuta-historica.html

Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, llegando a la plaza aérea del Centro Simón Bolívar para un mítin unitario. El Universal, Caracas, 10/02/1958.

18/08/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/08/evocacion-del-liderazgo-de-anticipacion/

lunes, 17 de agosto de 2026

Equilibrio para tomar impulso

DEL TSJ EN EL EXILIO Y LOS ALREDEDORES DE LA TRANSICIÓN

Luis Barragán

Únicamente lo niegan los beneficiarios del actual orden de cosas: las grandes mayorías aspiran a un cambio político y también social, frustrado en distintas circunstancias del pasado, al que la violencia abierta y descarnada ha pretendido responder con una suerte de extorsión a perpetuidad. Empero, el poder despótico se degrada y, cuando advierte la proximidad de su agonía, procura prolongarla a costa de los demás.

No es una peculiaridad venezolana, sino que expone una experiencia universal: la del cambio resistidos, cuyos costos políticos suelen intentar compensarse con los de la vida y la integridad de los inocentes; acumuladas demasiadas amarguras que alimentan el revanchismo, una ruptura precipitada puede traer riesgos inimaginables, incluso con el mantenimiento o regreso del régimen desplazado. De allí la gravísima responsabilidad que recae sobre la conducción política de la oposición, obligada a procurar el cambio sin convertirlo en una nueva fuente de frustración e inestabilidad.

Afortunadamente, la academia estudió desde los años ochenta del siglo pasado las experiencias de cambio producidas en distintos continentes, delimitó su naturaleza, identificó características y fases, y hasta se aventuró a promediar su duración bajo una denominación que pudo ser cualquier otra: transición política. Las ciencias sociales ofrecen perspectivas para aproximarse al éxito o al fracaso, a la tentativa o a la frustración, pero ninguna ha conseguido inventar una receta infalible ni garantizar que pensar una transición equivalga a hacerla.

No otro es el contexto del inmenso problemario judicial que recibirá Venezuela, después de haber sacrificado la noción más elemental de justicia y comprometido la honestidad, competencia y eficacia de sus operadores, desde el magistrado hasta el bedel del despacho. Ya se ha llegado, incluso, a generalizar la desconfianza y el temor en los condominios hacia la figura de los jueces de paz para resolver el pleito vecinal que alguna vez encontró salida, quizá con mayor sencillez y eficiencia, en la antiguas jefaturas civiles.

Ya está fijada la oportunidad para afrontar —o pretender afrontar— la indispensable renovación que ojalá sea integral del Tribunal Supremo de Justicia, y diremos que peor es nada, particularmente después de tantos fracasos en los que la oposición no dispuso de la fuerza que ahora impone Estados Unidos, como tampoco la tuvo cuando pudo invocarse oportunamente el TIAR, tardíamente diligenciado durante el anterior interinato, el de Juan Guaidó.  Esta circunstancia no debería hacernos olvidar a los magistrados que la mayoría de la legítima Asamblea Nacional electa en 2015 designó oportunamente y que, por aceptar aquel nombramiento y juramentarse ante la plenaria, sufrieron persecución e injusto exilio.

Conviene aclarar que la fracción parlamentaria a la que pertenecía quien suscribe no formó parte del comité que procesó, postuló y promovió aquel conjunto de juristas, y ni siquiera participó directa o indirectamente en la consulta políticamente aconsejable de sus nombres; tampoco tenía relación de vista, trato y comunicación con ninguno de ellos, y nuestra posición fue la de una prudente abstención. Precisamente por ello, sin afán de postulación alguna, y menos aún cuando no tenemos influencia directa sobre las negociaciones, parece justo recordar a quienes no abandonaron sus responsabilidades bajo las inclemencias del destierro y continuaron aportando a la causa venezolana.

Por ejemplo, señalemos a Luis Manuel Marcano Salazar, a quien conocimos personalmente en la sede de la embajada de Chile donde encontró refugio y desde la cual, junto a otros compatriotas, pudo salir hacia ese gran país del sur que tan generosamente lo acogió; jamás se desprendió de la tragedia venezolana y, con un extraordinario testimonio académico, contribuyó a pensar su reconstrucción. Su exigente bibliografía que combina inquietudes jurídicas y literarias, nos condujo primero al entonces novedoso principio de la responsabilidad de proteger (R2P), cuyo libro fundamentó nuestras intervenciones a cámara plena, y luego a una muy pertinente investigación sobre la transición política venezolana este mismo año; ahora, en fecha recentísima, tenemos  El paradigma de la disolución judicial, obra de enorme trascendencia prologada por Luis Almagro y Jörg Alfred Stippel, que llevamos a medio camino. Por eso, cuando se hable del llamado “TSJ en el exilio”, conviene recordar que no se trata de una abstracción ni de una instancia judicial completa, sino de personas concretas que pagaron muy caro aquel juramento y que, más allá de cualquier decisión sobre la futura integración del Tribunal, merecen no ser olvidadas.

Reproducciones: empleo de la IA a partir de “Mundial de levantamiento de pesas juvenil se vive en el Panam Sport Channell” (21/05/2024);

https://www.panamsports.org/noticias-deportivas/el-mundial-de-levantamiento-de-pesas-juvenil-se-vive-en-el-panam-sports-channel/

domingo, 16 de agosto de 2026

Trapos al sol

LA 2015 EN LOS ALREDEDORES DE UNA TRANSICIÓN

Luis Barragán

Curiosa historia parlamentaria la del siglo XXI, rápidamente contrastable con la del anterior, de mayor estabilidad democrática y genuina dinámica política, pues no fue por casualidad que algunas dictaduras apelaran antes a un artefacto legislativo de simulación: alguien dirá que hasta supersticiosamente. La unicameralidad terminó restándole eficacia a tan fundamental órgano del Poder Público, si se le compara con el extinto Congreso de la República, mientras la Asamblea Nacional de 1999 no tardó en descubrir que Miraflores quería la corporación legislativa como un artefacto dócil, llamado además a competir con un tal poder popular que el constituyente jamás previó.

Ahora, el asunto no estriba en la superior bicameralidad, expresión histórica del pluralismo político e ideológico de la Venezuela democrática, sino en la suerte corrida durante esta centuria por una Asamblea Nacional concebida bajo otros parámetros. Y particularmente curiosa resulta la circunstancia de que una representación de los diputados electos en 2015, mediante unos comicios abiertamente reconocidos, haya debido sentarse con otra surgida de las cuestionadas elecciones de 2025, evidentemente arbitrarias a la luz del decisivo acontecimiento del año anterior, cuyos resultados fueron obscenamente desconocidos por la autoridad electoral.

En la búsqueda de soluciones para la prolongada crisis, a la 2015 —como popularmente se le conoce— le ha correspondido aportar delegados de dos partidos, ahora con la asistencia política de la Plataforma Democrática, a una negociación que aspiramos sea seria y convincentemente orientada hacia una transición a la que el gobierno estadounidense se ha comprometido en darle soporte. La paradoja no es pequeña: aquella Asamblea perseguida, desconocida y despojada de sus atribuciones reaparece en los alrededores de una solución política que nadie habría podido anticipar cuando se instaló.

Patente testimonio de ello, la 2015 fue escenario irreprimible de la pluralidad y de la disidencia de las propias fuerzas opositoras que, juntas, debieron enfrentar los designios miraflorinos de una abierta violencia contra los parlamentarios y la peregrina tesis del “desacato”, todo un artificio imborrable en los anales judiciales de la antirrepública. Habrá ocasión para estudiar las incidencias y vicisitudes de aquella corporación ante los abusos de la minoría oficialista que no aceptó simplemente la manifestación popular expresada en las urnas (un decir para las sospechosas máquinas electorales), recurriendo a toda suerte de terrorismo político.

Nos tocó actuar en aquel parlamento no sólo para bregar contra los usos y abusos del poder establecido, sino también para discrepar con la franqueza necesaria y la razón indispensable de los demás partidos de oposición. Utilizamos la tribuna con respeto, determinación y enérgica actitud, siendo partidarios de la extensión del mandato constitucional asambleario que hoy interpretamos como una pragmática prolongación destinada a conseguir una fórmula que permita recobrar plenamente las libertades públicas.

La situación actual dista de ser la ideal, al menos de aquella que el suscrito habría deseado, pero es tal la profundidad de esta crisis multidimensional que la mesa de negociaciones que va fijando metas de corto y mediano plazo para la actualización institucional del país constituye una opción que esperamos no fracase, contando con la decisiva intermediación estadounidense reconocida por justos y pecadores. Otros diálogos estuvieron destinados al fracaso por el propósito y el modo en que fueron concebidos y desarrollados, como igualmente lo señalamos en el hemiciclo y en la opinión pública durante esta ya larga década, pero – ojalá sea aprendida la lección - es tiempo de demostrar una fortísima convicción venezolanista y una limpia destreza para abrir las puertas a un futuro diferente.

Hay roles que unos y otros jamás imaginamos cumplir en este presente de angustias y expectativas, y a una delegación de la 2015 le toca ahora una misión que no queremos que falle, especialmente cuando una parlamentaria como Dinorah Figuera ha asumido una responsabilidad que tampoco debió prever. Así transcurre la historia de una Asamblea que, sin dejar de ser la que fue, termina desempeñando una función en los alrededores de una transición que pugna por comenzar definitivamente.

Ilustración: Joana Avillez.

16/08/2026:

https://lapatilla.com/2026/08/16/luis-barragan-la-2015-en-los-alrededores-de-una-transicion/

miércoles, 12 de agosto de 2026

Profesorado y compromiso

 LA TRANSICIÓN QUE NO EXISTE

Alberto Navas (*)

Bastantes de nuestros colegas historiadores de hoy, que ingresamos como estudiantes a la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela, en la década de 1970, tuvimos la suerte de tener profesores de máxima categoría académica, no solo por ser doctores y catedráticos titulares en el escalafón, sino, principalmente, por su pulcritud académica y por estar, muchos de ellos, en la plenitud de su madurez intelectual, siendo extraordinarios transmisores de conocimientos sin necesidad de haber pasado por los fastidiosos y actuales cursos de didáctica. Aquellos Profesores formados entre las décadas de 1940 y 1960, se habían graduado antes en la UCV o en universidades de los Estados Unidos, México, Argentina, Chile, Francia, Japón, Inglaterra y España, ellos casi no necesitaban leer fichas para dar sus clases verdaderamente magistrales. Entre ellos se destacaban los doctores Germán Carrera Damas, Manuel Caballero, Víctor Sanz, Taide Zavarse, Tula Núñez, José Eliseo López, Miguel Hurtado Leña, Eleazar Córdova Bello, Eduardo Camps, Josefina Gavilá, Josefina Bernal, Pedro Cunill Grau, Gustavo Martín, María Amtonieta Martínez, José Belda Planas, Oscar Abdala y muchos otros más, quienes integraban una de las mejores Escuelas de Historia de América Latina.

Era la asignatura Teoría y Método de la Historia, dictada por el entonces temido Dr. Carrera Damas (hoy un amigo lúcido de 94 años), aprendimos que esa cátedra era la piedra angular de la carrera, donde era posiblemente terminar de entenderla, luego de varios años de ejercer el oficio del historiador, como investigador, como profesor y como crítico de nuestra propia obra. La Escuela contaba con una sólida Biblioteca propia, llamada: “Mario Briceño Iragorry”, que tenía su personal profesional a cargo y una amplia Sala de Lectura adyacente, donde se formaba el conocimiento, el ambiente cultural y político de la Escuela y alguno que otro amor entre jóvenes estudiantes. La mediocridad posterior de un Decano famoso por sus crímenes en el Diván, eliminó de un plumazo nuestra Biblioteca y, una tarde, después de vacaciones nos encontramos sin ese espacio que era el alma de nuestra comunidad estudiantil.

Aprendí, junto a mis colegas estudiantes, Fernando Oduber, Javier Castañon, Ramón Aizpurúa, Pedro Castro, Rosa Elena Cardona (Mafalda), Lucila Anzola y muchos otros más, que la Historia era un proceso de permanente transición, por lo que no podía haber etapas de transición separadas de la propia historia y de su curso como proceso cultural, que los verdaderos cambios en los procesos históricos radicaban en el profundo núcleo de las estructuras socioculturales, lo que no evitaba la posibilidad de estudiar procesos coyunturales, episódicos y personales (biografías), siempre y cuando se tuviese en cuenta los niveles de la causalidad que influían en los procesos desde la profundidad hacia la superficie; también que todo el conocimiento histórico estaba necesariamente conectado a una realidad total como objeto de estudio, tanto desde la superficie del investigador que recogía datos en sus fichas (hoy en su Laptop), hasta la mayor complejidad propia de la interpretación histórica, el conocimiento histórico y la Filosofía de la Historia. Pero no todos ellos egresaron como Licenciados en Historia, algunos se quedaron sin terminar la carrera, otros si bien graduados se desviaron por necesidad a trabajos no propios de su formación profesional, otros, no tan pocos, pudimos completar los estudios de postgrado y hacer carrera en el camino de la investigación histórica, porque entonces el país nos permitía aún esa senda, con trabajos, becas y apoyos institucionales que hoy ya no existen para las personas con méritos reales.

Nuestros estudiantes de hoy, en lo que queda de la Escuela de Historia, se nos quejan de la baja calidad y compromiso académico de profesores, que aunque les pueden haber aumentado la dedicación, solo asisten a clases una vez a la semana, señalan que en la importante asignatura de Teoría y Método de la Historia, un punto fundamental de la carrera profesional del historiador, según nuestros estudiantes el profesor es muy deficiente, estas denuncias nos hacen recordar una canción de Carlos Gardel: con el “Profesor de Cachiporra, Malandrín y Estafador”, quien les manda a hacer un trabajito para evaluar la materia que nunca da. Yo les he podido contestar a ellos que, en parte, la culpa es de los mismos estudiantes y no solamente de un posible “mal profesor”, también mal remunerado, tal vez enchufado y mal formado desde la escuela primaria, pues les advertí, que en nuestro tiempo de estudiantes éramos contestatarios y enfrentábamos los problemas de cara a la Cátedra, el Consejo de Escuela o el Consejo de Facultad. Pero siempre gana hoy la pasividad y el miedo a ser el denunciante frente a directivos más pasivos aún, por no decir otra cosa, ello mata cada día el espíritu crítico y la combatividad que una vez tuvimos los estudiantes de los años sesenta y setenta.

La Universidad está enferma en un país enfermo, nos hacen falta los criterios de un Juan Nuño, de un Carrera Damas, de un Antonio Pascuali, de un García Bacca, quienes deberían reaparecer en las nuevas generaciones para hacer revivir nuestras Humanidades en la UCV. Ello no es imposible, solo basta una honestidad y ética básica, junto a una nueva preocupación por el mérito del estudio superior. Así se acabarían o mejorarían los malos profesores, los concursos de oposición ya preasignados hacia los afines politiqueros, el retraso intencional de trámites académicos, los nombramientos por emergencia sin otra emergencia que los intereses personales, el incumplimiento e incompatibilidad de las dedicaciones, etc. Como ya antes fue nuestra Escuela con profesores presentes y Directores de nivel humano y académico.

De todos modos, ya dijimos que toda Historia es siempre una transición, y que por ello, todo esto deberá de cambiar y, para finalizar, tengo que recordar las palabras de un Alcaide de la Cárcel de la Rotunda de Caracas, a quien le preguntaron un día del siglo XIX, que “por qué no maltrataba a los presos políticos”, a lo que Eliseo Acosta contestó: que a todos lo trataba bien pues: “Los perseguidos de hoy serán los perseguidores del mañana” y, en consecuencia, hay que saber cuidarse de las vueltas que da la Historia.

(*)  ANB Cronista de la UCV.

29/07/2026:

https://www.eluniversal.com/el-universal/238180/la-transicion-que-no-existe

martes, 11 de agosto de 2026

Puntualidades de un proceso

INVOCACIÓN DEL LIDERAZGO TRANSICIONAL

Luis Barragán

Aceptemos que no toda tertulia equivale a mesa de trabajo y, menos, a un proceso de transición de naturaleza y alcances complejos, por lo que el liderazgo que lo propulse ha de ser distinto para consumarlo eficazmente. El objeto esencial del cambio consiste en recuperar las capacidades del Estado —por no decir el Estado mismo— para hacer posible un esfuerzo de democratización sostenida y, en consecuencia, amerita de una conducción política alternativa muy acorde a las metas, realista con una extraordinaria habilidad para superar incidentes y accidentes del proceso incluyendo facetas inéditas respecto al oficio político de hoy.

Quizá redundante, el sujeto político de la transición ha de generar la confianza necesaria y promover el consenso indispensable para la tarea nada menuda de republicanizarnos, pues no bastará con gobernar, administrar ni competir electoralmente cobrando una creciente importancia la tarea de reconstruir, mediar, consensuar e integrar para restablecer las capacidades mínimas del Estado y rehacer su relación con la sociedad. Concordando con Joel S. Migdal al asumir con sentido realista que el Estado compite, negocia y coexiste con múltiples expresiones sociales generadoras de normas de hecho, lealtades y formas de control, significa también afrontar la resistencia de los grupos e intereses asociados al régimen desplazado o en vías de desplazamiento, es decir, los  poderes salvajes que van más allá del estricto ámbito jurídico.

Por supuesto que debemos partir de la dimensión ética y de los específicos atributos personales, pero una teoría funcional del liderazgo de transición apunta a la cabal operatividad política e institucional para pasar del país de la crisis que todavía amenaza su propia existencia al país que haga de su vocación por la libertad y el ejercicio democrático el fundamento para la reedificación republicana y la reconstrucción estatal de una nueva legitimidad. La cercanía y relación entre sociedad y Estado, por una parte, puede llevar a una limpia reorganización y cooperación para confrontar a los sectores, intereses, fuerzas o agentes nacionales y foráneos que solo lo harán en beneficio propio, algo de sobra ocurrido por estas décadas; y, por otra, además de la sobriedad y el sentido de la responsabilidad que debe caracterizarlo, el liderazgo debe ser relacionante y eficientemente retroalimentario para conseguir nuevos equilibrios que permitan encarar a la delincuencia común políticamente estructurada.

Ciertamente paradójico, la exacerbación autoritaria es directamente proporcional a la debilidad del Estado que  provoca la quiebra de los servicios públicos, eleva la carga (para)fiscal, no regula el mercado ni administra justicia. El desempeño de los consejos comunales y los denominados jefes de calle, por ejemplo, revela cuán ilusorio e interesado es el tal poder popular y cuáles las magnitudes que debe alcanzar el liderazgo natural, local y democrático.

La recuperación de las capacidades del Estado requiere de conductores que generen confianza, legitimidad, identidad, hábitos cívicos, cultura política, integración social: relacionamiento frente a la mitomanía, colegiación frente al narcisismo, civismo frente al foquismo. Sólo así, el liderazgo dejará de concebirse como una empresa personal para convertirse en una capacidad sistémica al servicio de la reconstrucción democrática.

Ilustración:  Şakir Gökçebağ. 

11/08/2026:

https://www.elnacional.com/columnas/2026/08/invocacion-del-liderazgo-transicional/

https://www.eastwebside.com/luis-barragan-invocacion-del-liderazgo-transicional.html

domingo, 9 de agosto de 2026

Permanecerato

ANÁLISIS DE ENTORNO: OPACIDAD FINANCIERA Y ADVERTENCIA ESTRATÉGICA A WASHINGTON

Benjamín Tripier

1. Diagnóstico de entorno

El proceso iniciado formalmente en el arranque de agosto de 2026 ha consolidado un viraje de alto riesgo para la estabilidad política de Venezuela. Lejos de estructurarse como una negociación transparente orientada al restablecimiento democrático y al respeto del mandato popular expresado el 28 de julio de 2024, la dinámica política ha derivado en un esquema de gobernabilidad burocrática y pragmática concertado entre Washington y el régimen de Caracas.

1.1. El mecanismo de bypassing y la dinámica del pacto de cúpulas

La arquitectura de contactos y la primera reunión presencial, sosteniéndose sobre la figura de Dinorah Figuera (en representación de la fracción parlamentaria de la Asamblea Nacional de 2015) y Jorge Rodríguez, no responde a una demanda social interna, sino que representa un mecanismo de bypassing institucional y desintermediación democrática.

Desde la perspectiva del ciudadano en la calle, se percibe con absoluta claridad que se continúa ejecutando un pacto de cúpulas abandonando la ruta de legitimidad en Venezuela. Este formato busca desplazar al centro de gravedad de la representatividad popular —encabezado por María Corina Machado (MCM) y Edmundo González Urrutia— hacia una instancia técnico-legal funcional que carece de tracción territorial y respaldo social; pero que le sirve a la administración estadounidense y al oficialismo para tramitar licencias, administrar recursos y diferir la resolución del conflicto político central.

1.2. El espejismo de la intervención externa y la violencia impune en el terreno

Existe una profunda y peligrosa desconexión entre la narrativa internacional de asistencia y la realidad cotidiana del venezolano:

  • Control fáctico territorial: Mientras desde las esferas diplomáticas en Washington se proyecta la sensación de que Estados Unidos maneja la situación y el destino del país desde la distancia, en la calle el chavismo continúa actuando como amo y señor; sobre la vida, las garantías y la muerte de los ciudadanos.
  • Estructuras criminales intactas: Las corporaciones de crimen organizado transnacional y control territorial —el Cartel de los Soles y el Tren de Aragua (TdA)— permanecen intactas, operando a sus anchas y conservando el control sobre economías ilícitas y mecanismos de coerción, sin que las conversaciones diplomáticas impacten su músculo operativo o represivo.
  • Omisión de la agenda de libertad: En las primeras aproximaciones y en la agenda técnica de la representación de Figuera con los hermanos Rodríguez no se discutieron temas estructurales de fondo: no se habló de un cronograma electoral con garantías reales ni de la liberación inmediata de los presos políticos. Se prefirió abordar un pragmatismo enfocado en la administración de la crisis y el descongelamiento de activos.

2. La opacidad financiera y la disparidad de prioridades técnicas

2.1. La incógnita de los 13.000 millones de dólares

Uno de los vectores que más alimenta el descontento popular y el pesimismo informado es la absoluta opacidad en el manejo de la información financiera. Es de conocimiento público que la administración de Estados Unidos reconoce haber percibido o administrado una cifra cercana a los 13.000 millones de dólares vinculados al expediente y activos venezolanos.

Sin embargo, en la ciudadanía existe un vacío total de información sobre:

  1. La aplicación real, auditoría o destino de dichos fondos.
  2. La falta de impacto directo de esos recursos en la mitigación del colapso humanitario y de servicios públicos.
  3. La sospecha fundada de que estos montos están sirviendo como caja de resonancia para mantener burocracias en el exterior o financiar acuerdos opacos de estabilización sin rendición de cuentas.

2.2. Miopía diagnóstica: El caso Guri y el cuello de botella de los 765 kV

La disparidad entre las prioridades y "soluciones" planteadas desde afuera y las necesidades reales del país se evidencia en el abordaje de la infraestructura crítica (agravada tras la emergencia sísmica de mediados de año).

  • Diagnóstico de superficie: Los enviados y analistas estadounidenses centran su foco en visitas simbólicas a la central hidroeléctrica del Guri, pretendiendo mostrar que el problema energético se resuelve con intervenciones puntuales en la generación.
  • La realidad técnica: Cualquier evaluación seria del sistema eléctrico nacional demuestra que el verdadero cuello de botella no radica únicamente en la generación en Guri, sino en el colapso del Sistema de Transmisión de la Red Troncal a 765 kV, el cual carece de mantenimiento crítico, subestaciones de compensación y repuestos especializados.
  • Improvisación vs. Plan integral: Mientras Washington pretende "inventar" planes improvisados de recuperación sobre la marcha para justificar el desembolso de fondos a través de mesas técnicas, el equipo de María Corina Machado cuenta con un Plan de Desarrollo e Infraestructura detallado, auditado y técnicamente estudiado, además de poseer la única palanca que viabiliza la atracción de inversiones masivas a largo plazo: la legitimidad política de origen.

3. La fracción en Washington: el juego de los Rodríguez, Grenell y Rubio

La decisión de sentarse en una mesa con Jorge y Delcy Rodríguez sin exigir un condicionamiento previo sobre el mandato popular ha hecho que Estados Unidos caiga directamente en la celada táctica del chavismo.

3.1. Alineación Grenell y desalineación de Rubio

El Eje Pragmático (Línea Grenell / Casa Blanca): Prioriza un esquema de estabilización rápida, transacciones energéticas, contención migratoria y manejo de daños a corto plazo. Este sector encuentra en Delcy y Jorge Rodríguez a interlocutores dispuestos a otorgar concesiones tácticas a cambio de permanencia y lavado reputacional.

El Eje de Seguridad e Institucionalidad (Línea Marco Rubio): Plantea que no puede haber estabilización real ni seguridad regional mientras se mantenga el aparato narcocriminal y la injerencia hostil en Caracas. Exige la restitución de la democracia y el respeto al voto popular.

El aprovechamiento del chavismo: El trío del poder en Caracas (Rodríguez-Cabello) explota magistralmente estas grietas internas de la política estadounidense. Al sentarse con la AN 2015, alimentan la narrativa del sector pragmático de Washington (Grenell), desalineando y dejando sin espacio de maniobra inmediato a la postura dura e institucional de Marco Rubio.

3.2. De "interinato" a "permanecerato"

El riesgo geopolítico predominante es que la figura de la AN 2015 y la comisión técnica coordinada por Dinorah Figuera, concebidas teóricamente como instancias de transición transitoria, se transformen en un "permanecerato". Un esquema donde una burocracia en el exterior administra indefinidamente licencias y fondos, mientras en Venezuela el régimen convalida una dictadura tutelada y la población sufre el agotamiento sistemático de sus condiciones de vida.

4. Actualización de escenarios y probabilidades

Evaluando la aceleración de las variables en la primera semana de agosto de 2026, la matriz de escenarios prospectivos se reconfigura de la siguiente manera:

Escenario 1: Transición con legitimidad e inclusión de MCM (35% - En descenso táctico)

  • Descripción: Se logra reorientar la mesa técnica forzando un mecanismo de convergencia entre el canal diplomático y el liderazgo mayoritario de MCM. Se imponen hitos fechados para cronograma electoral y liberación de presos políticos.
  • Desencadenante: Presión coordinada de la calle disciplinada combinada con un reajuste de la política de Washington forzado por el Congreso de EE.UU. (Eje Rubio).

Escenario 2: Coexistencia técnica, "permanecerato" y dilación/statu quo (45% - escenario base)

  • Descripción: Washington y Miraflores consolidan la mesa AN 2015-Rodríguez para canalizar recursos de reconstrucción y acuerdos petroleros. Se difieren las elecciones y la agenda de libertades hacia plazos de 18 a 24 meses.
  • Consecuencia: Neutralización progresiva del capital político, desesperanza en la clase media y aumento vertiginoso de los flujos de migración silenciosa.

Escenario 3: Desborde popular autónomo e incontrolado (20% - En ascenso por rabia acumulada)

  • Descripción: La ruptura de la expectativa social ante la opacidad de los fondos, la impunidad del Cartel de los Soles/TdA y la desconexión de la mesa de negociación detona protestas espontáneas y anárquicas.
  • Consecuencia: Ruptura del control narrativo del liderazgo opositor, respuesta represiva feroz del sector coercitivo de Diosdado Cabello y riesgo de violencia caótica sin dirección política.

5. Acciones de entorno y siguientes pasos: cómo evitar el desborde popular

Para evitar que el descontento popular derive en una frustración paralizante o en un levantamiento anárquico sin retorno, la dirigencia encabezada por María Corina Machado debe asumir de forma inmediata la conducción de la narrativa y la movilización inteligente.

5.1. Reposicionamiento narrativo: "apoyo condicionado, no cheque en blanco"

  1. Denuncia de la opacidad: Exigir públicamente auditoría y transparencia absoluta sobre el destino de los 13.000 millones de dólares y los recursos canalizados en el marco de la ayuda humanitaria.
  2. Exposición del desfase técnico: Posicionar que las soluciones improvisadas (como la sola atención a Guri) son paliativos inútiles si no se atiende la red de transmisión de 765 kV bajo un plan estructurado de Estado como el que posee el equipo de MCM.
  3. Fijar hitos innegociables (métricas al diálogo): Condicionar el respaldo a cualquier mesa técnica al cumplimiento de tres demandas inmediatas:

       a) Cronograma de liberación medible y verificado de la totalidad de los presos políticos.Apertura de un canal de atención real al colapso de los servicios sin intermediación de mafias del régimen.

  b) Fijación de fecha cierta e inamovible para elecciones presidenciales/generales libres.

5.2. Hoja de ruta operativa de presión territorial ordenada


Fotografías: La Repubblica, 04/01/2026.

09/08/2026:

https://www.elnacional.com/2026/08/analisis-de-entorno-opacidad-financiera-y-advertencia-estrategica-a-washington/?utm_source=webpushr&utm_medium=webpushr&utm_campaign=webpushr

¡Alerta!

LA MESA DE NEGOCIACIÓN NO EQUIVALE A UNA COALICIÓN DE GOBIERNO

Luis Barragán

Quizá el escepticismo y la cautela sean los términos que mejor expresen el clima del país político en la actualidad, mientras la desconfianza continúa corriendo por las veredas del país nacional. Tal circunstancia reclama una paciente y sostenida labor de orientación cívica que, desde luego, no puede ser encabezada por un gobierno carente de la autoridad moral indispensable para hacerlo: corresponde, más bien, a la oposición genuinamente democrática, a los partidos políticos, a las organizaciones de la sociedad civil y a los centros de pensamiento explicar, con ponderación, qué significa una transición política, cuáles son sus límites y cuáles sus propósitos.

No deja de sorprender la rapidez con la que comienza a consolidarse un imaginario según el cual la reciente instalación de una mesa de diálogo equivale a la conformación de una coalición de gobierno y, por consiguiente, cualquier asunto nacional e incluso local deba ventilarse y resolverse en esa instancia. De prosperar semejante percepción, terminará por deformar las expectativas ciudadanas sobre el difícil proceso en curso y por atribuirle responsabilidades que simplemente no le corresponden.

Toda negociación política parte de un objeto determinado y de una finalidad específica. Las legítimas aspiraciones al cambio democrático, pacífico y verificable, no pueden confundirse con la conformación de un equipo llamado a sustituir el funcionamiento ordinario del Estado ni a asumir atribuciones propias de los órganos del Poder Público. Semejante interpretación constituye un error conceptual y un evidente absurdo político.

La dirección del Estado continúa ejerciendo responsabilidades inherentes e intransferibles. La atención de las emergencias nacionales, la conducción de la administración pública, la ejecución del presupuesto, la seguridad ciudadana, la política exterior y la defensa de la soberanía territorial permanecen bajo esa responsabilidad, sin que una mesa de negociación pueda reemplazarla ni compartirla.

La transición democrática tampoco constituye una fórmula providencial capaz de resolver, simultáneamente, todas las vicisitudes nacionales. La negociación representa un instrumento extraordinario para hacer posible la recuperación institucional del país, pero no sustituye el ejercicio regular del poder ni exonera al gobierno de las obligaciones que constitucionalmente le incumben. Confundir ambos planos solo contribuye a incrementar la frustración ciudadana y a erosionar la credibilidad del propio proceso.

Conviene recordar, además, que la finalidad de la transición consiste en restablecer las capacidades institucionales del Estado, devolver la legitimidad al Poder Público y reabrir los cauces de la vida democrática. Todo aquello que exceda ese propósito deberá ser atendido por las autoridades legítimamente constituidas, una vez culminada la etapa inicial del proceso.

La mayor contribución que hoy pueden ofrecer los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y los sectores académicos consiste en desarrollar una paciente pedagogía de la transición. Resulta indispensable explicar que una mesa de negociación no representa una asociación permanente entre gobierno y oposición, ni una coalición destinada a compartir el ejercicio del poder. Constituye, antes bien, un mecanismo excepcional para acordar las condiciones que hagan posible la recuperación de la institucionalidad democrática. Solo desde esa comprensión será posible evitar falsas expectativas y preservar el verdadero sentido del proceso político en curso.

Fotografía: El Nacional (07/08/26).

09/08/2026:

https://lapatilla.com/2026/08/09/luis-barragan-la-mesa-de-negociacion-no-equivale-a-una-coalicion-de-gobierno/

jueves, 6 de agosto de 2026

Novedad transicional

LOS LÍMITES DEL MODELO DE TRANSICIÓN PACTADA APLICADO A VENEZUELA

Douglas C. Ramírez Vera

1. Introducción: La paradoja de la “transitología” en contextos no convencionales

El debate contemporáneo sobre los procesos de democratización suele recurrir al marco conceptual expuesto en reflexiones como «Transiciones pactadas, arquitectos grises» (https://tinyurl.com/22nembmd). Esta perspectiva sostiene que las salidas institucionales a regímenes autoritarios no son fruto de gestas épicas ni de insurrecciones espontáneas, sino del pragmatismo de élites políticas, económicas y castrenses que negocian costos, garantías y cuotas de poder.

Casos paradigmáticos como la Mesa Redonda en Polonia (entre Solidaridad y el Partido Comunista), el proceso CODESA en Sudáfrica (Mandela y De Klerk), el plebiscito de 1988 en Chile, o las aperturas graduales en Brasil y Portugal fundamentan esta tesis: la movilización popular gatilla la crisis, pero son los «arquitectos grises» quienes redactan el pacto de gobernabilidad.

Sin embargo, la extrapolación lineal de este modelo al caso venezolano tropieza con severas distorsiones analíticas. La transitología clásica presupone la existencia de un "desgaste acumulado" que impacta de forma transversal tanto a la sociedad civil como al bloque hegemonizado en el poder. Un análisis riguroso de la dinámica venezolana exige examinar las condiciones de entrada de este esquema, demostrando que la profunda asimetría en la distribución de los costos de la crisis altera de manera determinante la viabilidad de una negociación pactada.

2. Anatomía comparada: Chile 1982 vs. Venezuela contemporánea

El caso chileno se cita recurrentemente como el estándar de la transición negociada bajo tutela militar. En Chile, la dictadura de Augusto Pinochet terminó aceptando una hoja de ruta electoral que incluía mecanismos de protección institucional para el estamento militar (senadores designados, autonomía presupuestaria y blindaje legal). No obstante, el verdadero catalizador de dicha apertura fue la crisis económica de 1982. El colapso del modelo neoliberal de los Chicago Boys, el desempleo masivo y la quiebra del sistema financiero no solo castigaron a la ciudadanía, sino que fracturaron la cohesión de la élite empresarial que sostenía al régimen y erosionaron la estabilidad de los ingresos reales en los mandos militares intermedios.

En Venezuela, por el contrario, la hiperinflación, la severa contracción del PIB y la destrucción sistemática del salario real no han producido un efecto análogo sobre la cúpula gobernante. La diferencia estructural radica en los mecanismos de externalización del costo desplegados por el régimen:

  • · Militarización de la renta: Los altos mandos militares no dependen del presupuesto público ni del salario formal, sino del control directo sobre empresas estatales, la explotación minera, la administración portuaria, la importación de alimentos y los mercados paralelos.
  • ·       Desconexión del rendimiento macroeconómico: La élite gobernante capta renta en divisas o bienes de alto valor, aislando sus ingresos personales del impacto inflacionario que devasta al ciudadano asalariado.
  • ·       Cooptación y represión selectiva: La combinación de transferencias clientelares dirigidas a sectores vulnerables con una estructura de represión preventiva eleva el costo individual de la protesta a niveles catastróficos.

A la militarización interna de la renta se le suma una dimensión geopolítica insoslayable: la presencia e influencia de actores militares de escala internacional en el entorno estratégico nacional (desde operaciones de seguridad del Comando Sur en áreas costeras como La Guaira hasta alianzas de inteligencia exógenas). Mientras que en Chile la presión geopolítica estadounidense buscaba canalizar la salida mediante el plebiscito, en el caso venezolano el factor militar externo opera como una variable que altera los cálculos de disuasión, el control de infraestructuras críticas y los costos de oportunidad del núcleo duro del régimen.

3. Matriz comparativa de la dinámica de transición

 A continuación, se sintetizan las divergencias estructurales entre el modelo clásico de transición pactada y la realidad del conflicto venezolano:



4. Coincidencias teóricas y el rol inevitable del estamento castrense

A pesar de las marcadas diferencias en la distribución de costos, existe una coincidencia analítica insoslayable entre la teoría de las transiciones pactadas y la realidad venezolana: la inevitabilidad del factor militar en la ecuación de gobernabilidad. Tanto en el esquema clásico como en la eventual resolución del conflicto venezolano, cualquier ventana de oportunidad requerirá el diseño de incentivos institucionales y garantías de seguridad para el estamento castrense.

Pretender una restauración democrática que desconozca la capacidad de veto de las Fuerzas Armadas resulta inviable. La redacción de marcos de amnistía, la definición de áreas de preservación institucional y la reestructuración gradual del sistema de justicia constituyen requisitos técnicos indispensables. La coincidencia radica en la forma de la negociación; la divergencia, en el momento en que dicha negociación se vuelve realmente atractiva para quienes ostentan la fuerza.

5. Conclusión: El umbral real del cambio institucional

El examen honesto del modelo de transición pactada demuestra que el "sentido de oportunidad" de la clase política no debe medirse por la profundidad del sufrimiento social, sino por el nivel de afectación de los actores con capacidad de veto. El régimen venezolano no resiste las crisis; las redistribuye. Mientras el diseño institucional permita proteger al núcleo duro militar y político mediante la asignación de rentas exógenas, el umbral donde negociar resulta preferible a resistir continuará desplazándose.

El marco analítico de las transiciones pactadas mantiene su valor heurístico, pero su aplicación al caso venezolano exige abandonar las lecturas voluntaristas. La posibilidad de un acuerdo negociado no surgirá del colapso del bienestar ciudadano, sino del momento preciso en que las variables económicas internacionales, el agotamiento de los mecanismos de evasión rentística o las tensiones internas fracturen la capacidad de la cúpula para seguir externalizando el costo de la crisis.

Ilustración: Burt Lewis. 

05/08/2026:

https://opinionynoticias.com/opinionpolitica/44751-los-limites-del-modelo-de-transicion-pactada-aplicado-a-venezuela

Asombrosa amenaza

  https://x.com/INDIURBANEJA/status/2089860034192617973