Antonio Muñoz Molina
("Ventanas de Manhattan", EpubLibre, 2004: 179 s.)
Ilustración: Franck Gerard.
Antonio Muñoz Molina
("Ventanas de Manhattan", EpubLibre, 2004: 179 s.)
Ilustración: Franck Gerard.
(“Buen”,
Random House, Barcelona, 2025: 201 ss.)
Ilustración: Mariana Sola, "Buenos Aires".
"En 2023 hubo una alerta similar en la provincia de Toledo y la Comunidad de Madrid, también por lluvias (aunque no tan fuertes), y el subdirector de un periódico de tirada nacional se permitió ridiculizarla, acusándola de algo así como de intromisión orwelliana del Estado en la privacidad del individuo. La alerta sonó, pero, aun así, ese día murieron cinco personas”
Pedro Torrijos
(“Catedral
de escombros. Una anatomía del derrumbe”, Debate, Barcelona, 2025: 76)
Ilustración: Igor Olejnikov.
EJERCICIO PREPARATORIO
La hora se vacía.
Me cansa el libro y lo cierro.
Miro, sin mirar, por la ventana.
Me espían mis pensamientos.
Pienso que no pienso.
Alguien, al otro lado, abre una puerta.
Tal vez, tras esa puerta,
no hay otro lado.
Pasos en el pasillo.
Pasos de nadie: es sólo el aire
buscando su camino.
Nunca sabemos
si entramos o salimos.
Yo, sin moverme,
también busco -no mi camino:
el rastro de los pasos
que por años diezmados me han traído
a este instante sin nombre, sin cara.
Sin cara, sin nombre.
Hora deshabitada.
La mesa, el libro, la ventana:
cada cosa es irrefutable.
Sí,
la realidad es real.
Y flota
-enorme, sólida, palpable-
sobre este instante hueco.
La realidad
está al borde del hoyo siempre.
Pienso que no pienso.
Me confundo
con el aire que anda en el pasillo.
El aire sin cara, sin nombre.
Sin nombre, sin cara,
sin decir: he llegado,
llega.
Interminablemente está llegando,
inminencia que se desvanece
en un aquí mismo
más allá siempre.
Un siempre nunca.
Presencia sin sombra,
disipación de las presencias,
Señora de las reticencias
que dice todo cuando dice nada,
Señora sin nombre, sin cara.
Sin cara, sin nombre:
miro
-sin mirar;
pienso
-y me despueblo.
Es obsceno,
dije en una hora como ésta,
morir en su cama.
Me arrepiento:
no quiero muerte de fuera,
quiero morir sabiendo que muero.
Este siglo está poseído.
En su frente, signo y clavo,
arde una idea fija:
todos los días nos sirve
el mismo plato de sangre.
En una esquina cualquiera
-justo, onmisciente y armado-
aguarda el dogmático sin cara, sin nombre.
Sin nombre, sin cara:
la muerte que yo quiero
lleva mi nombre,
tiene mi cara.
Es mi espejo y es mi sombra,
la voz sin sonido que dice mi nombre,
la oreja que escucha cuando callo,
la pared impalpable que me cierra el paso,
el piso que de pronto se abre.
Es mi creación y soy su criatura.
Poco a poco, sin saber lo que hago,
la esculpo, escultura de aire.
Pero no la toco, pero no me habla.
Todavía no aprendo a ver,
en la cara del muerto, mi cara.
Con la cabeza lo sabía,
no con saber de sangre:
es un acorde ser y otro acorde no ser.
La misma vibración, el mismo instante
ya sin nombre, sin cara.
El tiempo,
que se come las caras y los nombres,
a sí mismo se come.
El tiempo es una máscara sin cara.
No me enseñó a morir el Buda.
Nos dijo que las caras se disipan
y sonido vacío son los nombres.
Pero al morir tenemos una cara,
morimos con un nombre.
En la frontera cenicienta
¿quién abrirá mis ojos?
Vuelvo a mis escrituras,
al libro del hidalgo mal leído
en una adolescencia soleada,
con brutales violencias compartida:
el llano acuchillado,
las peleas del viento con el polvo,
el pirú, surtidor verde de sombra,
el testuz obstinado de la sierra
contra la nube encinta de quimeras,
la rigurosa luz que parte y distribuye
el cuerpo vivo del espacio:
geometría y sacrificio.
Yo me abismaba en mi lectura
rodeado de prodigios y desastres:
al sur los dos volcanes
hechos de tiempo, nieve y lejanía;
sobre las páginas de piedra
los caracteres bárbaros del fuego;
las terrazas del vértigo;
los cerros casi azules apenas dibujados
con manos impalpables por el aire;
el mediodía imaginero
que todo lo que toca hace escultura
y las distancias donde el ojo aprende
los oficios de pájaro y arquitecto-poeta.
Altiplano, terraza del zodíaco,
circo del sol y sus planetas,
espejo de la luna,
alta marea vuelta piedra,
inmensidad escalonada
que sube apenas luz la madrugada
y desciende la grave anochecida,
jardín de lava, casa de los ecos,
tambor del trueno, caracol del viento,
teatro de la lluvia,
hangar de nubes, palomar de estrellas.
Giran las estaciones y los días,
giran los cielos, rápidos o lentos,
las fábulas errantes de las nubes,
campos de juego y campos de batalla
de inestables naciones de reflejos,
reinos de viento que disipa el viento:
en los días serenos el espacio palpita,
los sonidos son cuerpos transparentes,
los ecos son visibles, se oyen los silencios.
Manantial de presencias,
el día fluye desvanecido en sus ficciones.
En los llanos el polvo está dormido.
Huesos de siglos por el sol molidos,
tiempo hecho sed y luz, polvo fantasma
que se levanta de su lecho pétreo
en pardas y rojizas espirales,
polvo danzante enmascarado
bajo los domos diáfanos del cielo.
Eternidades de un instante,
eternidades suficientes,
vastas pausas sin tiempo:
cada hora es palpable,
las formas piensan, la quietud es danza.
Páginas más vividas que leídas
en las tardes fluviales:
el horizonte fijo y cambiante;
el temporal que se despeña, cárdeno,
desde el Ajusco por los llanos
con un ruido de piedras y pezuñas
resuelto en un pacífico oleaje;
los pies descalzos de la lluvia
sobre aquel patio de ladrillos rojos;
la buganvilla en el jardín decrépito,
morada vehemencia…
Mis sentidos en guerra con el mundo:
fue frágil armisticio la lectura.
Inventa la memoria otro presente.
Así me inventa.
Se confunde
el hoy con lo vivido.
Con los ojos cerrados leo el libro:
al regresar del desvarío
el hidalgo a su nombre regresa y se contempla
en el agua estancada de un instante sin tiempo.
Despunta, sol dudoso,
entre la niebla del espejo, un rostro.
Es la cara del muerto.
En tales trances,
dice, no ha de burlar al alma el hombre.
Y se mira a la cara:
deshielo de reflejos.No he sido Don Quijote,
no deshice ningún entuerto
(aunque a veces
me han apedreado los galeotes)
pero quiero,
como él, morir con los ojos abiertos.
Morir
sabiendo que morir es regresar
adonde no sabemos,
adonde,
sin esperanza, lo esperamos.
Morir
reconciliado con los tres tiempos
y las cinco direcciones,
el alma
-o lo que así llamamos-
vuelta una transparencia.
Pido
no la iluminación:
abrir los ojos,
mirar, tocar al mundo
con mirada de sol que se retira;
pido ser la quietud del vértigo,
la conciencia del tiempo
apenas lo que dura un parpadeo
del ánima sitiada;
pido
frente a la tos, el vómito, la mueca,
ser día despejado,
luz mojada
sobre tierra recién llovida
y que tu voz, mujer, sobre mi frente sea
el manso soliloquio de algún río;
pido ser breve centelleo,
repentina fijeza de un reflejo
sobre el oleaje de esa hora:
memoria y olvido,
al fin,
una misma claridad instantánea.
Octavio Paz
(https://hellopoetry.com/poem/1978988/ejercicio-preparatorio/
"La Sinfonía número 5 permitió una catarsis colectiva y su éxito fue creciendo gracias a la propaganda boca a boca. Eso inquietó a la dirección del Partido Comunista, que llegó a pensar que había una conspiración para exaltar a un músico que era considerado peligroso y hostil. Pero finalmente no sucedió nada. Tal vez porque Shostakovich ya era una figura internacional, Stalin decidió no tomar represalias (...) La número 5 es probablemente la mejor composición que salió del genio ruso, que, a pesar de todas las presiones, nunca quiso componer piezas para ajustarse a los cánones que le imponían desde arriba. Hay momentos de gran lirismo y de una grandiosa intensidad trágica que contrastan con pasajes en los que la percusión aplasta el sonido de las cuerdas. En el último movimiento, una brusca irrupción de los timbales rompe el tono intimista de la música (...) El compositor murió en 1975 como un héroe de la Unión Soviética. Gozaba de privilegios y disponía de todos los beneficios materiales de la cúpula comunista. Pero siempre estuvo vigilado y sus opiniones, cuidadosamentecensuradas. Se le obligaba a pronunciar discursos escritos por los ideólogos del régimen y carecía de libertad de movimientos. Su talento no fue suficiente para huir de la cárcel de oro en la que vivió sus últimos veinte años, cuando se convirtió en símbolo de un régimen que siempre odió"
Pedro G. Cuartango
("Iluminaciones", Círculo de Tiza, Esp.,2024: 72 s)
Fotografía: , Dmitri Shostakovich, tomda de: https://www.facebook.com/photo/?fbid=3854046184881451&set=g.1458344164427389
PARÁBOLAS A MITAD DE SEMANA
¿Qué falta de pensamiento te consume?
¿has andado? ¿has venido?
Tienes cara sonámbula de típico retrato
ver fotografías que siempre son de ayer
es igual a sentarse en un sillón de júbilo y tristeza
un balance que nunca sale bien
pero deja ternura
y remordimientos de reírse a solas
Busco en la decisión de la corriente
el porqué de alejarse y no hacer pozos
aunque retoñan árboles y saltan grillos
pero el mar llama ejerciendo su hechizo
sobre las aguas que apenas van naciendo.
El mar pone coto a todos los torrentes.
Ya basta de parábolas domésticas.
No sé cómo actúan en otros lugares
pero los parques y las plazas que he abordado
son agradables hasta que policías y ladrones desenvuelven sus mañas
-Menosprecian la vida sutil de ardillas, pájaros, hormigas y termitas-
puede que antes de eso te haya estafado un poco
alguno de los vendedores tradicionales
o te hayan recomendado una novela, una película
que resultaron bodrios porque cada quién tiene un gusto a su tamaño
y si no disfrutas algo de lo bueno que consigas
te morirás de aburrimiento
y aburrirse carece de nobleza
José Pulido (*)
(*) Este poema lo mostré una vez o dos veces. Ahora tiene la magnífica compañía de una fotografía de Carlos Ayesta.
Fuente:
https://www.facebook.com/photo/?fbid=10228463378390623&set=a.4673512116907
"Por un curioso error se ha censurado a Bolívar haber enviado tropas al Perú antes de recibir invitación alguna de Riva Agüero a ese efecto. Muchos lo han creído, y el loco de Don Simón Rodríguez llegó a escribir justificando la supuesta medida, pro no hubo tal cosa (...) Se trata de una mentira, acogida en el furor de las pasiones por enemigos de Bolívar Cuando la catástrofe de Alvarado se temió con razón, dentro y fuera del Perú, en una reacción de los antiguos godos, como La Mar, y la entrega de Lima y el Callao a los españoles. Alarmado Bolívar preparó sus tropas, las ofreció por tercera vez al Perú; angustiado por el peligro del paísindependiente pensó enviarlas, aún cuando no se las pidieran, si arreciaba el peligro, pero no mandó ni un soldado antes de recibir la invitación del gobierno de Rivas Agüero"
Vicente Lecuna
("Crónica razonada de las guerras de Bolívar. Formada sobre documentos, sin utilizar consejas ni versiones impropias. Conclusiones de acuerdo con hechos probados, y la naturaleza de las cosas". The Colonial Book, New York, segunda edición, 1960: Tomo III, 247).
"Mayo de 2022
Sonreí. Si no lo había pensado...
—¿Recuerdas que encontraron una coincidencia en mi ADN en los huesos del canciller López de Ayala, en Quejana, hace tres años, cuando investigábamos el caso de «Los señores del tiempo»? Soy un descendiente de los López de Ayala. No le hicimos la prueba al abuelo, pero dime, ¿cuántas posibilidades hay de que yo sea un descendiente de alguien que se apellide López de Ayala y no sea hijo y nieto de alguien que se apellida López de Ayala? No es un apellido común, de hecho, según el INE, solo hay ciento veintiocho López de Ayala en España. Y mi padre era hijo único, no cabe la posibilidad de que sea hijo de algún tío, como Jon Nieve"
Eva Sáenz de Urturi
("El libro negro de las horas", Planeta, Barcelona, 2022: 147)
Ilustración: Ganduz Aghayev.
Juan Evaristo Valls Boix
(“JOMO. El gusto de perder”, Anagrama, Barcelona,
2026: 45)
Ilustración: Albert Luisa.
“La utopía de una risa libre acompaña al
liberalismo político. La libertad de reírse de todo es como la de hablar de
todo, una conclusión lógica del rechazo a que alguien decida unilateral y
coercitivamente de qué no se puede reír, de qué hay que hablar, qué voces no
conviene que escuchemos. En esta utopía de una risa libre y con potencial dañoso
atenuado se ríe o no se ríe porque se quiere, no por miedo. Retomando la cita
de Wittgenstein, se diría que con esta universalización del derecho a reír de
lo que sea se recupera esa cosa más profunda e importante, el juego del
lenguaje humorístico que nadie controla de antemano.”
Daniel Gamper
(“De qué te ríes. Beneficios y estragos de la
broma”, Herder Editorial, 2024): 66)
Ilustración: Yue Minjun.
Estanislao Zuleta
("Elogio de la dificultad y otros ensayos", Biblioteca Básica de Cultura Colombiana, Bogotá, 2017: 73
Ilustración: Tomada de la red.
Luis Landero
("La última función", Tusquets Editores, Barcelona, 2024: 123)
Ilustración: Franck Gerard.
Ana Blandiana
("Proyectos de pasado", EoubLibre, 2008: 149)
Ilustración: Franck Gerard.
Richard
Flanagan
(“La
pregunta 7”, Libros del Asteroide, Barcelona, 2025: 149)
Ilustración: Iness Rychlik.
Kate Morton
("De vuelta a casa", Sea of Letters, 2023: 396)
Ilustración: August Macke.
Juan Manuel Granados Rojas
("La teología de la reconciliación en las cartas de san Pablo", Verbo Divino, Navarra, 2016: 17 s.)
Ilustración: Sabrina Bégin Tejeda.
Paolo Giordano
("Tasmania", Tusquets, Barcelona, 2023: 190)
Ilustración: Franck Gerard.
Fernando del Paso
(“Palinuro de México,
o la desmesura”, EpubLibre: 463)
Ilustración: Julia Croton.
Mary McCarthy
("El grupo", Impedimenta, Madrid, 2021: 281 s.)
Ilustración: Agim Sulaj.
"La verdad es que la caridad, con su altísima valencia moral, no resuelve por sí sola los problemas económicos de una nación. Para ser más precisos: de ninguna nación. Tenemos multitud de testimonios que corroboran esta idea. Para conseguirlo es imprescindible el trabajo, las inversiones, la competencia, los mercados abiertos. De esta manera, muchos países en los que la pobreza era un problema mayor, la atenuaron o acabaron con ella gracias a la creación de empleo, es decir, gracias a las inversiones, y a una expansión del trabajo que los libró del subdesarrollo y de la maldición de la pobreza. Es sólo una aclaración de pasada, algo que forma parte también de la crítica literaria"
Mario Vargas Llosa
("La mirada quieta (de Pérez Galdós)", Alfaguara, Barcelona, 2022: 217)
Gráfica: Tomada de la red.
DE LA POLÍTICA EXTERIOR EN EL MARCO DE UNA ESTATALIDAD PERDIDA Luis Barragán Demasiado evidente resulta ya la discapacidad creciente del...